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El cara a cara de Uribe y De Roux

El cara a cara de Uribe y De Roux

¿Por qué llevaría a tal reunión el padre De Roux precisamente a esa comisionada González?

22 de agosto 2021 , 03:59 a. m.

No me atrevería a afirmarlo. Pero los permanentes ruidos de los animales en la casa de campo de Uribe en Llano Grande, mientras ocurría el cara a cara con el jesuita Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, parecían programados. La perra Lola interrumpía cuando a Uribe se le estaba volando la piedra. Los caballos relinchaban cuando las preguntas de los comisionados tomaban un tono inquisitorio. (O sea, todo el tiempo). Y los alcaravanes y las guacharacas asumieron el encargo de aumentar, con sus sonidos trisílabos, el dramatismo de la reunión.

Muchos terminamos preocupados con la versión de la “verdad” que prepara la Comisión, porque pueda contener falta de objetividad y versiones preconcebidas. Eso se hizo evidente con la presencia, en la cita, de la comisionada Lucía González. Ella no pudo acabar prácticamente su única pregunta, porque al expresidente le molestó su sesgo. No parecía estar dispuesta a escuchar a Uribe sin prejuicios, sino a confirmar lo que ya llevaba escrito en su cabeza.

¿Por qué llevaría a tal reunión el padre De Roux precisamente a esa comisionada González? Primero, porque no es que haya mucho más para escoger entre los miembros de la Comisión, en términos de objetividad y ausencia de ideologías adversas. Pero, al mismo tiempo, ¿por qué no llevarla? Solo se necesitaba que la doctora Lucía se comportara más como lo hizo el otro comisionado presente, Leyner Palacios, sobreviviente de Bojayá, quien, con gran humildad, cautela, respeto e inteligentes reflexiones, logró sacarle más a Uribe por las buenas que el propio cura De Roux. Describió mejor la situación entre Uribe y la comisionada el propio Leyner, quien se quejó, con razón, de que cuando los colombianos discutimos por un desacuerdo, con frecuencia lo resolvemos matándonos.

Los hijos de Uribe, de los que habría sido preferible que no intervinieran tomándose la vocería de la defensa de su padre, no resistieron las ganas de recordar, por los trinos que ha escrito, que la doctora Lucía es admiradora de las Farc, y que cuando ‘Santrich’ estaba a punto de evadirse para regresar a las fauces de la guerra y del narcotráfico, ella lamentó públicamente la falta que le hacían “su sabiduría y alegría”. Ante tan incómodo ‘recorderis’, la comisionada Lucía aseguró que la estaban amenazando, algo que solo ocurrió en su imaginación.

Dos cosas preocupan sobremanera. La primera, que la Comisión de la Verdad esté pidiendo un aplazamiento de su mandato porque dizque el covid la tuvo varios meses inactiva. Con ese argumento, también habría que aumentarles el período al Presidente, a los ministros, a los congresistas, a gobernadores y alcaldes, hasta extender los plazos de los contratos públicos y privados. No fue únicamente la Comisión de la Verdad la que estuvo expuesta a la pandemia y a sus limitaciones… Pero llama profundamente la atención el argumento de la demanda para alegar el derecho a la prolongación del mandato. Según dice, la Corte Constitucional debe revisar el caso, porque nunca analizó “si el plazo de tres años (de mandato de la misma) era razonable en caso de que ocurriera un hecho de las dimensiones y trascendencia de la pandemia que pudiera afectar tan gravemente el funcionamiento de la Comisión”. Según este argumento, la Corte no fue clarividente para adivinar que al planeta le llegaría el covid mucho antes de que diera su primer signo.

También ha trascendido otra explicación más plausible de la verdadera razón por la cual la Comisión quiere prorrogarse su mandato. Y sería la de que el padre De Roux estaría muy preocupado de que la entrega de su informe sobre la verdad, en noviembre, coincida con el inicio en forma de las elecciones. ¿De pronto por el efecto que pueda llegar a producir su contenido (¡cómo será!) como un remezón inmanejable, porque pudiera interpretarse como sesgado a favor de alguna de las tendencias políticas en juego? Pero la Verdad, si es de verdad, siempre es bienvenida. No tiene horario ni fecha en el calendario.

La segunda cosa que preocupa es que el padre De Roux le recordó a Uribe, en la conversación de su finca de Llano Grande, algo que pasó inadvertido. Que entre jesuitas, ellos aceptan que hay cosas que ocurren “influidas por una señal superior, pero sin expreso mandato”. ¿Será que esa es la fórmula que la Comisión de la Verdad le va a terminar aplicando al Ejército como una institución perpetradora de ‘falsos positivos’, o sea, de asesinos en cumplimiento de insinuaciones, bajo aquella señal superior, pero sin el expreso mandato de un determinador que no cuesta trabajo adivinar quién terminará siendo?

Aunque no podrán hacer señalamientos individuales, porque se lo prohíben sus estatutos, no les hará falta. Escuchen a las guacharacas y a los alcaravanes.

MARÍA ISABEL RUEDA

(Lea todas las columnas de María Isabel Rueda en EL TIEMPO, aquí).

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