¿Qué regalan en la JEP?

¿Qué regalan en la JEP?

JEP quedó con la capacidad de “escoger” sus procesos beneficiando los peores crímenes de corrupción.

17 de mayo 2020 , 01:06 a.m.

Dichosos los días en los que las discusiones en torno a la JEP se circunscribían a si convenía crear una justicia especial que, a cambio de la verdad, fuera extremadamente benevolente con las Farc.

¿Qué nos íbamos a imaginar que luego de dos años de funcionamiento estaríamos discutiendo la tal benevolencia, ya no solo a favor de las Farc, sino hacia los autores de los peores crímenes de corrupción cometidos contra la administración de justicia, como fue la compra de la Corte que hicieron los del ‘cartel de la toga’? Finalmente, la JEP quedó dotada de la capacidad de “escoger” sus procesos, acomodándolos a que directa o indirectamente se relacionen con el conflicto, y arrebatándoselos así a la justicia ordinaria, que a muchos de ellos ya los tenía condenados y presos, o mínimo presos y sometidos a juicio.

La confirmación de que este fenómeno está ocurriendo es que los únicos que no hacen cola ante la JEP son las Farc, que están en que la vida es playa, porque lo de ellos va a pasito tun tun. Del resto, las colas de gente pidiendo entrar a la JEP lo hace pensar a uno que allá están regalando plata, dulces, mercados o algo. Pues lo que están regalando son boletas hacia la libertad, a cambio de que el interesado ofrezca alguna verdad que le haga cosquillas a la JEP.

Recientemente han aspirado a la JEP Álvaro Ash-ton, hoy libre, y Musa Besaile, cuyos casos han sido acomodados, y lo digo mal, han sido más bien embutidos, a la fuerza, en el fólder de quienes cometieron delitos que directa o indirectamente tuvieron que ver con el conflicto.

Tanto a Ashton como a Besaile se los acusa de comprar a los magistrados de la Corte para ocultar sus delitos. ¿Cuáles? Muchos. Uno de ellos, tratar con paramilitares. Pero también se los acusa de peculado, de cohecho y de graves faltas contra el patrimonio público. Pero el delito madre sigue siendo haber comprado a la Corte. Para forzar esta supuesta relación con el conflicto, utilizan un concepto absolutamente original de la JEP, el de la “baja intensidad”, para explicar que el delito sí pertenece a su jurisdicción, porque así no sea tan evidente, y si compraron magistrados, fue para ocultar sus nexos con los ‘paras’. De manera que la gravedad de esa compra de la Corte se vuelve relativa.

Lo de Salvador Arana, exgobernador de Sucre, y con nexos con el paramilitarismo, por lo cual fue condenado a 40 años por la Corte Suprema, también se lo llevaron para la JEP con la disculpa de que tenía que ver con el conflicto. Pero él ya estaba condenado en Justicia y Paz. Mientras tanto, las Farc, para quienes realmente se creó esa justicia especial, abanicándose, por cuenta de que la JEP anda atendiendo las colas que están haciendo los de “baja intensidad” a ver si la JEP los favorece con un poquito de su benevolencia, con rebajas o con libertades exprés. Y esta es la hora en que no hay una sola investigación formal contra miembros de las Farc, al punto de que frente a sus delitos no se han expedido resoluciones de conclusión.

Este nuevo fenómeno de las colas de aspirantes a la JEP es el más reciente capítulo de otras de sus aberraciones. Como la de que a Seuxis Pausias Hernández, alias Jesús Santrich, le concedieron la garantía de no extradición por falta de pruebas. Fueron insuficientes videos, grabaciones, agentes infiltrados, sobrinos soplones y hasta dedicatorias dibujadas a los capos del cartel de Sinaloa. Y le ordenaron a la Fiscalía disponer su libertad inmediata. La justicia de la JEP para las Farc devolvió a Santrich al monte a delinquir. ¿Y qué tal lo de la secretaria ejecutiva de la JEP Marta Lucía Zamora, quien apareció grabada, cuadrando con una subalterna las disculpas para que no se notara que ‘Iván Márquez’, el ‘Paisa’ y ‘Romaña’ no iban a presentarse, y sugiriéndoles que “para evitarnos problemas (en la JEP) nos envíen unos escritos” diciendo con cualquier disculpa que “están ubicados en otra parte”?

Conclusión. Es la primera vez en Colombia que se crea un mecanismo ajeno a la justicia ordinaria para sellar una paz. Supuestamente se justificaba para ceder en justicia lo que se iba a recuperar en verdad, pero en el conflicto armado. No para suplantar las decisiones de la justicia ordinaria en materia de corrupción. Su propósito se desnaturalizó. La impunidad total para las Farc es el único resultado obtenido hasta ahora.

Entre tanto… La JEP tiene casi 40 magistrados, más auxiliares, secretarias, asesores, escoltas. Que andan dedicados a estudiar si el excongresista Álvaro Ashton, que estuvo en un motel con una menor de edad, lo hizo por culpa del conflicto. Es lo que ahora llaman “baja intensidad”.

MARÍA ISABEL RUEDA

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