La felicidad de lograr ser y saber serlo

La felicidad de lograr ser y saber serlo

Egan es el símbolo de la Colombia real. Un hombre hecho a pulso, a quien nadie le ha regalado nada.

10 de agosto 2019 , 10:55 p.m.

Egan Bernal es el símbolo de la Colombia real. Un hombre hecho a pulso, a quien nadie le ha regalado nada en su vida, al que sus apellidos no lo han encumbrado en las altas esferas de la sociedad, ni las palancas políticas en las del poder. Nunca lo han nombrado en ningún puesto. Nunca heredó título alguno. Y, sin embargo, hoy es uno de los colombianos más importantes de la historia de Colombia. Por lo menos, las nuevas generaciones saben más sobre la vida de Egan que de hombres y mujeres claves del bicentenario, como Bolívar, Córdoba, Policarpa, Antonia Santos, Morillo, Castillo y Rada, Nariño, Carbonell, Camilo Torres y el virrey Amar y Borbón.

Egan llegó a su ciudad, Zipaquirá, el 7 de agosto, a echar su discurso en medio de ríos de camisetas amarillas. Más o menos a la misma hora, el presidente Duque conmemoraba el bicentenario de nuestra independencia en el puente de Boyacá. No había que adivinarlo: al otro día, en las primeras planas de los periódicos y noticieros de televisión estaba Egan. Las imágenes de la comitiva presidencial del 7 de agosto dieron apenas para discretas referencias internas. Egan se había robado, sin quererlo, el ‘show’ republicano, porque él reúne todos los requisitos del hombre soñado del bicentenario: el que sobresale en una sociedad igualitaria fundada en el talento, la educación y la disciplina de trabajo.

La magia de Egan es que no lo prepararon solo para que pudiera ser el campeón de la carrera ciclística más importante del planeta. También lo entrenaron para saber ser campeón. Entre poder y saber hay un abismo. Hemos tenido muchos campeones deportivos –como Pambelé, el ‘Tino’ Asprilla, Higuita, Bernardo Caraballo, Freddy Rincón, que se me ocurran– que han logrado ser, pero no han sabido serlo. Lo que viene en la vida para un campeón es más difícil que ganar la copa o el trofeo. Es tener que acostumbrarse a que su vida cambió para siempre, lo mismo que su entorno y las expectativas que el país tiene sobre él.

Por ello fue perfecta su decisión de que la rueda de prensa que le tenían preparada en Zipaquirá fuera pública y abierta y pudiera estar presente toda la gente que había llegado hasta la plaza. No quería que nada lo apartara de sus amigos zipaquireños, para que no lo sintieran llegar a su ciudad creyéndose más importante que ellos.

Lo que dijo en su discurso y respondió a los medios fue, ahora que el profesor Wasserman puso en el centro de las páginas editoriales de EL TIEMPO una discusión acerca de lo que es la felicidad, la presentación perfecta de un hombre feliz. Feliz porque logró ganarse el torneo más importante del mundo. Pero feliz por otras cosas más trascendentales para él. Feliz por poder descansar unos días al lado de su familia para hacer cosas sencillas, como tomarse un café con arepa. Feliz de seguir montado en su bicicleta practicando todos los días y compitiendo, “hasta morir en ella”.

Egan fue además un niño feliz, a pesar de las dificultades que tuvo que pasar su familia, viviendo en barrios muy pobres y, muchas veces, todos en un solo cuarto. Sus padres, él reconoce, le inculcaron desde muy niño el amor por la bicicleta. Es lo que más le gusta hacer en la vida. Hoy disfruta de toda esa felicidad propia de aquel a quien le toca en suerte ganarse la vida haciendo lo que disfruta.

Y rememora los días felices en que su padre lo llevaba pedaleando desde la ciudad hasta Cogua, y cuando su mamá se levantaba a dejarle el almuerzo preparado, a él bañado y vestido, para que pudiera irse a estudiar, y ella a trabajar.

¿Nace una nueva ‘era Bernal’ en el ciclismo mundial? “No estoy seguro de volverme a ganar un Tour de Francia. De lo que sí estoy seguro es de que seguiré montando en bicicleta porque eso es lo que me gusta. Si marco una nueva era, bueno. Si no, pues ya logré hacer una cosa muy buena para mi país”. Y seguirá siendo feliz.

¿Que cuál fue su secreto? Fácil: “Divertirme como un niño en la bicicleta. Tiene que ser así después de 20 etapas en el Tour de Francia, para poder seguir pedaleando; cuando lo atacan, uno sufre, pero tiene que gustarle, porque por más que le paguen para ello, eso no le sale”.

Por último, un mensaje a los niños de Colombia: “Ser feliz no es tan difícil cuando uno hace lo que le gusta, porque puede soñar, y soñando es como uno se llena de esperanza”.

Egan Bernal, hombre feliz: salvaste el bicentenario.

Entre tanto… Y sigamos el sabio favor que nos pide su primer entrenador, Fabio Rodríguez: “El día que no gane, no me lo quemen; déjenlo ser feliz”.

MARÍA ISABEL RUEDA

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