Los papas se lavan la cara

Los papas se lavan la cara

Dos papas pueden entenderse en una película, pero en la vida real del Vaticano se estrellan.

25 de enero 2020 , 11:33 p.m.

Cuando, ya por fuera del teatro, tenemos tiempo para decantarla, algunos descubrimos que la película nos produjo un encandilamiento espiritual. Pero decantado; entendemos que tenía un propósito, por decirlo de alguna manera, ‘higiénico’: lavarles la cara a los dos papas. Ni la capilla Sixtina fue el escenario de estas conversaciones –magia de los computadores– ni los papas mantuvieron charlas semejantes.

Benedicto y Francisco tenían grandes diferencias conceptuales de dogma y de fe, y pasados controversiales. Pero nos convencen bellamente de que Benedicto entendió que tenía que irse porque la Iglesia necesitaba a alguien con más energía física y espiritual para enfrentar los nuevos desafíos, y decidió que el hombre era Bergoglio. Cierto es que Benedicto quedó agobiado con las revelaciones de los ‘Vatileaks’. Su mayordomo, Paolo Gabriele, las filtró porque no “había visto tantas cosas horribles en el Vaticano, y ya no pude más”. Corrupción, chantajes y escándalos sexuales que seguramente apabullaron a Benedicto. “Se me acabaron las fuerzas”, dijo oficialmente este.

Pero, desde luego, los diálogos de los papas tienen alguna base de realidad. Aparecen en ellos, a pincelazos, los recuerdos de Bergoglio de su cercanía con los dictadores argentinos, que justifica como un esfuerzo para proteger a sus sacerdotes. De hecho, dos de ellos fueron secuestrados y torturados por el régimen, Orlando Yorio y Francisco Jalics. Durante cinco meses los tuvo el Esma argentino (no confundir con el Esmad colombiano), y luego los liberaron. En conclusión, la película recrea escenas del pasado de un sacerdote, Bergoglio, demasiado joven para enfrentarse con una dictadura, y de un papa, Ratzinger, demasiado viejo para deshacerse de su fama de rígido reaccionario, distante de la gente, proclive al lujo. Al final, la película nos entrega a un Benedicto que hasta influye en la escogencia de su sucesor por considerarlo el hombre humilde, amigo de los oprimidos que la Iglesia necesita, amistad que la película sella para siempre con los sabios consejos de Bergoglio sobre las bondades orgánicas de ciertas yerbas aromáticas.

Todo este romanticismo de ‘Los dos papas’ estuvo a punto de venirse abajo cuando la semana pasada se filtró un texto del papa Benedicto, que amenazó con tormenta. Aceptó colaborar en un libro que criticaba fuertemente la idea del papa Francisco de ordenar sacerdotes casados. Lo cual demuestra que dos papas pueden llegar a entenderse en una película, pero en la vida real del Vaticano se estrellan.

De resto, las películas nominadas al Óscar casi todas me parecieron aburridísimas. No logré entender ese fenómeno en que han convertido a ‘Parásito’, la coreana nominada a mejor película. Me parece que ‘1917’ no deja de ser otra peliculita de guerra, así nos enrostren el mérito de que prácticamente fue filmada con dos tomas ininterrumpidas. A ‘Dolor y gloria’, de Almodóvar, no le daría un solo premio, salvo algún reconocimiento a ese mal actor que es Antonio Banderas, que por fin hizo un buen papel.

En la categoría de mejor actriz tengo el corazón partido. Renée Zellweger representa espectacularmente a Judy Garland, y su transformación física es asombrosa. Pero no se queda atrás Charlize Theron en una de las mejores películas de la temporada, ‘Escándalo’. Les compiten Scarlett Johansson, en una película difícil de ver y lenta, ‘Historia de un matrimonio’; Saoirse Ronan en el papel de Jo Marche en la octava versión de ‘Mujercitas’, y Cinthya Erivo en ‘Harriet’. Estas dos últimas nominaciones podrían tener ventaja por razones de género y de raza, tan de moda hoy en la Academia.

En cuanto a mejor actor, nadie discute que el premio se lo llevará Joaquin Phoenix por ‘Joker’. A Leonardo DiCaprio no le alcanzó la película de Tarantino, bastante regular, para asegurárselo. Tampoco a Adam Driver, por bien que lo haga en la del ‘matrimonio’.

Entre tanto... Para mí, la mejor película del año es ‘El irlandés’, de Martin Scorsese, con mis dos amores como pillos: Robert de Niro y Al Pacino. Iría a verlos actuar hasta al infierno. Sí, es una repetición más de la fórmula de Scorsese de sus películas de mafia. Pero es cine del bueno, aunque sea demasiado larga.

MARÍA ISABEL RUEDA

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