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Denigrar de Duque

Denigrar de Duque

Errores y osos del Gobierno, pero si ninguno de ellos se hubiera cometido, las cosas estarían igual.

13 de junio 2021 , 12:18 p. m.

La memoria de los 21 muertos de estas jornadas de protesta –ojalá la cifra no siga creciendo– quedará grabada en la historia de uno de los gobiernos más difíciles que le han correspondido a un presidente colombiano. Pandemia y levantamiento social en todo el país, carreteras bloqueadas, hambre, muertos y heridos, millones de contagios, falta de hospitales e insumos.

Claro, tampoco puede desconocerse que el Gobierno ha cometido equivocaciones y hasta osos, pero ninguno con la dimensión de agravar el problema. Uno, Duque al presentarse en Cali a las 11 de la noche, cuando la capital del Valle ardía como foco inicial de las protestas; al otro día regresó en un horario más normal, pero el daño ya estaba hecho. Luego se produjo el autorreportaje en el que, con un impecable inglés, Duque se dirigía al mundo sobre el tema del paro, una autoentrevista con ‘teleprompter’ circulando por las redes que lo hizo ver desconectado y hasta arrogante. Otra gran equivocación fue la cantidad de días que duramos ‘mamándole gallo’ a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Por grave que sea su informe a la ONU, no lo será más que el causado con la sensación de que en Colombia no queríamos testigos internacionales de las “masacres”. Eso sí: muy probablemente el informe será adverso a la autoridad colombiana, porque esa comisión ‘tira línea’ y no va a cambiar ahora. Errores, osos del Gobierno, pero si ninguno de ellos se hubiera cometido, las cosas estarían igual. Son aspectos marginales del desprestigio del Presidente.

Lo de la reforma tributaria fallida es harina de otro costal. Por ambiciosa, rompió el saco; y el pésimo manejo político del Gobierno condujo a su satanización. Con una meta de recaudo de 12 o 13 billones, tal vez habría sido más realista y manejable. Su razón de ser siguen siendo medidas urgentes para reconstruir la economía, financiar los problemas sociales que deja la pandemia y subsidiar directamente, con plata contante y sonante, los bolsillos de los desposeídos por la pandemia. ¿Existirá algún colombiano que pueda oponerse a eso?

Sin embargo, se ha convertido en pasatiempo nacional hablar mal del presidente Iván Duque. El motivo no importa. Tampoco de qué sector provienen esas críticas. Porque en despotricar de Duque coinciden santistas y gente de izquierda con uribistas y gente de derecha.

Lo que diferencia a ambos sectores es que los primeros ven a un hombre joven e inexperto, que, por débil, está arreglando a bala el estallido social. Los segundos ven al mismo joven e inexperto que no ha arreglado el país a bala por lo mismo: por débil.

La fuerza de la arremetida y la necesaria respuesta policial inevitablemente han dejado tragedias; 21 muertos que se relacionan directamente con el paro son muchos e inaceptables en un país en paz; los muertos, claro, habrían podido ser muchos menos. Ojalá ninguno. Pero como este es un país en el que hay un acuerdo de paz, sin paz, digámoslo con franqueza, a esta hora los muertos podrían haber sido también muchos más. Es que las cifras del paro no son menores. Según un completísimo informe de la Fiscalía, los 21 muertos se han producido luego de 6.328 concentraciones, 2.300 marchas, 632 movilizaciones, afectaciones en 26 departamentos, daños a más de 148 infraestructuras públicas, a 25 bienes culturales, a 111 semáforos, a 150 cámaras de seguridad y a 113 CAI de la Policía.

Podría, incluso, haber sucedido que estos días de protestas, vandalismo y bloqueos hubieran derivado en un baño de sangre en Colombia. Pero Duque se ha resistido conscientemente a tomar ese camino, para lo cual se necesita precisamente fortaleza de carácter, aunque muchos de sus amigos y seguidores piensen que no lo hace por blando. Lo irónico es que sus adversarios de verdad creen que aquí sí se produjo un genocidio en medio de las protestas.

Este Presidente ha tenido que enfrentar a unos señores que posan de ser dueños del paro para organizarlo, pero no para levantarlo. Para inspirar los bloqueos, pero no para condenar sus consecuencias. Para hacer peticiones no viables, como exigirle al Gobierno que saque a la policía de la calle, mientras que la gente que se siente sin futuro tiene después del paro ahora sí cada vez más lejanas sus metas.

Y dejo la pregunta que nadie ha podido contestar: ¿para arreglar esta asonada social, y aterrizar las pretensiones en un terreno viable, con quién realmente se debe negociar? Con los de Fecode, no, porque ya dijeron que lo de ellos está diseñado para llegar al poder en el 2022. ¿Será que piensan estirar esto hasta allá?

Ni Churchill sentado en la Casa de Nariño hubiera podido manejar esto.

Entre tanto… La próxima vez que tengan la tentación de despotricar de Duque, acuérdense de que en Perú ganó un señor Pedro Castillo que ya va a empezar a gobernar.

MARÍA ISABEL RUEDA

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