Regresa Santos al ruedo

Regresa Santos al ruedo

Si es que alguna vez se había retirado, el expresidente regresa a donde dijo que no volvería.

14 de noviembre 2020 , 09:30 p. m.

Si es que alguna vez se había retirado, digo yo, regresa el expresidente Santos a la política nacional, a donde dijo que no volvería a perturbar. Pero los sucesos de esta última semana, indudablemente, lo volvieron a meter en el torbellino.

Para comenzar, de manera sorpresiva, esta semana el prestigioso diario The New York Times (NYT) incluyó a Santos entre los premios Nobel de paz cuyos reconocimientos están siendo actualmente cuestionados. Sostiene que el de Santos no era un verdadero acuerdo de paz. Aunque le reconocen “su decisión de poner fin a la guerra civil de más de 50 años en el país”, afirman que el Nobel fue anunciado solo días después de un referendo perdido, “una vergüenza para Santos”, dice el NYT. “El acuerdo de paz fue impulsado por el Congreso, pero los recientes acontecimientos indican que el país está otra vez ascendiendo al conflicto”. Y añade: “Por lo menos seis veces en recientes décadas, el comité noruego admite haber otorgado los premios Nobel a personas cuyas acciones y comportamiento –antes o después de recibir este honor– se han visto como inmerecidas, y en algunos casos hasta absurdas. Pues el Nobel de Santos Juan Manuel se menciona como uno de los seis ejemplos.

Quizás por ello su interés en regresar a la arena política, que el premio Nobel le ha permitido combinar entre lo nacional y lo internacional.

Recientemente, por ejemplo, se metió con las relaciones entre Colombia y EE. UU. Me remito textualmente al resumen publicado por EL TIEMPO sobre el episodio: según Santos, “hay un estratega, contratista del pentágono, que les ha ayudado mucho a los pasados gobiernos (de Colombia. Efectivamente, fuentes diplomáticas colombianas me dicen que el contrato no le fue renovado hace algunos meses). A continuación dice Santos: “A esa persona la llamó el embajador (Pacho Santos) y le preguntó cómo podía ayudar a Trump”, e incluso se planteó la posibilidad de que Duque viajara a EE. UU. para reforzar la Florida, lo cual nunca ocurrió. Ante esta información, el expresidente Santos dice que se la comunicó de inmediato a Anthony Blinken, asesor de la campaña de Joe Biden. Y luego Santos pidió la cabeza de su primo, por considerar que esta injerencia sí podría tener consecuencias en las relaciones con EE. UU., fruto de su propia ‘sapeada’.

Santos Juan Manuel fue depositario de una información privada que tenía como fuente a su primo, el embajador Santos. Si la consideraba tan peligrosa para el país, ¿por qué no recurrió directamente, como lo obliga su lealtad de expresidente, a comunicársela a Iván Duque, presidente del Gobierno del país al que sirvió? No. Se la llevó a la campaña de quien eventualmente podía ganar, como sucedió, las elecciones en EE. UU., sembrando esa cizaña. A mí eso me parece que bordea la traición a la patria.

Con el sorprendente resultado de que el embajador Santos resolvió demandar a su primo, el expresidente, por calumnia e injuria. Y al haberse identificado al supuesto asesor del Pentágono como John Rendon, este, en incomprensible carta, amenaza al embajador Pacho Santos con que, si insiste en una demanda que por cierto no es contra el asesor Rendon, sino contra el expresidente, es decir, una demanda entre primos hermanos, el asesor o contratista indica que “podría alterar las relaciones entre EE. UU. y Colombia”.

¿Por qué un asesor del Pentágono amenaza con ruptura de relaciones por el hecho de que el primo Pacho Santos resuelva demandar al primo Juan Manuel Santos? Un misterio.

Por último, está el episodio de las confesiones de las Farc, para quienes supuestamente se creó un tribunal de justicia transicional, la JEP, para recibir de ellas verdad para las víctimas. Pues para entregar esa verdad resuelven escoger al expresidente Santos para contarle “en exclusiva” que ellas fueron las autoras de los dos atentados contra el exvicepresidente Germán Vargas, como premio por la infinita gratitud que le tienen.

Santos no es juez. Ni es la víctima. Ni le contaron la verdad verdadera. Vargas tuvo la gallardía de perdonar una versión de la que le mandaron razón a la topa tolondra. Pero las Farc le deben una gran verdad al país acerca de esos dos atentados, donde pudo estar metido personal del entonces DAS, Ejército o Policía. Que sea Santos el receptor de esta verdad, “en gratitud”, nos deja preguntándonos: ¿y qué es lo que las Farc le deben a Santos que se sienten tan urgidas de pagarle? ¿Será que les regaló el proceso de paz?

Entre tanto... ¿O será que Santos está acallando las preocupaciones de The New York Times acerca de los premios Nobel, que supuestamente seis de los premiados vivos deberían devolver, induciendo que a él le contaran una verdad que más parece fruto no de la JEP, sino del chantaje de sus excompañeros disidentes de las Farc?

MARÍA ISABEL RUEDA

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