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¿Equivocación o fracaso?

¿Equivocación o fracaso?

No es que la estrategia de Colombia contra Venezuela haya sido equivocada. Simplemente fracasó.

01 de agosto 2021 , 02:46 a. m.

Puede que esto se trate de una estrategia montada entre Colombia y EE. UU.; nosotros, como el ‘policía malo’ que pide incluir a Venezuela en la lista de países terroristas; y EE. UU., el policía bueno, que negocie la salida pacífica de Maduro a cambio de no imponer esta sanción.

Pero no creo. Lo más probable es que EE. UU. no vaya a aprobar la petición colombiana de incluir a Venezuela en la lista, y más bien esté propiciando una reunión de la oposición con Maduro, camino por el cual lo que pide Colombia sería contraproducente, y prefiera apuntarse a una nueva realidad.

¿Que es cuál? Maduro no se está yendo. Y Guaidó ya no existe.

No es que la estrategia de Colombia contra Venezuela haya sido equivocada. Es que simplemente fracasó. Desde que estuvimos al frente del operativo de engendrar a un presidente venezolano interino, que en principio sí fue reconocido por un amplio número de países, y con el que luego tratamos de tumbar a Maduro con un concierto en la frontera, la estrategia comenzó a flaquear. Hasta caímos en el ridículo de dirigirle una carta a Guaidó para que, con su autoridad como Presidente interino, ordenara que nos extraditaran a Aida Victoria Merlano. Desde entonces, la situación con Venezuela no ha hecho sino empeorar.

Yo entiendo y acompaño al presidente Duque en su indignación por los últimos acontecimientos planeados desde Venezuela contra su vida y contra la Brigada 30 de Cúcuta, donde al parecer el blanco eran principalmente los militares norteamericanos. No se trata ni por un segundo de arrodillársele al régimen Maduro, ante sus fuertes tentáculos que afectan aquí la tranquilidad nacional. Pero sí, de reconocer que nuestra estrategia fracasó y que debemos movernos hacia otro tipo de diplomacia, la de la realpolitik, que incluya una mayor flexibilidad.

Es cierto que Venezuela ampara a las guerrillas colombianas en su territorio y es probable que, picado por esta nueva movida de Colombia, las proteja aún más. Pero hay otras realidades que empeoran frente a un Maduro, quien en sus actualmente nulas relaciones con Colombia, pues no tiene absolutamente nada que perder, háganos lo que nos haga; cuando precisamente la diplomacia se trata de eso: de que los países cuiden ciertas etiquetas frente a los demás, si desean fomentar la estabilidad de las relaciones, o si no, algo pierdan. Una de esas realidades a las que me refiero es que existe una zona en la frontera que ya ni siquiera Maduro ni su ejército controlan. Está en manos del hampa. Es donde existen mayores cultivos de coca y viven disparándose unos contra otros sin que Venezuela esté en capacidad alguna, por no hablar de desinterés, de imponer el orden. ¿Qué sacamos con no podernos poner ni siquiera de acuerdo con Maduro para combatir el enemigo común?

La estrategia colombiana no ha hecho sino agravar un enfrentamiento que hasta ahora no ha conducido a nada distinto de empeorar la situación. Medidas más fuertes contra Venezuela no se avizoran en el horizonte multilateral. Hasta Perú, que reconocía a Guaidó, recibió ya en la ceremonia de posesión del presidente peruano, Pedro Castillo Terrones, al vice-presidente venezolano, pero el de Maduro.

Y qué buen ejemplo el del Perú. Duque hizo exactamente lo que le correspondía. Ir a la posesión del nuevo mandatario de un país vecino, Castillo, aunque ante su inexperiencia e ignorancia de la política y de la economía no sepamos si morirnos de la risa o del terror solidario con el futuro del Perú. Gobierno, mientras dure, con el cual deberemos mantener relaciones a toda costa, para que no se nos vuelva una segunda Venezuela.

EE. UU. no moverá un dedo por el interés de Colombia, sino por el suyo. Y puede que coincidan, pero no son los mismos. ¿O pretenderemos que a EE. UU. le interesen más nuestras demandas que su pulso de poder con China, Rusia e Irán, que tiene en Venezuela un inesperado escenario? Además, los EE. UU. no se enteraron ayer de que Maduro protege a las Farc y al Eln en su territorio. De haber querido actuar en la línea en la que se lo pide ahora Colombia, lo hubieran hecho desde Trump. Su entonces asesor de seguridad, John Bolton, le dijo que Maduro era “fácilmente derrocable”. Y primero se cayó Bolton...

Por último, no me parece buena estrategia de Duque que toda esta pésima relación con Venezuela sea de carácter inamovible, hasta el día en que él salga del poder. No le conviene que las cosas se vean así el día de mañana: que como Duque ya se fue, ahora sí podemos arreglar el problema con Maduro.

Entre tanto... El traje de posesión del presidente Castillo era una mezcla de Evo, Maduro y Correa, pero con el sombrero como su toque personal.

MARÍA ISABEL RUEDA

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