La elección del coronavirus

La elección del coronavirus

Estadounidenses están haciendo mercado para días revueltos y ha aumentado compra de armas.

01 de noviembre 2020 , 01:09 a. m.

Así han apodado, con razón, las presidenciales del próximo martes en EE. UU. Porque es muy probable que sin pandemia Trump habría sido reelegido. Ninguna de las críticas que le hacen, ni su afición por las falsas verdades, ni su incapacidad de salvaguardar los valores norteamericanos, ni la exacerbación de la polarización partidista, ni los brotes raciales, ni la xenofobia, ni el acoso y persecución contra quienes considera sus enemigos, ni la manera como ha reducido instituciones nacionales a feudos personales, nada de eso pesa tanto contra la reelección de Trump como el manejo que le ha dado al covid-19.

Su desprecio por la ciencia, por los científicos y por los tapabocas, convertidos hoy en símbolo político (el 80 % del electorado de Biden usa máscaras, mientras solo lo hace el 43 % de los de Trump), ha llevado a EE. UU. a la cabeza mundial de las fatalidades de la pandemia. Ayer mismo lo veía en uno de sus famosos ‘rallies’, rodeado de cientos de personas sin tapabocas, decirles: “Si yo me curé, cualquiera puede hacerlo”, mientras recomendaba, adivinen: pues sí, uso de tapabocas y distanciamiento social a una multitud apretada como en lata de sardinas...

Claro: no hay que llegar al extremo de la ridiculez de Obama de decir que Trump no puede ser reelegido porque ni siquiera pudo cuidar de su propia salud. Nadie está a salvo del contagio. Pero sí está comprobado que después de los ‘rallies’ de Trump, el contagio ha llegado a subir en más del 82 % en muchas de esas localidades. En cada rally de esos, el coronavirus está apeñuscado a su lado y a punto de estrenar nueva casa, su cuerpo. Hoy se contagian más de 70.000 personas al día en EE. UU., y los muertos podrán llegar a 400.000 en febrero.

Pero, si se trata de cumplir promesas de campaña, de Trump hay que reconocer que prácticamente todas las cumplió. Hasta llegada la pandemia, mantuvo su promesa de mantener al país creciendo. Su reducción del impuesto en 2017 fue un oportuno estímulo fiscal. A finales del año pasado el empleo estaba en su mejor nivel de medio siglo. Los salarios peor remunerados mejoraban. Había reescrito tratados comerciales, ajustado tarifas a los países que señalaba de estarles robando empleos a los gringos, la inmigración había decrecido. ‘Promesas hechas, promesas cumplidas’. (Fuente: ‘The Economist’). No construyó el muro, pero en chiste se dice que hoy son los mexicanos los que lo piden, para evitar que les pasen el contagio…

Hoy, el camino de Biden hacia los mínimo 270 votos del Colegio Electoral que necesita para ganar está más despejado que el de Trump, pero los márgenes aún son estrechos, y expertos recomiendan no menospreciar la capacidad de Trump para darle la vuelta a su campaña.

Aunque Biden no garantiza, ni de lejos, que será una cura milagrosa, ha proyectado simpatía y compasión, mientras Trump se aferra a su imagen de furia y hostilidad. Pero no hay duda de que el presidente ha hecho una campaña mucho más agresiva, pues, como dice, Biden ha parecido más encerrado todo el tiempo en un sótano, junto con su candidata a ‘vice’, Kamala Harris. La estrategia del presidente ha sido coherente en intentar conquistar en sus propios campos de batalla los estados claves. No faltan quienes creen que, por su edad, Biden servirá de caballo de Troya para llevar a la izquierda a gobernar a EE. UU. Otros, en cambio, ven a Biden como un hombre decente que no acabará con la animosidad, pero sí emprenderá el camino a la reconciliación.

El problema vendrá con el conteo. Porque los resultados de las elecciones, que oficialmente son el próximo martes, pero que comenzaron ya hace un mes con el voto anticipado, podrían enfrentar monumentales batallas legales, lo cual augura que entre diciembre y enero podría todavía haber confusión. Aunque puede surgir un “ganador proyectado” en la primera o segunda semana de noviembre, el voto del Colegio Electoral, que es el que realmente elige al presidente, será el 14 de diciembre.

La gran pregunta es: ¿si pierde Trump, permitirá una transición pacífica hacia el cambio de gobierno? Mejor dicho: ¿derrotado Trump, sí se irá?

Datos muy preocupantes indican, según el Voter Study Group, que cada 5 estadounidenses creen que se justifica la violencia si el otro partido gana. Es una minoría, pero el 60 % de los miembros de un partido creen que los del otro son una amenaza para EE. UU., más del 40 % los considera malvados y 20 % cree que son animales.

Hoy hay estadounidenses haciendo mercado para días revueltos que pueden venir, y ha aumentado la compra de armas. La incógnita, pues, se llama Donald Trump.

Entre tanto… Lo que ‘Santrich’ llama “ajusticiamiento” de Álvaro Gómez, los demás lo llamamos asesinato.

MARÍA ISABEL RUEDA

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