Reflexiones de Bobadilla

Reflexiones de Bobadilla

Caso Santrich debió ser ejemplarizante para establecer diferencias entre militancia y reincidencia.

19 de mayo 2019 , 01:20 a.m.

A la hora de enviar esta columna a EL TIEMPO (viernes, 6 p. m.), es incierta la suerte de Jesús Santrich. Pero al (hoy) exfiscal Néstor Humberto Martínez se le estaba acabando el oxígeno en el cargo. Por diversas razones iban tras su cabeza. Se le presentó la oportunidad de irse ante la decisión de la JEP de no extraditar a Santrich y soltarlo, que Martínez tuvo la dignidad de no firmar por las profundas convicciones acerca de que la extradición sí procedía.

Algunos alegarán que ese anciano ciego es “inofensivo”. Pero es que no se trata solamente de la persona de Seuxis Paucias Hernández narcotraficando, poquito o mucho. Sino de que el caso Santrich debió ser ejemplarizante para establecer claramente las diferencias entre militancia y reincidencia de los excombatientes. La JEP no lo permitió. Y quienes estén esperanzados en la apelación que presentará el Procurador, les anuncio que ya escucharán la discusión eterna de si la prueba del video con audio puede ser incorporada en esta segunda instancia, porque alegarán que en el derecho penal no se pueden decretar nuevas pruebas en esta etapa.

Si el magistrado ponente de la JEP, doctor Jesús Bobadilla, tuvo que salir a explicar por todas partes el fallo es porque el fallo es inexplicable. El doctor Antonio Rocha Alvira nos enseñó a los rosaristas que los fallos no hay que explicarlos. Se explican por sí solos. Este no. En cambio, los salvamentos de voto de dos valientes magistradas, las doctoras López y Rodríguez, en una votación de tres contra dos (precaria mayoría para respaldar la decisión de soltar a Santrich), esos sí que se explican solos. Según las magistradas, “la mayoría (de la sala) desnaturalizó la garantía de no extradición. Ejerció de manera deficiente sus obligaciones probatorias; decretó la ilicitud de algunas pruebas y compulsó copias a ciertos funcionarios de la Fiscalía, con una justificación probatoria y argumentativa deficiente; y concedió la garantía por unas conductas asociadas al narcotráfico puro y simple, que no son de competencia de la JEP”. Y terminan diciendo que la sección de revisión que expidió el fallo no tiene facultad para dejar en libertad a Santrich, porque la restricción o el restablecimiento de ese derecho “es una facultad exclusiva de la Fiscalía”.

Según estas opiniones, es más que evidente que el caso Santrich nunca debió ir a la JEP, sino una vez capturado, debieron enviar su caso a la Corte Suprema, a la que le hubiera correspondido establecer algo que el propio Santrich reconoció: que el 2 de noviembre de 2017 se dio el encuentro registrado en el video sobre un supuesto acuerdo para la exportación de la droga, un año después de que los acuerdos de La Habana-Colón le prohibían seguir en esas andanzas.

Y, a propósito: ¿por qué no actúan entonces la Fiscalía y la Corte, si el magistrado Bobadilla dice expresamente que “si estos órganos llegan a determinar que los hechos fueron después de la firma de la paz, deben ser los que actúen”? Esto sería absolutamente viable después de que se resuelva la apelación.

Lo cierto es que el fallo de la JEP atenta contra el principio de la buena fe entre los Estados, y no es una cuestión de nacionalismos, sino de derecho penal internacional. Cuando la conducta invade varias jurisdicciones, tiene prevalencia la jurisdicción del Estado donde se iba a cometer el delito, EE. UU., sobre la de Colombia, donde simplemente se ideó y se puso en marcha. Pero los dos países pueden hacer valer sus jurisdicciones, y negada como ha sido la solicitud de extradición de Santrich, debe Colombia emprender la persecución del hecho y juzgarlo.

¿Perdió la JEP la mejor ocasión de legitimarse en la crisis en la que ha estado desde su creación?

Y, como consecuencia de todo este desplante a EE. UU., no es improbable que se nos venga la descertificación. Pasó lo que pasó con que a dos magistrados les quitaran las visas. ¿Qué puede reclamar un país al que lo regresan, por una equivocada decisión judicial, a la lista de los países desconfiables para EE. UU.? Los negocios comenzarán a dañarse. El turismo volverá a contraerse. Y las visas para los de a pie comenzarán a escasear.

Y lo que parece inverosímil es que Bobadilla y sus compañeros todavía insistan en que todo esto se hace en nombre de las víctimas...

Entre tanto… Increíble que el profesor Mockus esté invocando una tutela contra una sala especializada del Consejo de Estado, y que por cuenta de ello esté chupando Congreso.

MARÍA ISABEL RUEDA

Sal de la rutina

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