Ojo, que esto con Venezuela se agrava

Ojo, que esto con Venezuela se agrava

De un conflicto interno podría evolucionar a un conflicto internacional de alcance mundial.

03 de agosto 2019 , 11:25 p.m.

Ojo con el rumbo que puede llegar a tomar lo de Venezuela. De un conflicto interno podría evolucionar a un conflicto internacional de alcance mundial. Eso pasa. Sin ir muy lejos, pasó en Cuba y Vietnam. Tal vez, en Colombia no fuimos tan conscientes de que por las características de Venezuela, los orígenes de su dictadura, sus condiciones de polarización entre derecha e izquierda, éramos candidatos para que nos pasara.

Los intereses venezolanos los protegen los rusos, los chinos y los iraníes, mientras que nosotros pertenecemos a la órbita de EE. UU.

Y si muta el conflicto interno hacia uno internacional, Colombia quedaría de principal jugador, debido al papel protagónico que hemos asumido en el desconocimiento de la dictadura de Maduro y en la consecución de apoyos y reconocimientos al gobierno de Guaidó. Quien precisamente, en ejercicio de sus funciones presidenciales, envió esta semana al Gobierno colombiano una carta en la que pide aclaración y protección contra las amenazas de las ‘Águilas Negras’ en algunas ciudades contra los inmigrantes venezolanos y contra los colombianos que los contraten. O sea, a falta de un enfrentamiento, ya tenemos dos: uno por los miles de venezolanos que entran a diario por la frontera, y otro por la imposibilidad de garantizarles seguridad.

Si esto pasa de ser conflicto interno a internacional, ¿cuál va a ser la posición de Colombia? Normalmente, la movida más importante sería acudir ante el Consejo de Seguridad de la ONU, si en un momento dado se llega a decir que este conflicto pone en peligro la paz internacional, uno de los parámetros que señala la Carta de la ONU para que el Consejo de Seguridad pueda actuar. Pero, por ahora, eso parece inviable. China y Rusia, los dos aliados de Venezuela, son miembros permanentes del Consejo de Seguridad y tienen poder de veto. No creo que alberguen, siquiera, la intención de pensar en el envío a Venezuela de una especie de fuerza multinacional con el fin de evitar la agravación del conflicto. Tienen muchos y muy graves problemas en otros lugares del planeta.

Pero crecen a diario las pistas de hacia dónde se puede dirigir esto. En Venezuela hay simbiosis de nuestro conflicto. El régimen está utilizando al Eln y a las disidencias de las Farc de dos maneras: como presión contra Colombia y como unidades paramilitares internas para reprimir venezolanos.

Ayer recibimos 60 helicópteros de EE. UU. El gobierno Trump, mientras tanto, anuncia su retiro del tratado de desarme nuclear con Rusia, lo que deja a estos dos países, de nuevo, en posición de sacarse los dientes, y un lugar como este es bastante propicio si Venezuela, como todo indica, se convierte en el enclave armado de un nuevo mapa geopolítico para la penetración de Rusia en el Caribe. Recientemente ha habido varias escaramuzas aéreas en espacio aéreo venezolano, entre aviones gringos y rusos, por fortuna sin consecuencias.

Nada de lo anterior pretende ser alarmista. Solo preguntarle al Gobierno si nos estamos preparando para que nos coja pensados una eventualidad así. Con los países del Grupo de Lima salimos adelante, cual Egan Bernal, pero poco a poco se nos ha ido colgando el pelotón. Ninguno es partidario de una confrontación armada; pero, además, Perú, Ecuador, Brasil y Chile han endurecido sus exigencias de pasaporte y visa a los inmigrantes; los venezolanos que migran hacia allá se quedarán varados en Colombia.

Según Migración Colombia, hay por bajito 1’408.055 venezolanos en nuestro territorio; 742.390 son regulares, mientras que 665.665, irregulares.

Y esta es la situación, antes de que el presidente Trump haga realidad su amenaza de bloquear a Venezuela, que no solo presionaría al alza el número de refugiados en Colombia, sino que, como sucedió con Cuba, Venezuela quedaría irremediablemente condenada a caer en los brazos rusos para sobrevivir. Ese bloqueo inevitablemente nos llevaría a pensar en cerrar la frontera, lo cual es absolutamente inviable con 2.219 kilómetros que nos separan de Venezuela.

Es cierto que Colombia no podía ser neutral ante el despelote venezolano. Pero, ya asumido el liderazgo, nos estamos quedando muy solos frente a una causa justa. No creo que podamos devolvernos ya de ser punta de lanza a un discreto repliegue. Pero si llega a abrirse del todo la puerta de este conflicto a actores externos, ni repetir el mejor concierto en la frontera nos librará de las consecuencias de ser actores principales en ese nuevo y peligroso conflicto internacional.

Entre tanto... La Corte Suprema de Justicia no suelta a su presa. Perdón, a su preso.

MARÍA ISABEL RUEDA

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