¿Para qué invitamos a Trump?

¿Para qué invitamos a Trump?

Con 220.000 hectáreas en ciernes es bastante improbable que venga a felicitarnos.

01 de abril 2018 , 01:56 a.m.

Todo indica que dos días antes de la visita del presidente Trump, Estados Unidos podría estar entregándonos su informe sobre la coca sembrada en Colombia. La cifra se acercaría al récord histórico de 220.000 hectáreas. Según datos del Ministerio de Justicia (Observatorio de Drogas de Colombia), hubo una caída del 93 % en los esfuerzos de erradicación forzosa. De 150.000 hectáreas erradicadas manualmente, más las asperjadas en el 2008, pasamos solo a 17.000 en el 2016. Esa es la verdadera cifra de la erradicación en Colombia durante la recta final del proceso de paz. Pero el acuerdo con las Farc regó, además, la falsa sensación de que los campesinos se habían ganado la lotería.

Se volvió un contagio la expectativa de subsidios. Muchos campesinos comenzaron a sembrar a la carrera para hacerse merecedores de los 36 millones por hectárea, sumados todos los beneficios, que por cultivador campesino se comprometió a repartir el Estado.

El programa de erradicación voluntaria ha sido un fracaso estruendoso: 123.000 personas o familias han firmado convenios con el Estado. Entre estos hay miles que ni siquiera tienen sembrada coca, más los que sí y no firmaron. Pero los responsables del Gobierno de este programa, Rafael Pardo y Eduardo Díaz, habilidosamente presentan como resultados lo que son solo intenciones, compromisos o autorreportes del cultivador.

Por eso hay que distinguir: 39.389 hectáreas han sido vinculadas al programa de sustitución voluntaria (o sea, las que la gente dice tener cuando se inscribe); 16.754 han sido verificadas (las que la ONU dice que hay en las zonas donde interviene); pero la cifra de las hectáreas certificadas, que son las que se sabe con base en coordenadas donde estaban y se puede certificar que ya fueron erradicadas, no existe. Al Presidente le hablaron en diciembre no oficialmente de 1.200 hectáreas, cuando la meta para ese mes y luego corrida para mayo es de 50.000.

Hasta ahora, el tope máximo para acceder al programa venía siendo de 3,8 hectáreas por campesino o familia. A ese se le paga la sustitución y no se le abre acción penal. Pero como puede pasar que el mismo propietario siembre en distintas áreas, o que un narco compre las de muchos chiquitos, ‘pitufeo’, al Gobierno le tocó bajar el área de despenalización de la coca a 1,78 hectáreas, lo cual genera un gran problema: que miles de personas ya firmaron convenios que les permiten cultivar prácticamente el doble de esa extensión, y ahora se sienten conejeados.

Los más bravos son los de Coccam, o Coordinadora Nacional de Cultivadores de Coca, Amapola y Marihuana. (No se aterre, amable lector: existe esa asociación). Y en un reciente comunicado anuncian que esa reducción de 3,8 a 1,78 hectáreas de la extensión despenalizada de cultivos “es una traición fragrante (sic) a los campesinos, afrodescendientes e indígenas”, que ya se habían suscrito al programa. Es decir: como sembrar coca en Colombia dejó de ser un delito para convertirse en un derecho hasta determinada extensión fijada por el Gobierno, que ahora pasará en el Congreso de mayor a menor, la Coccam anuncia: “Suspendemos nuestra participación en el programa nacional de sustitución de cultivos de uso ilícito” hasta que no se sienten a concertar con el Gobierno. Es decir que a estas horas en Colombia está parada la erradicación voluntaria.

El asesinato de los líderes sociales se está dando en el escenario de este caos. No tiene sistematicidad ni el Estado está participando en su asesinato en complicidad con el paramilitarismo, como en el pasado. Es la dinámica delictiva sembrada en el país la que los está matando.

Todo lo anterior me obliga a preguntar para qué invitamos a Colombia al presidente Trump. Con 220.000 hectáreas en ciernes es bastante improbable que el Presidente de Estados Unidos, famoso por decir lo que piensa, incluyendo todo lo políticamente incorrecto, venga a felicitarnos. Más probable es que aproveche su visita al país para despacharse contra una causa, como se la hizo al Presidente de México con el muro, avergonzándolo en su propio país con el reclamo de su pago.

Con el récord histórico de cultivos de coca, no aspiramos a recibir palmaditas en la espalda. Por el contrario, Trump tendría el escenario perfecto para montar un espectáculo internacional en territorio colombiano. Ya veremos.

Entre tanto… Y otra preguntica relacionada: ¿qué está pasando en el Fondo Colombia en Paz? Hay despidos raros...

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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