‘El sendero de la anaconda’

‘El sendero de la anaconda’

Está clara la intención de Angulo de mostrar admiración y agradecimiento a las comunidades indígenas

12 de julio 2019 , 08:02 p.m.

El sendero de la anaconda, con guion y dirección de Alessandro Angulo, es el documental de largometraje más visto en Colombia. Los comentaristas han destacado las excelsitudes geográficas, antropológicas y medioambientales de buena parte de un territorio paradisíaco, exótico y prácticamente desconocido. El título se refiere al corredor ecológico que va desde los Andes hasta el Atlántico, atravesando todo el norte de la Amazonia colombiana, una de las seis zonas naturales en que está dividido el país.

La película muestra el parque nacional de Chiribiquete, con sus misteriosas pictografías; el majestuoso río Apaporis, de aguas cristalinas, y la vida de las tribus que lo circundan, que, además de su propia lengua, hablan español y suelen entender las lenguas nativas que hablan sus coterráneos vecinos.

Aparece clara la intención de Angulo de mostrar la admiración y el agradecimiento a las comunidades indígenas por lo que, desde sus saberes ancestrales, han hecho para cuidar su territorio y defender su cultura milenaria.

Se sugiere, valiéndose de la belleza de las imágenes, la necesidad de preservar y enaltecer tanto la región como a sus habitantes, que viven en comunidades que lo tienen todo asegurado: aire limpio, alimento sano, agua pura y plantas medicinales que les dan su bienestar. Así mantienen sus culturas, creencias y visiones del mundo.

La película muestra el parque nacional de Chiribiquete, con sus misteriosas pictografías; el majestuoso río Apaporis, de aguas cristalinas, y la vida de las tribus que lo circundan

En esta película se descubre otra Colombia que no conocemos, y que bien puede coexistir con aquella que nos es familiar. Eso es lo que nos proponen Wade Davis, extraordinario narrador, autor del libro El río (sobre el botánico y explorador del Amazonas y sus afluentes Richard Evans Schultes), acompañado por el antropólogo Martin von Hildebrand, que lleva 40 años caminando la Amazonia y conviviendo con sus nativos. El paisaje y estos dos traductores occidentales de la selva amazónica son los protagonistas del documental, junto con Sonia, la indígena que presenta los puntos de vista femeninos de sus comunidades.

Los tres nos dejan con una preocupación manifiesta sobre el momento político y social que vive Colombia. La amenaza de una explotación comercial está latente, y sus habitantes luchan por que no se concreten empresas –legales o ilegales– ni haya presiones del mundo globalizado que llevarían a la ruina estas maravillas naturales. Esto ya ha sucedido en el Putumayo. Sueñan con un turismo bien regulado como fuente de bienestar para la zona y de ingresos para el país.

Son muchos los méritos por resaltar frente a una expresión estética del séptimo arte tan bien lograda, que ojalá sea doblada al español para ampliar su difusión.

Aplausos para Caracol Televisión, que, siendo un canal abierto –no de cable–, con franjas concentradas en telenovelas, noticias, deportes y realities, asume un alto riesgo financiero al fomentar expresiones culturales de este género. ¡Que ojalá siga en el empeño de producir relatos nacionales en torno a la naturaleza! Con ellos se hace arte, y se propician sentimientos de orgullo sobre otras maneras de ser colombianos.

Más aplausos para el juego de armonías entre la naturaleza que se ve y lo que se escucha. La obra sinfónica está compuesta a propósito para la película por Alejandro Ramírez –un joven compositor y músico colombiano– y es interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bratislava, que él mismo dirige.

La música es tan poética como la fotografía. Un clímax sonoro y visual ensalza el espíritu en el momento final de la película. En el paraje llamado El Estadio, una especie de gigantesca catedral de piedra, tanto la exaltación de la imagen como la del sonido creciente en intensidad armónica y volumen nos van llevando poco a poco hasta llegar a las lágrimas. Sí, porque este documental hace llorar, llorar de emoción por su belleza.

¡No se lo pierdan!

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