Transparencia y confianza

Transparencia y confianza

Si algún legado urge dejarle a Colombia, es la confianza de los colombianos en las instituciones.

15 de enero 2020 , 07:07 p.m.

Cuando asumimos, acordamos con el presidente Iván Duque lograr un gobierno eficiente y transparente que permitiera recuperar la confianza ciudadana en lo público.

Trasladamos la Secretaría de Transparencia a la Vicepresidencia y venimos construyendo y profundizando sobre lo que encontramos, pero también agregando elementos de política orientados a la prevención, más que solo sanciones a los corruptos.

Iniciando el gobierno hubo excesivos proyectos de ley en esta materia como consecuencia del acuerdo político liderado por el Presidente, después del referendo anticorrupción, y por ello el proyecto del grupo ciudadano Por una Colombia Honesta y Fuerte, anunciado al país antes de la consulta presidencial, quedó en la banca, esperando un segundo turno, no obstante contener iniciativas importantes como el bloque de búsqueda contra los corruptos, denunciantes sin rostro para proteger identidad de quienes se atreven a denunciar, publicidad de la declaración de renta de los funcionarios y sus familiares más cercanos para evitar testaferrato, extinción de dominio a corruptos por iniciativa de cualquier ente de control y otras iniciativas, hoy parcialmente recogidas en el proyecto Pedro Pascasio Martínez, que esperamos que se convierta en ley este año.

Necesitamos más formación ciudadana en lo público para ejercer un control serio y evitar que el populismo siga vendiendo a los jóvenes y a la sociedad la idea de que todo lo público es corrupto

Más allá de las normas para prevenir y sancionar la corrupción, Colombia necesita desarrollar un verdadero cambio cultural de respeto al otro, a la palabra empeñada, a los contratos, a las leyes y a lo ajeno; especialmente, una cultura de cuidado y respeto por los recursos públicos.

Nuestro país debe sembrar conciencia en nuestros niños y en los adultos sobre el valor de los bienes que se producen con el esfuerzo de una sociedad, a veces durante varias generaciones, independientemente de si se producen en lo público o por los empresarios. Evitar que se destruya riqueza, o que los bienes públicos vayan abusivamente a bolsillos privados, debe ser prioridad para todos. No es cierto que no haya dolientes de la destrucción vandálica de activos de uso público, o de la propiedad privada. No es cierto que hacer fraude dejando de pagar el transporte público en TransMilenio, o destruyendo vidrieras del comercio, cafeterías, cines u otros lugares públicos, no tenga dolientes. Siempre hay alguien que, con su trabajo y la oferta de bienes o servicios a la sociedad, generó esa riqueza, y cuando esa riqueza se destruye, los dolientes somos todos y se retrasa el país, desestimulando la inversión.

El respeto por la riqueza pública y privada de una sociedad viene de la mano con la cultura de la integridad que desde el Gobierno Nacional y a través de la Secretaría de Transparencia adelantamos para articular el esfuerzo público-privado de todas las entidades, evitar cartas debajo de la mesa, abusos de poder, decisiones rodeadas de opacidad, conflictos de intereses sin revelar y acabar la tolerancia a la riqueza privada mal habida. Si algún legado urge dejarle a Colombia, es la confianza de los colombianos en las instituciones y entre nosotros como sociedad.

Existen innumerables herramientas tecnológicas para informar la ejecución del gasto público, hacer trazabilidad de contratistas e implementar alertas tempranas, pero no todo está en la tecnología. Necesitamos más formación ciudadana en lo público para ejercer un control serio y exigente y evitar que el populismo siga vendiendo a los jóvenes y a la sociedad la idea de que todo lo público es corrupto, que los empresarios logran su éxito explotando trabajadores y que el país puede progresar sin que todos trabajemos y aportemos.

Nuestra sociedad merece el progreso colectivo y necesita con urgencia construir el activo social más valioso: la confianza. Ello depende de fortalecer instituciones, exigir más y mejor justicia y formar una ciudadanía que no trague entero, que participe construyendo nuestras mejores posibilidades, que son ciertas y grandes, para convertir a Colombia en una potencia en América Latina.

* Vicepresidenta de la República

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