El valor de un piso digno

El valor de un piso digno

Es el momento de conseguir resultados en ese propósito global de erradicación de la pobreza.

01 de abril 2019 , 07:00 p.m.

Reemplazar un piso de tierra por uno de cemento podría parecer una simple acción; sin embargo, es una labor que cobra valor si se consideran variables como la relevancia que tiene la vivienda digna y el acceso a servicios básicos, en la búsqueda de la erradicación de la pobreza –uno de los mayores compromisos que adquirimos como sociedad al iniciar este milenio–.

De acuerdo con Prosperidad Social, organismo del Gobierno Nacional que fija las políticas y estrategias para la superación de la pobreza, en Colombia existen dos indicadores para la medición de ese indicador: la pobreza monetaria, que mide el número de personas con ingresos inferiores a los necesarios para cubrir sus necesidades básicas; y la pobreza multidimensional, que mide el número de hogares con privaciones básicas, tales como las condiciones de habitabilidad.

Un piso digno, de cemento, es una señal de desarrollo, pero también de salud y bienestar.

En el caso de Colombia, y solo por mencionar el dato de zonas urbanas, son cerca de 4 millones de personas (10 por ciento de la población nacional) las que habitan en condiciones inadecuadas de vivienda. La cifra es preocupante y debe inspirarnos a pensar en alternativas que lleven a nuestro país a una posición cada vez más favorable frente a la erradicación de ese fenómeno.

De ahí que, desde Cemex, estemos trabajando de la mano de Prosperidad Social y con el Ministerio de Vivienda para empezar a implementar ‘Piso digno’, una iniciativa de valor compartido que, a través de sus aliados, facilita la adquisición de los materiales y otros elementos necesarios para remplazar el piso de tierra de las casas por suelos nivelados de cemento, tanto para familias que viven en zonas urbanas como en rurales dispersas, y que se encuentran en situación de pobreza extrema.

Si bien el proceso de sustitución cuenta con nuestra garantía y supervisión técnica, son las familias las responsables y las protagonistas de su propio desarrollo, pues tienen una activa participación en la elaboración de mezcla y en la instalación del nuevo piso para sus viviendas.

La prueba piloto del programa, realizada el año pasado en San Luis (Tolima) para 10 familias de la comunidad vecina a nuestra planta principal Caracolito, tuvo resultados muy favorables y, gracias a esto, hoy estamos trabajando con entidades públicas, administraciones locales y otros aliados para expandir la iniciativa a otras zonas del país y contribuir así a la meta del Gobierno Nacional de lograr 600.000 mejoramientos de vivienda en Colombia.

En México, por ejemplo, ya llevamos más de 22 años trabajando de la mano del Gobierno en la implementación del programa y se han conseguido sustituir 30 millones de metros de pisos de tierra por pisos de cemento para beneficio de aproximadamente 2 millones de familias. Por eso, consideramos viable trasladar la experiencia a Colombia y apuntar a resultados igualmente positivos.

Por supuesto, la vivienda es solo una de las dimensiones para medir el nivel de vida de los colombianos, pero saber que somos muchas manos trabajando juntas por un mismo propósito es gratificante. Un piso digno, de cemento, es una señal de desarrollo, pero también de salud y bienestar, sobre todo si se tiene en cuenta su impacto en la reducción del riesgo de contraer enfermedades respiratorias y gastrointestinales –especialmente en niños–.

Este es el momento para fortalecer nuestra integración entre sector público y privado, y de conseguir resultados en ese propósito global de erradicación de la pobreza, cuyo costo, en realidad, es poco comparado con el beneficio invaluable que tiene apoyar la transformación de la vida de las personas y con ello, propiciar las condiciones para cerrar brechas, lograr una mayor equidad y, con ello, el desarrollo que como sociedad merecemos.

*Vicepresidente Regional de Asuntos Corporativos de Cemex

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