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El sistema falló

El sistema falló

Fracasamos en protegernos de esta devastadora pandemia que era previsible y, sobre todo, evitable.

14 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

No obstante el esfuerzo de millones de personas que trabajan sin descanso arriesgando sus vidas y que han evitado un colapso aún peor del que vivimos, el covid-19 nos enfrenta con una incómoda realidad: fracasamos en protegernos de esta devastadora pandemia que era previsible y, sobre todo, evitable.
A diferencia de lo que ocurría en el pasado, hoy por hoy, las pandemias son opcionales.

Con el objetivo de entender qué fue lo que falló y qué hacer para detener la pandemia de inmediato, durante los últimos ocho meses formé parte de un Panel Independiente, creado por la OMS, que analizó en detalle lo sucedido en todo el mundo y entrevistó a cientos de expertos. El resultado de ese trabajo es un completo informe publicado esta semana.

Una de las principales conclusiones es que el punto de inflexión fue febrero de 2020, un mes literalmente perdido en el que el Sars-CoV-2 pudo haberse contenido. Pese a que ya había sido declarada –con algo de retraso– la emergencia de salud pública de interés internacional, los países optaron por “esperar y ver”. Algunos no sabían qué hacer. Otros no quisieron hacer nada. Cuando las camas de los hospitales comenzaron a llenarse, ya era demasiado tarde.

Esta ha sido también la pandemia de las desigualdades. Ha afectado en mayor medida a las personas con menor protección social. Hoy, el mundo avanza a dos velocidades: la de los países de altos ingresos, que tienen suficientes vacunas para cubrir a su población dos veces, y la de los países como el nuestro, que no las tienen. Algo anda muy mal en un mundo que ve que la disponibilidad de vacunas en las economías ricas se ha convertido en una oportunidad para atraer turistas, mientras el resto de la humanidad lucha por detener la pandemia.

Uno de los llamados más urgentes del Panel es que los países de altos ingresos se comprometan a aportar mil millones de dosis de vacunas que tienen en exceso de aquí a septiembre de 2021. De lo contrario, el mecanismo Covax –donde Colombia compró 20 millones, de las cuales solo han llegado 1’273.800– seguirá siendo una fuente de frustraciones.

También instamos a los principales países productores de vacunas y a los fabricantes a que, en un plazo de tres meses, acuerden la concesión voluntaria de licencias y la transferencia de tecnología para iniciar su producción en países como el nuestro. De no hacerlo, debería entrar en vigencia inmediatamente una exención de los derechos de propiedad intelectual.

Pero más allá de tomar las medidas necesarias para terminar lo antes posible con la crisis actual, hay que asegurar que esta sea la última pandemia.

Se debe establecer un Consejo Mundial, integrado por jefes de Estado, para tomar las decisiones estratégicas en relación con las amenazas globales contra la salud. Este consejo debe liderar el fortalecimiento de la autoridad de la OMS y su independencia financiera, mediante un aumento significativo de las contribuciones de los Estados miembros. La OMS no puede seguir financiándose con las donaciones que van amarradas a gastos específicos.

Así como se hizo después de la tragedia de Chernóbil en el campo de la energía nuclear, la OMS debe establecer un nuevo sistema global de vigilancia epidemiológica, basado en la transparencia total de todas las partes; ser más ágil y contundente para declarar emergencias de salud pública internacional, investigar rápidamente patógenos con potencial pandémico contando con acceso inmediato a los sitios pertinentes; garantizar que todos los gobiernos nacionales actualicen sus planes nacionales de preparación en función de las pautas que establezca. El Consejo también debe liderar la creación de un mecanismo internacional de financiación de pandemias que comprometa contribuciones a largo plazo de todos los países.

También proponemos que, en sus evaluaciones periódicas, el FMI analice qué tan bien preparados se encuentran los países para enfrentar choques de esta naturaleza, incluyendo la capacidad de respuesta de la política económica.

El mundo está lleno de informes sobre crisis sanitarias anteriores –Sars, Mers, H1N1, ébola–, y todos ellos han sido ignorados. Esperemos, por el bien de la humanidad, que esta vez la historia sea diferente.

Mauricio Cárdenas

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