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Otra oportunidad que pasó

Otra oportunidad que pasó

Mientras cúpula del Eln no demuestre unidad de mando, no tiene claro el Gobierno con quién negociar.

19 de enero 2020 , 12:04 a. m.

El aniversario de la muerte de los 22 cadetes en la Escuela General Santander, que se conmemora al escribir estas líneas, pudo haber sido una magnífica oportunidad para que el Eln pidiera perdón por su barbarie, como en alguna oportunidad lo hicieron con los 84 muertos de Machuca, y diera así un paso en la dirección correcta, de crear ambiente para el diálogo. Como dijo uno de los padres de familia en la ceremonia: “Yo perdono. ¿Pero a quién, si a mí nadie me ha pedido perdón?”.

Fue tan grave lo ocurrido, y con tanta sevicia, que el Gobierno se sintió obligado a suspender la mesa y ordenar la salida de los negociadores de Cuba. Desde entonces vivimos un impase diplomático por la existencia de unos protocolos que para unos son la garantía necesaria para las partes de que un rompimiento permitirá un tiempo de reacomodación territorial. Para otros, como el presidente Duque y su comisionado Ceballos, jamás unos protocolos pactados para dar civilizadamente por rota una conversación sobre paz pueden incluir actos de barbarie y señalar los caminos para que sus autores se pongan a salvo de las órdenes de las autoridades judiciales. “Mientras sea Presidente, no contrataré un avión privado para recoger a los elenos en La Habana y dejarlos a donde ellos quieran”, dijo Duque durante la ceremonia.

Distinto de unos discretos esfuerzos de la nunciatura y de unos obispos, y del apoyo de representantes de la sociedad civil, los requisitos del Gobierno para sentarse nuevamente con el Eln han caído en el vacío.

La situación interna de la organización es especialmente delicada por la falta de una jerarquía vertical. ‘Pablo Beltrán’, uno de los negociadores varados en La Habana, se mostró sorprendido con el atentado a la Escuela de Cadetes y lo atribuyó a la decisión de uno de sus frentes. La responsabilidad recae sobre alias Pablito, sanguinario guerrillero con alias de niño en edad de jugar con carritos, no de hacerlos explotar. Se le atribuyen más de 200 atentados contra el tubo y el asesinato del obispo de Armenia.

Su verdadero nombre es Gustavo Aníbal Giraldo y su alias debería ser ‘Pablote’. Cuando fue capturado, en épocas de Álvaro Uribe, nos lo comunicaron como el golpe más duro contra un jefe militar del Eln en los últimos 40 años. Luego, era un objetivo de altísimo valor, lo cual no correspondió con la forma descuidada y casi cómplice con la que se permitió que ese hombre fuera rescatado por sus propios secuaces, cuando era conducido desde Cómbita a una audiencia judicial en Arauca. En el operativo mataron a un guardia y al perro antiexplosivos. Desde entonces se residenció en Venezuela, donde hizo méritos suficientes para acceder al Coce.

No obstante la rapidez con la que se esclareció la autoría del Eln en el atentado de la Escuela de Cadetes, desconexiones interinstitucionales han impedido que la investigación haya avanzado más, conocidos tantos detalles como se conocen. El conductor del carro bomba, alias el Mocho, tiene convencidas a las autoridades de que se inmoló, inaugurando una peligrosísima modalidad que hasta ahora solo conocíamos en el terrorismo islámico. Parece que desde el 2003 ‘Mocho’ venía ofreciendo esos servicios para un operativo de gran envergadura, entre los que se llegó a planear un ataque contra el Palacio de Nariño o contra la caravana presidencial. No fue, sin embargo, hasta hace un año que ‘Mocho’ fue autorizado para cumplir con sus tenebrosos designios. Gracias a que su mano apareció colgando por ahí (la otra la había perdido en sus actividades de explosivista) se pudo confirmar su identidad, y todos los caminos condujeron hasta el Eln. Que no tuvo empacho en reconocer que a esos jóvenes muchachos que estudiaban para ser policías los habían masacrado porque serían sus enemigos del mañana.

Alguien que leyó a fondo los 104 puntos del comité del paro, y que a la vez fue en Ecuador negociador en la mesa con el Eln en representación del Gobierno, me comentó con alarma que había descubierto múltiples coincidencias con lo que el Eln le había pedido en Quito. ¿Pura casualidad, o hay algo más en estos canales con el ideario eleno, que tiene el brazo largo, sobre todo en universidades que ha infiltrado?

Mientras la cúpula del Eln no pueda demostrar unidad de mando, no tiene muy claro el Gobierno con quién es que va a negociar. Si con unos viejos burócratas de la organización, que hasta deprimidos están, o con los más poderosos que descubrieron el no tan discreto encanto del narcotráfico, que hoy explotan de la manera más burda y rentable.

Entre tanto… Con el Eln: tan cerca, pero tan lejos…

MARÍA ISABEL RUEDA

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