El sarao judicial

El sarao judicial

Si Uribito fuera Boterito o Bedoyita, el tema no sería el centro de atención de la opinión pública.

24 de mayo 2020 , 12:45 a.m.

No tengo simpatía por Andrés Felipe Arias. Lo conocí en el sumun de su soberbia, ejerciendo como ministro de Agricultura. Se enorgullecía con su apodo de Uribito, convencido de que sería el sucesor de Álvaro Uribe; hasta que en una consulta interna del partido, lo derrotó Noemí. Sin embargo, soy capaz de reconocer la falta de proporcionalidad de su condena, en un país donde un asesino puede llegar a pagar hasta 8 años de cárcel, y quien nada se robó, pero incurrió en unos muy polémicos manejos de ayudas al agro, hasta 17.

Es el único motivo por el cual este hombre, condenado en plena guerra de la Corte Suprema contra Álvaro Uribe, se volvió el símbolo político de esa desgastadora pelea. Si no fuera Uribito sino Boterito o Bedoyita, el tema no estaría en el centro de atención de la opinión pública, la Corte Suprema no lo habría convertido en su obsesión y a la Constitucional no le habría tocado acomodar un fallo para que nadie fuera a pensar que era una gabela de la justicia al funcionario más odiado del gobierno Uribe.

A propósito, conocido el fallo de la Constitucional, la Suprema emitió un comunicado en el que acusa a la primera de haber hecho un cambio “intempestivo” en las reglas de juego (como si todo cambio no fuera intempestivo) y que lo acatará aunque no lo comparta. Por ahora, habrá que ver cómo resuelven los jueces futuras tutelas idénticas a las de Uribito. Más cuando la Corte ha promovido los efectos ‘inter comunis’, que deben aplicar los jueces para proteger los derechos de todos los afectados por la misma situación de hecho o de derecho, en condiciones de igualdad, y no limitarse al interesado que interpone la tutela. Pero lo que sorprendió del comunicado fue su tono virulento, dejando ver claramente que este no es un mero asunto de derecho, sino personal y político, de la Corte Suprema hacia Arias. Hasta llegó a cuestionarles a los gringos la demora de la extradición de Arias, con nombre propio, en un foro de la justicia en Cartagena, dando pie el discurso del presidente de la Sala Penal, Hernández, para pensar que esto podría desembocar en que las extradiciones de aquí hacia allá entrarían en un período “más pausado”, hasta que nos mandaran a Arias.

De su lectura se desprende que la Constitucional tuvo que hacer del fallo una especie de sarao, para que, por ser Andrés Felipe Arias, a él no le corran los términos normales de cualquier juicio, ni que se le vayan a aplicar los beneficios derivados del transcurso del tiempo, aunque se trate del mismo juicio, no de uno nuevo, tal y como le correrían a cualquier otro mortal que no fuera Uribito y que podrían conducir, incluso, a su prescripción.

La C. Constitucional no tenía opción distinta de fallar en el sentido en que falló con la segunda instancia. No solo la Constitución, sino los instrumentos internacionales vinculantes para Colombia, como la Convención Interamericana sobre Derechos Humanos y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, reconocen esa garantía. Pero la Corte no hubiera resistido el escándalo de que por causa de ese fallo que le tocaba emitir, Uribito llegara a quedar libre por prescripción, como de pronto habría ocurrido con cualquier otro colombiano que no fuera Uribito.

Pasó, por ejemplo, en el caso del exministro Rodrigo Villamizar, famoso por el escándalo de corrupción del ‘miti-miti’ en eras de Samper. Una tutela que le reconoció una nulidad hizo prescribir el proceso. No pasó lo mismo con su otro ‘miti’, el exministro Saulo Arboleda, que desde entonces aguarda el resultado de su tutela, en cuyo fólder, me cuentan, alguien metió accidentalmente una carta manuscrita del expresidente Ernesto Samper, en la que recomienda la tutela a la magistrada ponente. Cosas que se van sabiendo.

Y a medida que: 1) se aclara cuántos condenados en única instancia vienen detrás de Uribito, a reclamar lo suyo; 2) se aclara si la Corte Constitucional puede borrar la prescripción del proceso contra Uribito, por ser Uribito, con el argumento bastante raro de que esta apelación que le concedieron tiene más cara de recurso de revisión que de apelación; 3) pues ahora viene la aclaración de otro gran lío: la cantidad de corruptos, ‘paras’, narcos que fueron investigados y juzgados por la Corte Suprema, cuando las garantías procesales establecen que el juez investigador no puede ser el mismo juez que dicta la sentencia. Esto se arregló en 2018, pero de ahí para atrás... Habrá guachafita de peticiones de nulidad.

Entre tanto... ¡Que liberen a los mayores de su arresto domiciliario!

MARÍA ISABEL RUEDA

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.