¿Genuflexar ante EE. UU.?

¿Genuflexar ante EE. UU.?

Preocupa que la política antidrogas en Colombia quede al vaivén de las decisiones judiciales.

28 de abril 2019 , 05:12 a.m.

Cuando vuelve a ponerse sobre el tapete la posibilidad de asperjar, uno de los mecanismos aún no verificablemente derrotados en cuanto a su eficiencia para combatir el flagelo, sus enemigos lo convierten en una actitud genuflexa de Colombia ante EE. UU. En cambio, debería de ser principalmente producto de una profunda preocupación colombiana, no solo por las 230.000 hectáreas que se calcula hay sembradas, sino porque el país ha pasado del octavo al cuarto puesto como consumidor de drogas en Suramérica. No toda se la aspiran los gringos. Aquí se queda una importante proporción para el microtráfico, con la que se ha logrado que nuestros niños, cada vez a más temprana edad, hoy antes de los 12, se inicien en su consumo.

En cuanto al tema de la extradición, los gringos no son los únicos que tienen motivos para estar preocupados. Si cualquier persona, no importa cuál sea el grado o la trascendencia de su verdad, acude ante la JEP a contarla, queda a salvo de que lo extraditen.

En conjunto, las autoridades de EE. UU. perciben, por causa de la mezcla de este articulejo de la no extradición con el caso Santrich, más la confusión sobre la forma como deben tratarse los delitos cometidos después del 1.° de diciembre de 2016, que en Colombia cuentan con más colaboración del Gobierno que del Estado. Por eso, Trump regaña a Duque como si el régimen presidencialista de acá fuera tan fuerte como el de allá. Como si dependiera solo de Duque la decisión de volver a asperjar o quitar de la ley estatutaria algunos de sus esperpentos, porque se ha abierto carrera en la JEP que extraditar a un maleante será garantía de que en Colombia vayamos a perder la verdad que pueda contar: pero en las últimas épocas ha habido más de 1.500 audiencias virtuales de extraditados desde Nueva York. Luego no es cierto. Pero a EE. UU. le ha entrado una desazón con Colombia que amenaza la relación estrecha, juiciosa y el apoyo operativo que nos viene brindando, no solo logísticamente sino en recursos a la Fiscalía, al CTI, a la Defensoría, al Ejército, a la Policía, a la Fuerza Aérea, a la agricultura, la salud, el desarrollo alternativo, los desplazados, la justicia, desde a los jueces hasta a las altas cortes. Con el Plan Colombia han entrado en los últimos 20 años 10.000 millones de dólares, sin incluir la ayuda militar. Querámoslo o no, es un aliado al cual hay que cuidar porque lo que a ellos interesa nos debería interesar a nosotros primero, y más.

Para manejar esta relación con EE. UU. no se necesita la genuflexión. Esa dejémosela a Gustavo Petro, de quien los wikileaks nos revelaron que a la hora de negociar sus relaciones con los gringos, prefirió traicionar a los suyos y relacionarlos con las Farc como pago de su fidelidad. Ni los fajos de plata en la chuspa dicen más de la verdadera naturaleza de Petro. En cuanto a las confesiones de Sergio Fajardo a EE. UU., según WikiLeaks, y para no saber que lo estaban grabando, es al revés: más resulta lo que lo beneficia que lo que lo perjudica, al haber dicho que no haría alianzas contra Uribe. Es decir, confirma su tibieza con los gringos, que ya también lo deben de tener calibrado.

Recientemente, el embajador de EE. UU. ha dicho que se siente engañado por Santos, De la Calle y Sergio Jaramillo. Como Obama le compró limpiecito el acuerdo de paz a Santos, se dejaron convencer de que la extradición no sufriría ningún cambio. Me cuenta una buena fuente que EE. UU. le ha pedido insistentemente a Santos, o en su defecto a De la Calle o a Jaramillo, que salgan a aclarar lo que escribieron, pero ninguno ha querido hablar. De la Calle está actualmente ocupado defendiendo a Mockus, como dijo el Maestro Osuna, en su primer caso profesional como abogado desde que le ayudó a Santos a cambiar el No por el Sí. Entonces que lo haga Bernard Aronson, el enviado especial estadounidense a las negociaciones de paz. Él sí debe poder responder si la extradición en Colombia acabó o seguirá siendo un importante instrumento de colaboración judicial.

Lo que más preocupa es que la política antidrogas en Colombia quede al vaivén de las decisiones judiciales. La JEP protegiendo extraditables y la Corte Constitucional guardando silencios que no la comprometan sobre los peligros o los beneficios de la fumigación aérea.

Pero al que EE. UU. seguirá jalándole las orejas será al presidente Duque, que en materia de lucha contra las drogas heredó la vajilla rota. Y quién se lo explica a Donald.

Entre tanto... Pretender que como Mockus es Mockus, le borren sus inhabilidades como representante legal de Corpovisionarios me recuerda la cultura del atajo.

MARÍA ISABEL RUEDA

Sal de la rutina

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