Una semana sui géneris

Una semana sui géneris

Unos creían que las decisiones del Comité del Paro serían las que seguirán gobernando en adelante.

01 de diciembre 2019 , 01:18 a.m.

El paro nacional, como sospechábamos muchos, no tenía planeado tomarse solo un día de expresión de anhelos, de descontento, de hastío, de rebeldía y de propuestas de cambio. Nació cargado de una vocación de prolongarse en el tiempo, para retar, mediante una distorsión conceptual profunda acerca de cómo funciona nuestra democracia, ese poder que ejercen los órganos que en Colombia están legitimados para hacerlo, vía el voto democrático o vía las decisiones del Poder Judicial.

Desde hace ya más de una semana, un grupo de ciudadanos vienen reclamando a la autoridad el cumplimiento de sus peticiones, las cuales pretende imponer de acuerdo con su impulso y su deseo.

Es decir, las multitudes que se manifiestan no están sirviendo propiamente como puentes de opinión válidos, manteniéndose sobre los cauces democráticos. No están dispuestas a aceptar que el Presidente se niegue a plegarse a su voluntad, a la que consideran superior a la voluntad del Gobierno, nadie ha podido explicar bien por qué.

Originalmente estaban concebidas como expresiones ciudadanas legítimas, que la Constitución concede como un derecho; cuando esos ciudadanos salen a la calle adquieren la calidad de solicitantes en ejercicio de derechos individuales o colectivos, pero de ninguna manera se constituyen en poderes cuyas decisiones estén llamadas a convertirse obligatoriamente en acciones del Estado. La ciudadanía está protestando y canalizando su protesta a través de derechos de petición, en cumplimiento de procesos institucionales; pero carece de la autoridad de adjudicar actos de obligatorio cumplimiento al Gobierno. Vaya a saber uno si eso es lo que entiende el Comité Nacional del Paro cuando asegura que “el diálogo debe ser incluyente, democrático y eficaz”. Se puede protestar, se puede proponer, se puede discutir, pero no pueden pretender que su voluntad sea equivalente a la autoridad del gobernante, de la que carecen porque ella pertenece a los órganos del Estado, de acuerdo con el diseño de la Constitución. El Gobierno puede aceptar diálogos con ellos, que sean compatibles con no traicionar la democracia y el Estado de derecho.

Me parece que, por lo menos hasta el viernes, atravesábamos un momento de terrible confusión cuando unos creían que las decisiones del Comité del Paro serían las que seguirán gobernando en adelante a Colombia, como llegó a confirmarlo el arúspice gobernador de Nariño, Camilo Romero, según dijo en las redes: “Ya el poder, como lo conocemos en Colombia, llegó a su punto final”.

Los diálogos entre Gobierno y marchantes seguramente comenzarán a languidecer en las vísperas navideñas. Pero eso no significa que no volverá a llegar enero con toda su alegría, reviviendo probablemente esta agitación popular que no pinta tener una pronta solución.

Entonces, el Gobierno debería invertir las vacaciones en sacudirse de encima lo urgente, que le está impidiendo ser más eficaz. Haré una enumeración corta por razones de espacio, sin que esto impida que vuelva a ello en próxima columna.

1) El Presidente se está aislando. Un mandatario que le entregue su agenda a una sola persona y se encierre con esta a tomar las decisiones es un presidente que cada día oirá menos y desde más lejos.

2) El Presidente permitió que se le dividiera su partido de gobierno. Es el peor momento para que, desde el Centro Democrático, el expresidente Uribe admita que tiene con Duque una relación escasa, no frecuente, y muy institucional. Lo ideal sería que Uribe admitiera sus diferencias con el Presidente y aceptara dar consejos, pero no imponerlos.

3) El Presidente tiene que reconocer que su política internacional está haciendo aceite. Seguramente para limpiar su expresión de “desastre” que utilizó en conversación privada con el embajador Santos, contra el excanciller Trujillo, la nueva canciller, de monumental cabellera azabache, se explayó demasiado en elogios a su antecesor, cuando lo que tiene que hacer es dar un timonazo en materia de Venezuela, Cuba y el Eln, porque por donde vamos no es.

4) Y antes del 16, como sea posible, el Gobierno tiene que dejar aprobada en el Congreso la ley de financiamiento, la única que puede salvar el crecimiento económico proyectado y conservar las notas de las calificadoras de riesgo.

Con esos cuatro punticos arreglados durante las vacaciones navideñas, tendrá más aire para enfrentar lo que nos traerá enero.

Entre tanto... Y también podemos usar las vacaciones para reflexionar sobre el papel de los medios, los gremios, los profesores y los jueces ante esta agitación callejera.

MARÍA ISABEL RUEDA

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