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El enigma de Óscar Iván

El enigma de Óscar Iván

De pronto, creía que el camino estaba listo para que lo proclamaran, y no ha sido así.

18 de julio 2021 , 02:05 a. m.

Desapaciguadas, pero todavía semiquietas, andan las aguas de la política electoral colombiana.

Por ejemplo: por fin tienen despejados, tanto Óscar Iván Zuluaga como su hijo David, su panorama judicial, por hechos relacionados con la campaña presidencial de 2004. ¿Entonces, por qué no se lanza Zuluaga a recuperar la candidatura que considera le fue arrebatada, cuando hace cuatro años, en la reelección de Santos, tenía ganada la primera vuelta y acariciaba la victoria en la segunda?

Es un misterio, con una posible explicación. Que de pronto, Óscar Iván creía que el camino estaba listo para que lo proclamaran, y no ha sido así. A sus aspiraciones se les rebeló su copartidaria, la senadora María Fernanda Cabal. Cuando se creía que ella lo recibiría con los brazos abiertos, resolvió, engolosinada por su éxito mediático de los últimos días, mantener su precandidatura. Y la verdad, con su vistosa aspiración, ha logrado desvanecer la de otros posibles candidatos del Centro Democrático, como Paloma Valencia, Paola Holguín, María del Rosario Guerra, Edward Rodríguez, Ernesto Macías, Margarita Restrepo, Carlos Felipe Mejía y el exviceministro de Justicia Rafico Nieto. No parecen quedar sino dos contendores en el ruedo. Ella y Zuluaga.

La Cabal, como no le choca que le digan, dejó de ser un chiste. Hoy es una candidata semiviable, con capacidad de arrastrar con ella a medio Centro Democrático. Sigue siendo muy pintoresca, políticamente incorrecta, lo cual la ha convertido en un atractivo en escena, pero ya no es la payasa como se la pintaba. Ha logrado crear en el Centro Democrático una encrucijada: por acá, el lado blando, con Óscar Iván. Por este otro lado, el duro, con la Cabal. Y hasta al expresidente Uribe y al presidente Duque los tiene divididos.

A Duque no le puede resultar atractivo que la peor de sus críticas a su estilo de gobierno, la Cabal, del seno de su propio partido, termine siendo su sucesora. Mientras a Uribe, quien hasta considera a Duque “blando”, la Cabal se le ha ido creciendo, porque, como él, no se amedrenta ante los peores críticos. Al punto de que su hijo Tomás ya la apodó en un trino “la Merkel colombiana”; y porque Uribe debe sentir que al poco o mediano empuje que quede del Centro Democrático, le vende más la dureza de la Cabal que la moderación de Óscar Iván. Inclusive puede que Uribe no le perdone a Óscar Iván la forma como él cree que entregó las banderas de la victoria a Santos.

Rememoremos lo que pasó. Una actriz lagarta que fungía de íntima del asesor J. J. Rendón logró convencer al equipo de Óscar Iván de que eso de campañas sin ‘hacker’ no había. Y en realidad no hay, en el mundo, una que entre sus estrategias no incluya “asesores” para descubrir o espiar las debilidades de su contendor. Ella logró vender para el cargo a su marido, Andrés Sepúlveda, que, como ‘hacker’, era regulimbis. Se la pasaba pescando en Google datos que luego entregaba, cotizados como secretos, a la campaña; más concretamente, al entonces asesor espiritual de esta, Luis Alfonso Hoyos, y al hijo de Zuluaga, David, un chino brillante al que sacaron de la Universidad de Columbia para exponerlo a los 24 años en el arriesgado papel de representante legal de la campaña. Por algo dijo Uribe en su momento que a los de Harvard, que no se han paseado dos calles en Colombia, “les meten los dedos en la boca”. A la campaña, el ‘hacker’ embutía datos etiquetados de supercontraespionaje. Era todo tan flojo que el entonces fiscal Eduardo Montealegre resolvió ayudarle a Santos metiéndole a Sepúlveda un “contrahacker”, el ecuatoriano (q. e. p. d.) Daniel Bajaña. ¿Su misión? Espiar a Sepúlveda, mientras este espiaba a Santos.

Todo era puro mugre. Basura. Digo, nada sustancioso. Allí nunca hubo un Watergate ni nada que se le parezca. Unas trastiendas manejadas por unos espías de quinta. Pero con base en ello, Montealegre armó su trama judicial. Y ante la inquietud de que su hijo David terminara envuelto, Óscar Iván se inventó una gripa que lo sacó de escena. Algunos dicen que el triunfo de Santos se debe a esos últimos días, en los que fungió en todos los medios como candidato único. Otros aseguran que también ayudó la plata de Odebrecht, inyectada a última hora.

Montealegre le ha reclamado a Santos por su “ingratitud”. ¿Alguna relación?

Lo cierto es que los candidatos del Centro Democrático tendrán que depender, por primera vez en 20 años, más de lo que ellos logren que “del que diga Uribe”. Quien ya acepta humildemente que, de pronto, su apoyo debe ser invisible, porque se volvió un verdadero hándicap.

Entre tanto... Para proteger el planeta, China enviará cohetes para desviar de su rumbo al asteroide Bennu. Pero nos habría hecho menos daño si nos hubiera desviado el covid...

MARÍA ISABEL RUEDA

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