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La tríada colombiana

La tríada colombiana

Colombia enfrenta en este momento tres grandes crisis que interactúan y se retroalimentan mutuamente

11 de junio 2021 , 09:25 p. m.

Colombia enfrenta en este momento tres grandes crisis que interactúan y se retroalimentan mutuamente: si una se agrava, arrastra a las otras dos. Esto es lo que podríamos llamar la tríada colombiana.

Comencemos por la pandemia. En el último mes y medio se han registrado, en promedio, 500 muertes por día –una cifra que, en proporción al tamaño de la población, es tres veces lo que tuvo India en su peor momento–. Pese a que no hay UCI disponibles, se ha tratado de reabrir la economía a marchas forzadas. La única manera de resolver este contrasentido es acelerar la vacunación, máxime ahora que el G7 anunció que pondrá a disposición del resto del mundo mil millones de nuevas dosis. El Gobierno debe ponerse una meta ambiciosa: tener vacunado el 60 % de la población en septiembre. Vamos en 24,2 %.

La segunda crisis es el estallido social, vinculado a la falta de empleos y la caída de los ingresos. Es equivocado pensar que el movimiento ha perdido legitimidad debido a que las organizaciones criminales lo han convertido en un foco de vandalismo y violencia, y a que el sindicalismo tradicional –más interesado en las elecciones de 2022 que en resolver los problemas de los jóvenes en la calle– terminó apropiándose de su vocería. Los problemas sociales siguen latentes: hay una aguda crisis de oportunidades para los jóvenes –una crisis que es urgente resolver–.

La tercera crisis es la de gobernabilidad. Una de sus expresiones más evidentes es la falta de capacidad fiscal. El déficit y la deuda son ya peligrosamente elevados, lo cual restringe las posibilidades que tiene el Estado para resolver los problemas sociales y económicos. A eso hay que sumar la desconfianza que genera la falta de sostenibilidad fiscal entre los inversionistas que tienen sus capitales en el país. Pero este es apenas un síntoma de un síndrome más profundo: la política colombiana está marcada por egos y resentimientos que impiden el diálogo y la construcción de consensos en el momento en el que más se necesitan. El país requiere nuevos liderazgos, que le permitan a la sociedad ponerse de acuerdo dentro del desacuerdo.

Hay también una dimensión territorial: la gobernabilidad del Estado colombiano termina mucho antes de llegar a nuestras fronteras, donde impera la ilegalidad que amenaza a todo un país. Esas son las fuerzas que –impulsadas por el narcotráfico– hoy tratan de aprovechar las circunstancias para incendiar juzgados y debilitar las fuerzas de seguridad. La solución definitiva consiste en garantizar el control de todo el territorio mediante una estrategia ambiciosa de desarrollo en regiones enteras del país en las que no hay Estado y, por lo tanto, no hay gobernabilidad.

Esta es la tríada colombiana: covid, explosión social y crisis de gobernabilidad. No faltará quien se vea tentado a atribuirle estos problemas al régimen venezolano o a los cultivos ilícitos. Estos son amplificadores –sin duda–, pero no son las causas fundamentales. Si nos equivocamos en el diagnóstico, nos equivocaremos en la solución.

También debemos ser escépticos frente a las soluciones mágicas: imprimir billetes para darles un salario a millones de colombianos puede mejorar los síntomas del paciente por un instante, pero las condiciones van a empeorar rápidamente: aparecerían nuevos problemas, como la inflación, la salida de capitales y la devaluación, con sus efectos negativos sobre la inversión y el empleo.

Para resolver la tríada colombiana se requieren método y principios. ¿Por dónde comenzar? Lo primero es ir a la raíz de los problemas –ahí, la generación de empleo debe ser la prioridad–. Lo segundo es reducir la desigualdad, entre personas y entre regiones, lo cual exige replantear la acción del Estado. Lo tercero, requisito para lo anterior, es renovar la política y construir nuevos liderazgos. Si no se hace esto, el país que hoy no se siente representado por nadie acabará en las manos del caudillo de turno, hasta que las promesas incumplibles se conviertan en fuente de nuevas y mayores frustraciones.

Mauricio Cárdenas@MauricioCard

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