La pieza audiovisual

La pieza audiovisual

Si tiene que ver con Petro, automáticamente se transforma en persecución política.

02 de diciembre 2018 , 12:29 a.m.

En este país, cualquier cosa puede pasar. Como que Julio César Ortiz, abogado defensor de Gustavo Petro, el senador que viene denunciando ferozmente el caso Odebrecht, sea también y simultáneamente abogado defensor de la brasileña.

O como que Petro esté denunciando que lo grabaron ilegalmente, mientras él mismo viene avalando desde hace más de un mes la legitimidad de las grabaciones subrepticias que le hicieron, a su vez, al fiscal Martínez. Por alguna extraña razón, todo lo de Petro tiene que ser juzgado con un rasero mucho más benigno. Mientras lo que para otros configuraría un enriquecimiento ilícito, un lavado de activos, una contratación indebida, un detrimento del patrimonio público, una financiación ilegal de campaña, si tiene que ver con Petro, automáticamente se transforma en persecución política.

Sí les habría convenido, a abogado y a cliente, haberse puesto de acuerdo sobre la explicación de la pieza audiovisual que tiene paralizados de asco a los colombianos. Porque mientras Petro aseguró en su primera versión que los fajos millonarios que manipuló provenían de un préstamo del arquitecto Simón Vélez, el abogado Ortiz dijo en la suya que se trataba de una recolección de recursos de simpatizantes. Luego de que Simón Vélez negó lo del préstamo, Petro le retuiteó que por favor le aclarara si se trató entonces de una donación o de un aporte. ¿Puede alguien que recibe una millonaria suma de dinero ignorar si se la están regalando o prestando, si debe pagar intereses, a qué plazo, o simplemente, sin preguntar nada de eso, apropiarse tranquilamente de los fajos?

En el accidentado diálogo de la grabación sí se captan expresiones que lo dejan a uno pensando. El contertulio de Petro, el contratista de su alcaldía Juan Carlos Montes, le pregunta si no trajo una mochila. (Ya en las redes andan proponiendo una vaca para comprarle a Petro un maletín Ferragamo en el que pueda recibir de manera más elegante futuras contribuciones). Petro, aparentemente, solicita que la próxima entrega sea en billetes más grandes porque así es muy difícil. Se habla de porcentajes que se entregarían a cambio de la consecución de recursos. Y mientras ayuda a meter el dinero en la chuspa plástica, Montes dice claramente que lo que él tiene son “expectativas de trabajo”.

Lo compensaron muy bien. Durante la alcaldía de Petro, Juan Carlos Montes compró en el mercado internacional una máquina experimental tapahuecos que, evidentemente, hacía de manera chimba tal labor en los cráteres de las calles de Bogotá. La modalidad de contratación fue una de tantas ilegalidades que se cometieron bajo dicha alcaldía. Para asegurarle el trabajo al tapahuecos, el contrato se firmó el 27 de diciembre de 2013 por 11.822 millones de pesos (El TIEMPO, 30 de noviembre), utilizando la modalidad “contratos de ciencia y tecnología”, que no requerían licitación y se asignaban a dedo. Jurídicamente, la escena del video podría implicar varios delitos. Incluso hasta puede resultar ser algo muy gordo relacionado con un personaje de la mafia, el ‘Loco’ Barrera, quien, según documento del abogado Abelardo de la Espriella ante la Fiscalía, le habría donado a Petro dineros de la mafia (¿los del video u otros?) para apoyar su campaña en el Polo contra Carlos Gaviria, a cambio de abrir el camino de una negociación con el Estado.

Pero, por encima de este análisis jurídico –ya el doctor De la Espriella tendrá que comprobar sus argumentos– está el aspecto estético. Ningún político, y menos Petro, que ha montado su vida reciente sobre la crítica a las prácticas políticas corruptas, resiste esas imágenes. No solo lo que vemos ahí es extremadamente vulgar, entre Petro contando los fajos y acariciándolos lujuriosamente antes de meterlos con avaricia entre la chuspa plástica, sino que ningún político, ninguno, puede manipular fajos de billetes sin provocar la presunción de ilegalidad.

Se trata de una actitud mafiosa que obliga a explicar lo inexplicable. Omitir el sistema bancario en el traspaso de cifras millonarias indica un ocultamiento para no dejar huella. Lo del video de Petro transcurre en la oscuridad, en la opacidad, bajo identidades escénicas inocultablemente ilegales.

Puede que Petro se refugie hasta en el Sistema Interamericano para no recibir consecuencia jurídica alguna por este comportamiento. Pero la imagen del video lo perseguirá el resto de lo que le depare su vida política, como una marca indeleble.

Entre tanto... Sugerencia de las redes sociales. Nuevo guion para Gustavo Bolívar: ‘Sin fajos no hay paraíso’.

MARÍA ISABEL RUEDA

Columnistas

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