No voto la consulta

No voto la consulta

No se necesitaba invertir 300 mil millones para que la mayoría siga reclamando resultados concretos.

26 de agosto 2018 , 10:05 a.m.

Yo no votaré la consulta anticorrupción del domingo. No porque sea una corrupta, que es una victoria mediática que han obtenido los promotores de la consulta: acorralar a los que no la vamos a votar en la trinchera de los corruptos.

No la votaré por el escandaloso desfase costo-beneficio que va entre los 300.000 millones de pesos que cuesta y los efectos contra la corrupción, que se lograrán muy dudosamente a partir de repetir unos artículos que ya están escritos y que si no se aplican es por la falta de decisión política de los responsables.

Como ya he comentado hasta la saciedad sobre las propuestas de la consulta, solo me detendré en una cuya gravedad he ido descubriendo con el tiempo: es la número 4, de “los presupuestos públicos con participación ciudadana”. Como está formulada la pregunta, obligará a que el Gobierno haga audiencias públicas para que la ciudadanía priorice el presupuesto de inversión de la nación, los departamentos y los municipios. En la práctica, implicará hacer consultas populares en más de 1.100 municipios y 32 departamentos bajo los siguientes interrogantes: ¿cómo se van a organizar para que quepa “la ciudadanía”? Podría resultar un tiro en el pie. Porque hoy prácticamente toda inversión, desde la Constitución del 86, está regida por la planeación nacional, que es la que define lo prioritario, pero que en adelante será resuelto en consultas tumultuarias.

Las prioridades amenazan con ahogarse en una consultitis aguda, en un país en el que solo hoy hay 950 consultas populares en marcha que definirán su futuro en materia de infraestructura, energías y medioambiente. Un ensayo se hizo, no con todo el presupuesto como propone la consulta, sino con el 10 por ciento, en épocas de la alcaldía de Fajardo, con la participación de las comunas y barrios. Al final, la escogencia terminaba gravemente interferida por las JAC, los paramilitares y las JAL.

Dicho lo anterior, sí deseo que sus promotores logren llegar al umbral de 12’100.000 votos. Porque será la única manera de demostrar que no se necesitaba invertir 300.000 millones para que, al cabo de unos dos años, la mayoría siga reclamando resultados concretos. A no ser que el país entero, en todas sus instancias, con consulta o sin esta, tome la decisión de recuperar la sanción moral, como lo propone el rector del Externado, Juan Carlos Henao, para que los corruptos no sean los más admirados de la pirámide social, sino los más repudiados.

Por el contrario, si la consulta no cumple el umbral, sus promotores podrán alegar fraude, falta de buses, ausencia de financiación y, sobre todo, la baja determinación del pueblo colombiano de combatir la corrupción con todos los fierros, que definitivamente no son estos, aunque ellos alegarán que fue por eso que no se pudo.

En cambio, no me impresiona el argumento de quienes le adjudican a esta consulta el interés político de Claudia López de ser alcaldesa o presidenta. No solo es ese el origen real de esta consulta, sino que así se tiene que hacer la política: encontrando causas comunes para aglutinar diferentes intereses políticos. En ello fue sumamente hábil, ‘chapeau’. Ante la pregunta de si quiere acabar la corrupción, ni el más corrupto dice que no. Lástima que el instrumento no sirva y no fuera realmente efectivo, y que, como dijo Alfonso Gómez Méndez con gran crudeza, sea más bien “un engaño a los colombianos porque ya hay toda clase de normas, y el hecho de repetirlas no las hace más aplicables”.

Ahora: lo más probable es que la corrupción ni se mosquee por esta vía. Más bien ponerle bolas a la batería que traerá al Congreso Germán Vargas en las próximas semanas, que tiene cargas de profundidad. Lo que sí queda para la historia es el genial reguetón, ton, ton, de la corrupción, cion, cion, cion, que habrá que mantener en el celular para volverlo a ver cada vez que querramos reiterar que la política es un chiste.

Va mi aporte a Daniel Samper Ospina: “Reguetoneros: gastaremos once ceros y lo haremos sin agüeros… pa’ que los corruptos no hagan desafueros... pero de la silla cogeros cuando la consulta quede en cueros y se hayan esfumado, ¡eureka!, esos dineros… Y todo quede en ceros, reguetoneros... eros, eros…”.

Entre tanto… En cambio, mi hijo me informa que votará la consulta anticorrupción porque quiere vivir una protesta social importante contra el fenómeno.

MARÍA ISABEL RUEDA

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