La defenestración de Bolton

La defenestración de Bolton

El despido del asesor de Seguridad John Bolton es uno más del ‘reality’ Casa Blanca.

15 de septiembre 2019 , 12:01 p.m.

El despido del asesor de Seguridad John Bolton, el mismo que intentó tumbar a Nicolás Maduro con una agenda amarilla argollada que traía la anotación de “5.000 tropas de EE. UU. para Colombia”, es uno más del ‘reality’ Casa Blanca.

Bolton sucedió al general H.R. McMaster, que duró un año, a quien Trump reemplazó por una figura “más dura”. Entre los más célebres despedidos están: el secretario de Trabajo Álex Acosta, fuera por haber ayudado judicialmente al magnate Epstein en sus escándalos sexuales con menores. El secretario de Defensa, general Jim Mattis, por exigir respeto por “los aliados” de EE. UU. El fiscal general, Jeff Sessions, por no haber sido su fiscal de bolsillo en “investigar” la influencia rusa en la campaña del 2016. El director del FBI, James Comey, por denunciar presiones para cerrar la misma investigación; fue informado por TV de su despido. John Kelly, jefe de personal de la Casa Blanca: nunca logró controlar el comportamiento caótico de su jefe. Había sucedido a Reince Priebus, por supuestas filtraciones de este a la prensa.

Muchos otros funcionarios se han caído por escándalos, o renunciado desilusionados. El secretario de Estado Rex Tillerson se fue luego de que se dijo que llamó “idiota” a Trump. Gary Cohn, principal asesor económico de la Casa Blanca, por su oposición a los aranceles al aluminio y el acero. Los directores de Comunicaciones Mike Dubke, quien solo duró tres meses en el cargo; Hope Hicks, porque admitió que a veces decía “mentiras blancas” para proteger a Trump, y Anthony Scaramucci, que duró 10 días. Su secretaria de prensa, Sarah Huckabee Sanders, quien había sucedido al irascible Sean Spicer, inmortalizado por la imitación de la actriz Melissa McCarthy en ‘Saturday Night Live’, insultando a los corresponsales en la Casa Blanca. Rob Porter, secretario del Gabinete, asediado por denuncias de abuso físico de sus exesposas. Tom Shannon, diplomático especialista en América Latina. El número dos del Departamento de Justicia, Rod Rosenstein, quien nombró al fiscal especial Robert Muller, ganándose la animadversión presidencial. Kirstjen Nielsen, secretaria del Departamento de Seguridad Nacional; Brett McGurk, enviado de Trump para la coalición contra el Estado Islámico. Ryan Zinke, secretario del Interior, colmado de conflictos de intereses. Don McGahn, abogado principal de la Casa Blanca. Helen Aguirre Ferré, su portavoz hispana. Scott Pruitt, jefe de la Agencia de Protección Ambiental. Joe Hagin, subjefe del Gabinete. Tom Bossert, jefe de Seguridad Interna. El secretario de Asuntos de los Veteranos, David Shulkin, y el secretario de Salud, Tom Price, por supuestos manejos indebidos de dineros públicos. Steve Bannon, el ultraderechista y racista estratega de su triunfo. El consejero de Seguridad, general Michael Flynn, por sus conversaciones con el embajador ruso.

La lista mide no solo descontrol sobre su equipo, sino frágil directriz de sus relaciones internacionales, en las que sus estados de ánimo lo pueden poner tan fácil a hablar con Putin, como con el líder norcoreano, Kim Jong-un, o, ¡con los talibanes!, y hasta con Maduro... mientras maltrata las relaciones con Alemania, Gran Bretaña y Francia, y matonea al poderoso chino.

Bolton fue un abierto partidario de la intervención militar en Venezuela, pero Trump la quería ver rodeado de otros países de la región. Este globo se desinfló. Ni siquiera entre los países del Grupo de Lima hay apoyo. Incluso Chile y Perú la han desechado públicamente.

Ahora nos encontramos ante el tratado de asistencia recíproca, Tiar, anacrónico producto de la Guerra Fría, que solo ha resultado efectivo una vez, para aislar a Cuba.

Logramos reunir 12 de 19 votos para “activar el procedimiento”, pero falta convocar un órgano de consulta que considerará las medidas apropiadas, desde el aislamiento diplomático –en lo que ya están todos los países que reconocieron al presidente Guaidó– y el económico –en lo que está EE. UU., y que le cae encima a Colombia como motor de la emigración– hasta la remota posibilidad de una intervención militar. Pero para activar el resto del Tiar se necesitaría que Colombia haya sido agredida militarmente, y, aunque pueda sonar absurdo por su protección a la guerrilla colombiana, esa agresión, técnicamente, no se ha dado, y Maduro viene elaborando la teoría de que el agresor no es Venezuela, sino Colombia.

Para eso, lo que faltaba era que Guaidó apareciera retratado en la frontera con dos caracterizados narco-paramilitares, y por lógica que pueda llegar a ser la explicación del ‘encontrón’ en la trocha, la inoportunidad de la foto es inaudita.

Entre tanto... Lo más irónico sería que Bolton haya sido defenestrado porque resultó... más duro que Trump.

MARÍA ISABEL RUEDA

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