La Virgen de Chiquinqirá y la vacuna

La Virgen de Chiquinqirá y la vacuna

Hay 160 proyectos de vacuna en camino, Gobierno colombiano tendrá que entrar a escoger sus opciones.

02 de agosto 2020 , 03:02 a.m.

De un país en el que un tribunal, en este caso el de Cali, le tumba al Presidente un trino en el que expresa sus creencias por la Virgen de Chiquinquirá, y le da un término de 48 horas para que descrea de ella porque si no, está violando los derechos humanos y la libertad de cultos, todo se puede esperar. Hasta que la Corte Constitucional, en un pronunciamiento que... ¡caramba!... A mí me sigue poniendo los pelos de punta, ante la posibilidad de que sea para hacerle daño al Gobierno, como es tumbarle un decreto absolutamente subsanable, ante el vicio de forma de la falta de la firma de dos ministros.

Como bien dice Alfonso Gómez Méndez en reciente columna, “ministro que se niegue a firmar un decreto en 30 segundos se convierte en exministro”. Total, por una pendejada, tumbaron un decreto que deja a los empresarios y trabajadores en una encrucijada. ¿Qué perdía la Corte ordenando recoger las firmas faltantes? Poder. Y me aterra que esa sea la tónica en vísperas de la elección de dos nuevos magistrados, los reemplazos de Guerrero y Bernal, tema que también dará para próxima columna, por la perversidad con la que se ha rodeado por quienes quieren una Corte ideológicamente subalterna.

Pero hoy quiero tratar un tema muy grave. Se trata de que, como todo ha sido manejado bajo pactos de confidencialidad, no sabemos aún si Colombia tiene asegurado algún turno en el universo de los fabricantes de las vacunas contra el coronavirus.

Me explico. El Presidente les ha pedido a sus embajadores en los países donde laboratorios y centros académicos están desarrollando la vacuna que exploren. Pero el momento exige algo mucho más osado: concretar algunos de esos acuerdos con plata.

Por más que esta sea una emergencia de la humanidad entera, una pandemia devastadora, solo si el laboratorio productor de la vacuna perteneciera a la Virgencita de Chiquinquirá, saldría gratiniano. Las patentes tienen una duración que garantiza exclusividad por 20 años. Y aunque algunas farmacéuticas y hasta la Universidad de Oxford están dispuestas a ayudar, exigen quedarse un tiempo con las ganancias que les garantiza esa exclusividad, mínimo para recuperar sus inversiones.

Ahora. Cualquier gobierno, pero hablemos del de Colombia, enfrenta una decisión terrible. La de comprar con los dineros públicos un puesto en la fila de una o varias de esas farmacéuticas para que, cuando arranque la producción de la vacuna, no seamos los penúltimos. El problema es escoger cuál.

Nunca habíamos visto una carrera como esta. Hay 160 proyectos en camino, según la OMS. Y cuando normalmente las vacunas se demoran más de una década en sus distintas etapas, varias iniciativas del covid ya están en fase 3, es decir, experimentando con humanos, en Brasil, Argentina, Chile, EE. UU. y el Reino Unido. En la frase tres no solo hay que confirmar su efectividad, sino descartar que sus efectos negativos sean peores que la enfermedad. Y, aunque se les ha permitido ciertos atajos por la premura de la pandemia, a esta etapa 3 se le calculan no menos de entre 3 y 5 meses, para comprobar una efectividad que, según la FDA, deberá ser de mínimo del 50 por ciento, mientras que la OMS se inclina por un 70 por ciento. Entendiendo la efectividad como la capacidad para prevenir el contagio en cadena, una curiosidad. La efectividad de la vacuna contra paperas, rubeola y sarampión es del 97 por ciento. Mientras que la de la gripe, del 45 por ciento. Luego puede que ciertas vacunas contra el coronavirus resulten, presionadas las agencias reguladoras por la emergencia, con una luz verde, sin haber completado totalmente sus pruebas.

En este maremágnum de posibilidades es a donde el Gobierno colombiano tendrá que entrar a escoger sus opciones y, como digo, casarlas con platica para comprar el turno. No hacerlo sería criminal con los colombianos. Pero no es de descartar que el Gobierno pueda estar aterrado de tomar la decisión, pues si escoge el laboratorio que o no saca al mercado la primera opción, o resulta con críticas de efectividad, o termina cobrando más que los demás por la vacuna, tres elementos hoy totalmente inciertos, quienes tomen la decisión podrían verse demandados por una suma nunca vista por haber cometido detrimento patrimonial a costa de la salud pública.

¿Será por eso que el Gobierno anda afanosamente pasándoles la totuma a ‘los ricos’, para que voluntariamente sean ellos quienes pongan el primer case con las farmacéuticas y el Gobierno pueda librarse de esa maldición que lo paraliza?

¿Nadie ha entendido acá que pandemia es pandemia?

Entre tanto... ¿Por qué hay micrófonos abiertos más graves que otros? Es cierto que casi todos hemos dicho un h. p. alguna vez en la vida, pero también “el viejo” o “la vieja esa”.

MARÍA ISABEL RUEDA

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