La hora del murciélago

La hora del murciélago

No suena casual que en donde explotó el virus, Wuhan, exista un sofisticado centro de virología.

03 de mayo 2020 , 02:14 a.m.

Si en algo tiene razón el presidente Trump, lo cual es cada vez menos probable luego de su consejo campeón de inyectarnos Clorox, para limpiarnos los pulmones del virus, es en que sobre la pandemia, que comenzó en China, existen fuertes dudas acerca de la transparencia y la prontitud con la que la Organización Mundial de la Salud manejó los primeros datos de este voraz contagio, que hubiera podido poner al planeta en una alerta más temprana.

El murciélago está identificado en la cadena. No es ‘fake news’. Lo que falta aún por establecer es la ruta que tomó el virus para llegar al humano. Si directamente, o a través de los gatos civets, o de los pangolines, los mamíferos más traficados del mundo. Este ‘brinco genético’ habría ocurrido en octubre del 2019. Solo en diciembre los chinos comenzaron a reconocer oficialmente el contagio. Y lo que se cree es que el brinco no fue ninguna chiripa. Por eso viene creciendo todo tipo de teorías de la conspiración, incluyendo la de que, desde la llegada de la ingeniería genética, en los 70, la aparición de enfermedades infecciosas como sida, ébola, Mers, Sars y zica fue resultado de la malevolencia humana, y que de todas maneras están conectadas con las investigaciones virológicas chinas. No suena casual que en donde primero explotó el virus, la ciudad de Wuhan, funcione uno de los más sofisticados centros de virología del mundo.

¿Cómo se origina un virus con capacidad para desencadenar una pandemia? ¿Por un accidente? ¿Premeditadamente? ¿O hubo un interés de manipularlo para su estudio, pero, de alguna manera, se escapó del centro de investigación? ¿O quizás fue producto de una recombinación natural del genoma? Si fue así, todos los caminos conducen al mercado callejero de Wuhan, una venta de animales frescos donde todas las criaturas conviven unas encima de otras, sin condiciones sanitarias. Determinar con precisión ese origen permitiría entender por qué el coronavirus es tan resistente a las drogas, y los trucos que emplea para evadir el sistema inmunológico humano.

Pero China seguirá en el ojo del huracán mientras no se establezca si el virus surgió de una investigación científica legítima, y encontró la forma de escaparse del laboratorio o de infectar accidentalmente a un humano. Según ‘The Economist’, el último caso que conocimos de viruela fue causado por una filtración de un laboratorio británico en 1978. De laboratorios de EE. UU. ha habido filtraciones accidentales del ébola y de la gripa aviar. Y dos veces ha estado comprobado que trabajadores de laboratorios chinos infectados con Sars lo transmitieron a contactos externos.

En cuanto a la pelea de Trump con la OMS, este organismo de la ONU no escapa de los intereses geoestratégicos del mundo. Su director, Tedros Adhanom, es originario de Etiopía (África), donde fue ministro de Salud y de Relaciones Exteriores. La OMS es la única autoridad del mundo encargada de colocar oficialmente el planeta en modo pandemia. Se la acusa de haber actuado tarde con el coronavirus. Aunque Tedros goza personalmente de un reconocimiento internacional en manejo de emergencia de epidemias, el apoyo de China y de sus países africanos satélites en su llegada a la OMS fue clave. Pero con controversia. Se lo acusó de que, como ministro de Salud, ocultó en su país epidemias de cólera. Si agradecido por el apoyo de los chinos, acaso Tedros los retribuyó, conteniendo información sobre el coronavirus, sería muy grave.

Hasta ahora, el covid-19 nos va ganando la carrera. El concepto acerca de su mecanismo patológico ha cambiado en los últimos tres meses en un 30 por ciento. Hay 170 vacunas en experimentación, hasta ahora, sin evidencias concluyentes. Es tan ‘inteligente’ que es capaz de confundir las defensas de uno. Y son tan hábiles los chinos que están a punto de quedar ante el mundo como el país donde más exitosamente se contuvo. Allá tienen una ventaja. En un régimen autoritario, cuando se ordena “todos a la cama”, son todos a la cama. Aquí todavía metemos tutelas por el derecho a la libre locomoción…

Entre tanto... De todos los líderes del mundo protagonistas en este momento, me quedo con Angela Merkel. Mujer bien importante. En una de sus últimas alocuciones pidió tratamiento no discriminatorio para los viejos, o los “abuelitos”, como tan antipáticamente los llama el presidente Duque, que no consista en aislarlos, porque su papel en la humanidad no ha culminado. Que no pase como con las Farc, que dijeron a la JEP que tenían a los secuestrados amarrados “para protegerlos”. Aquí, a los adultos los tenemos encerrados por lo mismo. Vaya ironía.

MARÍA ISABEL RUEDA

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