¿Duplicar muertos?

¿Duplicar muertos?

Lío que salpica al Ejército es producto de interpretaciones periodísticas, más que órdenes reales.

13 de julio 2019 , 11:57 p.m.

Divisiones internas, atribuibles al tango “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, comenzaron a filtrar datos aparentemente escandalosos de lo que estaba sucediendo en las Fuerzas Militares. Recogidos por ‘Semana’, lo de los ‘falsos positivos’ sonaba aterrador. Simplemente, el país no se podía dar el lujo de repetir esa película macabra. Según ‘Semana’, número 1.938, “órdenes emitidas por el general Nicacio Martínez exigían a sus hombres duplicar resultados” (...) Dentro de esas variables, que incluían capturas y desmovilizaciones, “se pedía duplicar el número de bajas”. 

Como en ninguna parte se leía esa instrucción entre comillas, la revista explicó que para muchos, esas directrices, vía interpretación, “podrían revivir la macabra práctica que terminó con el asesinato de 2.500 jóvenes inocentes presentados hace una década como guerrilleros muertos en combate”.

Algo va, desde luego, de una orden directa a la posibilidad de una interpretación. La primera no existe ni existió, mientras que lo segundo, “lo interpretable”, fue deducido por la revista con el apoyo de anónimas voces de miembros internos del Ejército que, de buena o mala fe, supusieron que ello podría conducir a esa conclusión.

En el número siguiente, el 1.940, ‘Semana’ fue más allá. Publicó los formularios con las polémicas órdenes. Los revisé con cuidado, y en ninguno de ellos encontré la frase citada por ‘Semana’ entre comillas: “Hay que duplicar el número de muertos”.

Para ser sinceros, el problema de esos formularios es que jamás se debieron presentar. Son de gran estupidez en cuanto a los fines militares que persiguen y porque, evidentemente, con el antecedente de los ‘falsos positivos’, se pueden prestar a maliciosas interpretaciones.

Es absolutamente torpe poner a un oficial a que en una planilla se comprometa numéricamente con objetivos operacionales, que dependen de tantas variables, como si estuviéramos escogiendo los números de un billete de Baloto. “Contra estos haré mmmmmm... 16 afectaciones, contra estos 108, contra estos de pronto 100”. De poner a adivinar a los generales sobre sus resultados operacionales hacia el futuro no se saca un cuerpo militar élite, con instrucciones claras para dar sus golpes donde sean necesarios y útiles y contenidos por el respeto al DIH. Más ridículo aún es que en el último renglón del primer cuadro se les pida a los mismos comandantes... ¡que calculen cuántas serán las afectaciones de sus propias tropas! Es decir, a los generales los ponen a que adivinen cuántos soldados capturados o muertos tendrán en sus filas este año. ¿Ese es, acaso, un resultado ‘apostable’?

Se demoraron en retirar los formatos. Que jamás debieron repartirse porque, como una forma de medir el potencial y compromiso de nuestras Fuerzas Militares, resulta un instrumento de cero rigor, ideado por alguien con mentalidad de chafarote. Y que, en lugar de potenciar los compromisos de nuestras Fuerzas Militares, para un año que está demostrando ser crucial en la inevitable intensificación de la guerra por la abundancia de coca, condujo fue a la calumniosa acusación de que el Ejército colombiano regresaba a la doctrina del conteo de cuerpos.

El otro aspecto del informe de la revista es grave por otra vía: la de los abusos y la corrupción administrativa. Resulta lamentable que tuviera que publicarse el informe de ‘Semana’ para que las directivas del Ejército estudiaran los casos y terminaran separando del Ejército al general que al parecer vendía salvoconductos, mandaran de vacaciones al que supuestamente utilizaba al Ejército de caja menor y trasladaran al torpe que le dio por ofrecer recompensas y permisos a quien le contara quiénes estaban difundiendo toda esta información, entre la falsa de “duplicar los muertos” y la verdadera de los malos manejos administrativos de dos generales.

Total, este lío que salpica al Ejército es producto de varias cosas. Interpretaciones periodísticas, más que órdenes reales. Desórdenes administrativos reales, más que calumnias periodísticas. Todo arroja un Ejército que debe estar bajo estatus de observación, porque el de hoy no es el mismo que el de hace 4 y hasta 8 años, cuando se respiraba la orden de “hacernos pasito” mientras Santos consolidaba lo del Nobel.

Hoy, la paz está firmada, pero la orden que ahora se respira es: hagámonos duro, porque esto no se ha acabado.

Entre tanto... Urgente. Entró por La Guajira una peste original de Australia, mortal para el banano. Se llama ‘Fusarium’ raza 4. (El mismo ‘mal de Panamá’, pero de generación posterior). No me confirman aún si ya saltó a Santa Marta. Su erradicación puede tardar hasta 40 años. ¿Por qué tienen esta tragedia nacional tan callada?

MARÍA ISABEL RUEDA

Sal de la rutina

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