¿Naranjo: realidad o ficción?

¿Naranjo: realidad o ficción?

Los hechos y la personalidad del General han sido distorsionados por las atribuciones de la serie.

21 de junio 2020 , 12:37 a.m.

Uno entiende el interés del general Óscar Naranjo en aceptarle al periodista Julio Sánchez Cristo un libro autobiográfico que le hiciera honor a su vida y obra, basado en hechos fidedignos.

Lo que sí no termino de entender es que del libro de Julio se pasara a una serie televisada que resolvió conservar el verdadero nombre del general Naranjo, pero tomándose la licencia, sin mayor injerencia de su autor ni de su protagonista, de inventar todo lo que quisiera a partir de ahí en adelante.

Cuando se supo que eso sería así, una mezcla libre de realidad con ficción, pensé inmediatamente en la incomodidad de que el general tendría que pasarse el tiempo que durara al aire la serie negando todo tipo de inexactitudes. Producida por dos profesionales de los contenidos audiovisuales, como son Fox y Magdalena Larrota, recrea las barbaridades, unas reales, otras sacadas de la imaginación, de miembros de los carteles de la droga. Los hechos han sido distorsionados por las atribuciones creativas de la serie, que termina siendo un novelón alrededor de una sola cosa cierta: que hubo y hay un general Óscar Naranjo, que libró grandes batallas contra el crimen organizado. Pero no lo hizo solo.

Por eso, la fórmula no ha resultado del todo bien. El general Naranjo confiesa que “mientras a la serie le ha ido bien, a mí no tanto”, porque luego de cada capítulo sucede lo mismo. Tener que salir a explicar que no dijo lo que dijo, que no le consta que fulanito hizo lo que hizo, que hubo otros protagonistas, y cosas más pintorescas como que su queridísima esposa, Claudia, jamás enfundó un arma para dispararle a un sicario, como en la serie.

Al propio Óscar Naranjo le distorsionan también su verdadera personalidad policial. Como simpáticamente me lo describe uno de los oficiales que coincidió en la era de Naranjo: “Óscar, en su puta vida, ha disparado”. Naranjo era un general de escritorio, de oficina, de inteligencia, que poco o nada interactuaba con el revólver que hoy, con tanto donaire, le cuelga al cinto en la serie.

Tanto entre policías activos como retirados existe una molestia, injusta con Naranjo, de que el guion exalta su figura y arrasa con el prestigio de la institución.

Él asegura que por la serie no recibió un peso y que tampoco autorizó el guion. Pero cuando uno presta su nombre para eso, ¿no debería por lo menos asegurarse de cierto respeto por la realidad, si lo que se quería contar era la historia del jefe del ‘cartel de los buenos’? En una novela histórica reciente sobre Bolívar, el libretista se tomó ciertas libertades, pero se apegó a respetar la verdadera índole de los personajes históricos, que fueron reales. En la serie de Naranjo, todos los ex presidentes tienen los nombres cambiados, y los ridiculizan y pintan como unos pendejos.

Mientras tanto, a Naranjo lo caracterizan en la serie como una mezcla de Supermán, Batman y Capitán América, cuando la esencia del verdadero Naranjo es su ecuanimidad, su bonhomía, su honestidad y su preferencia por lo civil, en un cuerpo policial.

Los productores quisieron hacerle un homenaje, pero acabaron haciéndole un daño. Sus excompañeros sienten que desplazó al resto de la Policía, que dio batallas heroicas contra el narcotráfico que en la serie no existieron. El propio general Maza Márquez le escribe una carta en la que le dice sin preámbulos: “Has permitido que te glorifiquen en un libro y en una serie hasta límites insólitos...”.

No descarto para nada que por su digno desempeño en la vicepresidencia de Santos, el general Naranjo, por sus propios méritos, pueda estar guardando en secreto algunas ambiciones de corte presidencial, y esa esperanza no la archivan quienes hasta hace poco querían verlo elegido en la alcaldía de Bogotá. Pero lo que sí descarto de tajo, porque esa tesis la he oído, es que esta sea una estrategia publicitaria para ir valorizando a Naranjo como un superhéroe, para que termine compitiendo por la presidencia, al lado de Fajardo y de Petro. No veo a Fox, que produjo la serie, en eso, ni tampoco a Caracol, que la compró para transmitirla.

Pero advierto que si esa posibilidad de candidatura de pronto llega a presentarse, y no la descarto, yo podría ser de las que terminen en esos toldos. Pero no en los del Rambo de la serie, sino en los del general Naranjo que conozco, hecho a pulso, proveniente de la clase media, de profesión policía, con grandes méritos en su haber y poco desgaste entre la clase política, que podría dar una agradable sorpresa.

Entre tanto... Para domicilios: pollo asado New York Deli, parque de la 93. No olviden la cajita de criolla.

MARÍA ISABEL RUEDA

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