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¿Fajardo vive?

¿Fajardo vive?

Fajardo es de los premiados. Muchos lo conocen. Gaviria es de los castigados. Prácticamente nadie.

31 de octubre 2021 , 07:01 a. m.

Puede que Alejandro Gaviria haya muerto políticamente en su rompimiento con la Coalición de la Esperanza. Lo deja maltratado que sus posibilidades, electorales ahora, hayan pasado a depender plenamente de un apoyo, cada vez más difícil de esconder, proveniente del oficialismo liberal.

Eso pareció quedar claro esta semana, cuando Gaviria llegó a conversar con la Coalición de la Esperanza, en busca de un acercamiento grupal para escoger de ahí al candidato que enfrentará a Petro. Su resumen de la reunión fue: “No salió bien, no encontré ánimos de unión ni siquiera para una consulta en marzo. Será siempre muy difícil unirse alrededor de una pretendida superioridad moral, de los señalamientos y las suspicacias”.

Sergio Fajardo dice que, reprimiendo el impulso de hacerlo inmediatamente por la rabia que le causó la “pretendida superioridad moral” que según Gaviria encontró en la Coalición de la Esperanza, contestó: “Esta no pretende ser una lección de moralidad, sino de profunda convicción de que para derrotar las prácticas clientelistas, que son la puerta de entrada a la corrupción, no podemos hacer alianzas con quienes las representan”.

Se filtró que en la reunión de Alejandro Gaviria con la Esperanza, el asesor que puso Santos, Martín Carrizosa, preguntó, con mejores modales, si lo que todos querían allá era que cogieran a patadas a César Gaviria. Y le contestaron los de ese lado que esa posibilidad no podía ser un problema que se le trasladara a la coalición. Pero es verdad que exigirle a Alejandro Gaviria vetar al Partido Liberal fue un acto de pretendida superioridad moral que él no llegó a comprender ni a aceptar. Tratar a Gaviria “César” como un jefe vergonzante es un imposible moral para Alejandro G. Sencillamente está por fuera de toda discusión sacarlo de un portazo, aunque alcanzaron a proponerle alguna de esas cosas absurdas en la Coalición de la Esperanza.

Pero claro. Que Alejandro Gaviria se haya negado tiene sus consecuencias. Una, que sus aspiraciones en el equipo de los “independientes” de la Coalición de la Esperanza llegaron hasta acá. Y la otra, más complicada, es que con este episodio Gaviria pasó de ser la contraparte de los extremos de izquierda y derecha a convertirse en contraparte del propio centro. Conclusión: así como nació como candidato de la nueva Colombia, Alejandro Gaviria, en manos del PL, peligra al quedar de candidato de la vieja Colombia.

¿Y a quién favorece eso? Ante todo, a Sergio Fajardo. A quien ya muchos daban políticamente por muerto. En contraste, tiene una candidatura que está vivita y coleando y con vigencia en crecimiento. Haber sido derrotado en elecciones anteriores (lleva ya dos presidenciales) recuerda lo que antecesores como BB y Andrés Pastrana supieron hacer: capitalizar su experiencia fallida de candidatos repitentes. Estas derrotas dejan a sus aspirantes en un nivel de conocimiento que no logran igualar sus rivales en pocos meses de campaña. Fajardo es uno de los premiados. Muchos lo conocen. Gaviria es uno de los castigados. Prácticamente nadie.

Y hasta ahora, Fajardo había sido el inmediato rival de Alejandro Gaviria, porque encarnan lo mismo. Son alternativos, carismáticos, atractivamente adornados con cachumbos y ‘blue jeans’, posando de superioridad intelectual. Además, no asustan ni a la derecha ni a la izquierda. En ninguno de los dos extremos les temen, y, sí, los acusan de no ser “ni chicha ni limoná”. Eso significa que no despiertan, por ahora, pasiones ni a favor ni en contra.

Pero está claro que lo que debilita al uno fortalece al otro. Y precisamente el rompimiento de Gaviria con la Coalición de la Esperanza, por haber preferido no practicar vetos contra el expresidente Gaviria, fortalece la aspiración de Fajardo.

A quien todavía le quedan por resolver las acusaciones de Hidroituango. No sé qué tan culpable o inocente sea, pero aún no hay nada en firme, por lo que se supone que no le generará ninguna inhabilidad para ser candidato ni habrá ninguna decisión hasta las elecciones. Y Fajardo aún hoy es capaz de unir electoralmente a todo el antipetrismo.

Conclusión: Fajardo, por ahora, parece haberle ganado el primer ‘round’ a su rival Alejandro Gaviria, porque entre dos personas que se pregonan independientes, símbolos contra la política tradicional, contra el clientelismo y a favor de la renovación, Gaviria parece haber preferido relegar todo eso a cambio de asegurar ser el candidato de la poderosa maquinaria desacreditada del Partido Liberal.

No le sobra razón en que, en política, casi nadie le mide las simpatías al covid.

Entre tanto... Según la tesis del candidato Miguel Ceballos, los partidos pueden ayudar con dineros y maquinaria pero no a recoger firmas, sino una vez instituidos los candidatos. Lo otro es trampa.

MARÍA ISABEL RUEDA

(Lea todas las columnas de María Isabel Rueda en EL TIEMPO aquí).

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