Derechito pa’ Petro

Derechito pa’ Petro

Desprestigio de las instituciones fortalece a la opción radical que ofrece poner todo patas arriba.

13 de junio 2020 , 11:57 p.m.

Esta crisis del coronavirus, que ha abierto espacio para que mandatarios nacionales y regionales den rienda suelta a su vocación autoritaria, a su filosofía política esencialmente asistencialista y al radicalismo con el que creen que se debe manejar el país para resolverle todos sus males, apunta hoy a que Colombia se desliza derechito a los brazos de Gustavo Petro.

Fajardo, por ahora su más fuerte rival, con una fama de tibio que se merece, no se aventura en opiniones disruptivas, no hace propuestas que despeinen a nadie. Petro, en cambio, ha salido al quite con un radicalismo creciente que a todas luces ya no le interesa moderar o disfrazar, como hacía hasta las elecciones pasadas.

Luego de regresar de un extraño viaje a Cuba que a nadie convenció, acerca de sus propósitos terapéuticos, fue el primero que salió a pedirle sin matices la renuncia a la vicepresidenta Ramírez, porque hace 22 años un hermano pagó cuatro años de cárcel en EE. UU. por un caso de narcotráfico que ella no divulgó públicamente. La denuncia contra Marta Lucía no deja de tener grandes visos de mala entraña; los actos de su hermano no le eran imputables. Salvo por el dolor familiar, le son inanes. El señalamiento se le hizo bajo una burda concepción de la ética, de la moral y del derecho. El proceso en la Florida fue público desde el primer día hasta el último. Lo que es público no se ‘descubre’, porque siempre ha estado a la vista. Pero ella no estaba obligada a ventilar públicamente su tragedia ni a andar presentándose con esa carta por delante en la carrera de su vida pública. No divulgar el hecho no es lo mismo que mentir sobre su ocurrencia. Más bien se trata de un hecho vergonzante que seguramente quiso poner de lado. Haber divulgado públicamente lo que pasó no le habría quitado ninguna de las oportunidades que le ha dado su carrera política, porque su responsabilidad va hasta responder por sus propios actos, pero no por los de su hermano. Pero, además: ¿quedó condenado el hermano de Marta Lucía, luego de pagar su pena, a que su error quedara colgado como una marca en la carrera política de su hermana, o tenía derecho a una segunda oportunidad?

Ahora. Rompiendo ese derecho de su hermano, ella hace rato habría podido haber salido de ese embuchado. Como ha sucedido, porque no es la primera vez que pasa con personajes de la vida pública, eso finalmente alivia y aleja a los buitres que periódicamente llegan a escarbar la carroña. Si no lo hizo, hay que respetar su privacidad. ¿En qué cambia la concepción que merece su trayectoria si su hermano tomó este delicado desvío penal? Y hay que reconocerle que tan dura tragedia no ha apartado a Marta Lucía de un compromiso firme en la lucha contra el narcotráfico, que tristemente cobró como víctima a uno de los suyos.

Cosa distinta es que su marido tenga, él, que explicar los detalles de su asociación en una construcción de un lujoso edificio de la calle 85 de Bogotá, lote que resultó de propiedad de un narcotraficante conocido como el ‘Fantasma’.

Pero el caso de Marta Lucía y su hermano es uno más en la cadena de acontecimientos políticos que están arrasando con la institucionalidad. Acusada de no haber contado lo que no tenía que contar, y sobre lo que cada cual opina tras el prisma de la corriente política en la que milite (con las honrosas excepciones de Claudia López y Humberto de la Calle, mucho más serios y ponderados en sus juicios), contribuye a que el nivel de desprestigio de las instituciones fortalezca día a día a Petro; en seis meses, cuando la gente no tenga empleo, ni comida, la opción del radical que ofrece poner todo patas arriba se vuelve cada vez más atractiva.

Pocos han reparado en que un gobierno de Petro causaría más estragos en la economía colombiana que el coronavirus, volviéndola peor que la de Venezuela, donde no hay una sola transacción, no hay petróleo, no hay gasolina, no hay alimentos, no hay drogas. Aquí, ¾ partes de la población cree que está gobernada por ladrones. Lástima que el episodio de las chuspas de plata a Petro no tenga encima a un investigador doliente que nos diga si formaba parte esa entrega, como se cree, de un engranaje de lavado de activos que consistía en que los narcos daban plata para las campañas a los políticos, así en chuspas, por debajo de la mesa, para que estos se las devolvieran en contratos en los que sus fortunas eran adecuadamente lavadas. No deja de ser extraño que en la casa del señor Montes, donde se entregaron las chuspas, en lugar de sala y de comedor hubiera cientos de archivadores, con contratos cuidadosamente organizados.

Entre tanto... Dicen que el señor Montes está en Suiza. Qué bueno sería un pedido de extradición...

MARÍA ISABEL RUEDA

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