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Fajardo: ¿justicia o emboscada?

Fajardo: ¿justicia o emboscada?

La decisión de la Fiscalía se deslegitima por parecerse a un instrumento de interferencia política.

El gran periodista investigador Alberto Donadío escribe en su columna de ‘El Espectador’ que, siendo fiscal, Eduardo Montealegre señaló públicamente a Luis Alfonso Hoyos, número dos en la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga en 2014, de financiar actividades ilegales del famoso ‘hacker’. “El escándalo público que armó el fiscal fue un montaje, una farsa, un engaño, una patraña, una mentira, un fraude y una baladronada, como casi todo lo de Montealegre”. Al final añade: “Fue un mandado político en campaña electoral en pro de Juan Manuel Santos, que sí se benefició con el daño causado a otros”.

Yo le agregaría otro pedazo al capítulo. El mismo ‘hacker’ fue infiltrado por un ‘contrahacker’ desde la Fiscalía. Con la misión de reunir unas supuestas pruebas de que el equipo del candidato compraba información, que, como se vino a saber, era sacada de Google, sobre las negociaciones de paz. El escándalo se hizo explotar en un momento escalofriantemente oportuno: una semana antes de la primera vuelta en la que terminó de todas maneras ganando Zuluaga, pero por menos de lo que se esperaba. El resultado en la segunda vuelta se volteó y ganó Santos. Tiempo después, Montealegre le reclamó a Santos su ingratitud. ¿Qué le estaba cobrando? Suponemos que no le hubiera ternado para fiscal a su ficha, su vicefiscal José Fernando Perdomo. Gracias por ello a Santos. Se habría prolongado el entable chantajista, oportunista, arbitrario, politizado e ineficiente que caracterizó a la fiscalía de Montealegre.

Superada esa fiscalía, que tuvo la complicidad de muchos medios y comentaristas porque bebían de sus fuentes, pasamos a la de Néstor Humberto Martínez. Tuvo la mala suerte de que sus mejores clientes, como abogado particular, terminaron, por las vueltas de la vida, envueltos en procesos que él tenía que resolver. Mala vaina para un fiscal. Y, en medio, sus oportunas advertencias sobre corregir chambonadas de los acuerdos de paz, para que de verdad fuera el “mejor acuerdo posible” que pregonaba De la Calle, terminaron en la calumnia de un montaje, cuando la realidad era que ‘Santrich’ andaba negociando drogas. Por todo ello, Martínez terminó acusado de ser un enemigo de la paz, algo totalmente injusto y que tiene en peligro su vida.

Y de ahí pasamos a la era del fiscal Francisco Barbosa. Su juventud, preparación académica y probidad profesional auguraban un fresco sacudón en la institución. Pero no la ha tenido fácil. Llegó precedido de la fama de que era un funcionario de bolsillo del uribismo. Y, claro, por supuesto, su petición de precluir el proceso de Uribe, por justa que haya sido, quedó pringada de sospechas.

Ahora Barbosa tiene la papa caliente de la acusación penal contra el exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo por “peculado por apropiación a favor de terceros, agravado, y contrato sin cumplimiento de requisitos legales”. Da hasta 18 años de cárcel.

A ver: en épocas del gobernador Fajardo, el departamento sí sufrió por ese motivo un detrimento patrimonial, comentado hace rato en esta columna, porque el dólar se encaramó.

Hasta ahí que investiguen, pero no veo el dolo.

La verdad es que si hubiera que castigar a quienes no han logrado predecir el alza del dólar o el aumento de los precios del petróleo, tendrían que estar presos todos los ministros de Hacienda de este país, sus funcionarios más altos y hasta uno que otro presidente.

Segundo, no existe el delito de devaluación del peso. Imputarle a Fajardo un enriquecimiento de terceros es bastante forzado, porque el banco recibió los mismos dólares que prestó, así aparentemente una de las secretarias de la gobernación tuviera un puchito invertido en el banco del empréstito.

Por último, la justicia no solo tiene que ser proba, sino oportuna. Han pasado nueve años desde que se celebró el empréstito. ¿Y qué momento escoge la Fiscalía para imputarlo? Precisamente ocho días después de que una encuesta supercompleta de ‘Semana’ revelara que Fajardo sería el único, hoy por hoy, que podría ganarle a Petro en la segunda vuelta.

Nada que hacer: la decisión de la Fiscalía se deslegitima por parecerse sospechosamente a un instrumento de interferencia política.

A lo mejor Sergio Fajardo es un mal administrador. Pero un pícaro, un ladrón, no lo es. Y la manera tardía, inoportuna y confusa de la decisión de la Fiscalía así lo está sugiriendo.

¿Sin querer queriendo? Porque desde que Montealegre inauguró la era en la que los fiscales hacen favores o ‘malduchas’ electorales, a Fajardo, que está sonando tanto como el candidato predilecto de Juan Manuel Santos, muy seguramente le aparecerán insospechados enemigos.

Entre tanto... En esta Semana Santa tan aburrida, no he sabido bien qué hacer: si rezar o pecar.

MARÍA ISABEL RUEDA

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