No a reglamentación de la protesta

No a reglamentación de la protesta

Más bien, que se mantenga la inteligencia dos pasos por delante de planes de reyertas callejeras.

12 de octubre 2019 , 10:52 p.m.

No parece imposible el nivel de contagio que la agitación social de Ecuador pueda traer a Colombia. El propio Diosdado Cabello lo dijo bien alto: lo que está pasando en Ecuador “va para Colombia. Dios me oiga, ¡amén! Va para Colombia”.

Y si creemos en la confesión del expresidente Rafael Correa a ‘El Mundo’ de España de que es asesor de Maduro y consultor de su gobierno, la película queda clara. Hay factores externos e internos comprometidos en que Colombia tendrá que acostumbrarse a que el paro y la protesta callejera serán, cada vez más, parte del paisaje.

Esta realidad nacional ha llenado de tentaciones al Gobierno para reglamentar en el Congreso el derecho a la protesta. En muchos países del mundo existe. Pero, en mi humilde opinión, yo le desaconsejaría vehementemente al Gobierno que se meta en eso. Deje la protesta así, y más bien mantenga la inteligencia dos pasos por delante de los planes de reyertas callejeras; mantenga la represión del Esmad dos pasos atrás, pues su función no es pedagógica, sino restaurativa de los derechos que se ven alterados, y es guardián contra los excesos que puedan afectar la vida o la integridad de los bienes públicos o privados. La policía debe producir capturas. ¿Cuáles? En eso no cabe confusión alguna. Y la prevención debe correr por cuenta de la pedagogía en las propias universidades. Sé que ha habido reuniones recientes de rectores de universidades públicas con rectores de privadas para compartir lecciones y aprendizajes sobre cómo manejar emergencias y crisis con los estudiantes, porque se ha confirmado la creciente infiltración de vándalos en las privadas, que antes solo se daba en las públicas, por grupos como el JM19, que tiene conexiones con el MRP (responsable de la bomba del Andino), y por el movimiento AK. Estos grupos responden a líneas ideológicas fuertes, andan en pequeños grupos compartimentados y bajo nombres distintos, pero sus encapuchados actúan articuladamente, pues se incrustan en las marchas y las dejan avanzar pacíficamente, y solo al final provocan los desórdenes para dejar su firma.

No existe un movimiento social más vigoroso, más lleno de energía y, la mayoría de las veces, más imbuido de autoridad que los ríos de estudiantes que recorren una ciudad cantando a gritos sus arengas. No es cierto que necesiten, para que la gente los note, “tirarse” la ciudad, taponar sus vías y mucho menos caer en los brazos de los vándalos. Son estos últimos, y no el Esmad, los principales enemigos de las protestas estudiantiles, porque es más factible que produzcan en el resto de la ciudadanía más fastidio que solidaridad por sus causas.

Petro anunció el día de su derrota que al nuevo gobierno lo recibirían en la calle. Y así ha sido. Según ‘La República’, desde que se posesionó el nuevo gobierno ha enfrentado 66 días de paro estudiantil, 49 de paro judicial, 26 de paro indígena, 8 de paro de maestros, 1 de paro nacional. Es decir, desde hace más de un año y medio hay una marcha o paro cada dos días. ¿Se justificaba el paro estudiantil del jueves pasado, en el que tampoco pudo evitarse el vandalismo?

La respuesta es no. Más efectivo era haberse sentado a hablar con la ministra de Educación, porque los resultados habrían sido más ilustrativos. Ya hay, por ejemplo, 4,1 billones en el presupuesto para la educación, el más grande de la historia. El Gobierno se mantiene firme en su decisión de cumplir los acuerdos. Hay cómo creerle.

En cuanto a la corrupción en las universidades, su otra motivación, se alude a las barbaridades e indelicadezas de un directivo de la Distrital que ya está siendo investigado. Y sobre los abusos de autoridad, su tercera motivación, se los aseguro: detrás de un escudo del Esmad hay un muchacho de unos 20 años, armado solo con un bolillo, asustado, que no quiere estar ahí, que no aspira a tirar piedra ni a que se la tiren, que no goza cuando una papa bomba le explota a sus pies. Y que muy seguramente preferiría ser uno de esos estudiantes a los que enfrenta, porque al final del día ellos volverán a sus aulas, ocuparán sus pupitres y se dedicarán al increíble privilegio de aprender, mientras este muchacho, disfrazado de Robocop, acabará su jornada, si acaso no fue herido, recogiendo los destrozos de la ciudad.

Entre tanto… Yo era la directora y usted, el jefe de redacción. Pero yo era su alumna y usted, mi maestro. Así fue siempre en ‘24 Horas’ y luego, el resto de la vida. Deja un vacío que no podremos llenar, Profesor Javier Darío Restrepo.

MARÍA ISABEL RUEDA

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