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La esperada llegada de ‘ET’

La esperada llegada de ‘ET’

Alejando Gaviria era el ‘outsider’ que un sector de la opinión venía pidiendo a gritos.

04 de septiembre 2021 , 09:26 p. m.

En Colombia hoy nadie cree en nadie ni en nada. Romper esa barrera de incredulidad necesitaba a un líder tipo ‘ET’. A un extraterrestre que cumpliera con los siguientes cometidos: no haber sido dado a luz en un partido tradicional; no tener trayectoria proselitista previa; no pertenecer a los círculos de poder tradicionales; ser lo menos conocido posible en la opinión, pero provenir de un planeta que pueda avalarlo: en este caso, no de Venus, o de Saturno, sino de la prestigiosísima rectoría de la Universidad de los Andes, desde donde fue lanzada la nave espacial que trajo a este ‘ET’ hasta la Tierra.

Alejando Gaviria era el ‘outsider’ que un sector de la opinión venía pidiendo a gritos. El hábil manejo de una campaña de expectativa desde esa rectoría hizo aparecer su candidatura como un producto del ruego de la gente. La verdad es que Gaviria es más sólido hoy porque tiene el aval del Partido Liberal detrás que porque ya haya conseguido ser un candidato de masas. Pero hay que abonarle que, guerreando, su primer esfuerzo por alcanzar su candidatura será entre el barro, recogiendo firmas, y no ungido en una convención por el expresidente César Gaviria.

De su pasado, hay que destacar que los pocos cargos públicos que ha ocupado, es él quien los ha vuelto importantes. Fue un gran subdirector de Planeación, siendo un cargo mediano. Logró sobresalir como ministro de Salud, papel que antes de las vacunas podía ejercerse sin existir. En ambos casos demostró que los cargos los hacen las personas. Pero aún pende sobre él la crítica de que se apresuró a prohibir el glifosato por un “principio de precaución”, en medio de una sospechosa coincidencia con las exigencias de las Farc. A lo cual adjudican algunos la explosión de la bonanza de coca en épocas de Santos. Pero lideró grandes peleas en la regulación del precio de los medicamentos; y, como me dijo hace poco algún industrial del ramo, “no lo queríamos. Pero por lo menos nos decía la verdad”.

Y esa es la otra característica de este ‘ET’. Honesto, sin compromisos, con convicciones, con casi todo lo que la gente aspira a ver en su candidato ideal. Gaviria, a diferencia de la mayoría de los políticos, es capaz de decir la verdad y no solo lo que le conviene, según digan los ‘focus groups’ o los estrategas. Eso quedó demostrado cuando, a raíz de su “instinto inicial” acerca del nombramiento del exministro Alberto Carrasquilla en el Banco de la República, declaró: “Es probablemente quien más sabe de política monetaria del país. (...) Nadie puede disputarle sus pergaminos”. Al día siguiente, reconoció como error omitir la gravedad del mensaje político de este nombramiento, que adjudicó a “haber dormido mal”. La gente honesta, cuando comete un error, rectifica. Pero decir la verdad tiene sus riesgos, y a él le quedó registrada esta ‘réver’.

Si una de las condiciones que exigirán los colombianos al próximo presidente es que sea diferente, este ‘ET’ chulea la casilla. Pero si la otra es que refleje autoridad, ahí la personalidad conciliadora, intelectual, idealista, filósofa de Gaviria aún no nos dice nada.

Parecerse a la personalidad de Gandhi sirve. Pero falta un brochazo de la decisión de Churchill para ganar las guerras. Porque en la parte operativa, a la hora de garantizar la seguridad, el país se siente en caos.

En sus sesudos 60 puntos de campaña, a buena hora se ocupa de las formas deseables en la política; del cambio social; de la protección de la libertad como bien supremo; de la crisis ambiental; de la inequidad; de las fallas del mercado; de la lucha contra la corrupción; de la igualdad de género; del futuro de los jóvenes; del desarrollo rural. Pero apenas allá abajo, por fin, aterriza en la recuperación de la seguridad, para lo cual da 4 claves elementales, sin mucha novedad: protección de los derechos y libertades ciudadanos, presencia integral del Estado, recuperación de la confianza ciudadana, limpiar la corrupción de la Fuerza Pública e implementar el acuerdo de paz. Para recuperar la seguridad del país, ese ideario es corto. Pero, sobre todo, se echa de menos que en sus 60 puntos iniciales de programa no se ocupe en ninguno de la crisis de la justicia.

Apostándole a la posibilidad de que pudiera ganarle a Gustavo Petro en segunda vuelta, diría lo siguiente: todo depende de si Alejandro Gaviria logra saltar por encima de toda la rabia social que encarna Gustavo Petro, para aterrizar con suficiente credibilidad en las soluciones.

Entre tanto... El populismo punitivo de la cadena perpetua para violadores era evidente. Pero, ¡qué equivocación de la Corte tumbarlo, defendiendo la “dignidad humana” de los violadores!

MARÍA ISABEL RUEDA

(Lea todas las columnas de María Isabel Rueda en EL TIEMPO aquí).

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