De reelecciones y ‘chocorazos’

De reelecciones y ‘chocorazos’

Si Evo se quiere hacer reelegir indefinidamente, no es nuestro problema sino de los bolivianos.

27 de octubre 2019 , 12:45 a.m.

Nadie parecía entender la consulta que oficialmente Colombia elevó la semana pasada ante la Corte Interamericana: ¿Constituye la reelección indefinida de un presidente un derecho humano protegido por la Convención Americana sobre Derechos Humanos?
Lo primero que le tocó hacer al Gobierno fue pasar por la incomodidad de explicar que con esa consulta no exploraba las posibilidades de volver a reelegir a Álvaro Uribe, porque muchos llegaron a pensarlo. La consulta aludía a Evo Morales, que por esos días iba para su tercera reelección. Una pregunta tan general tenía una razón de ser. Evo había dicho que limitarle a él la reelección iba contra su “derecho humano”, y Colombia quería saber si la Corte IDH estaba de acuerdo. 

La pregunta tenía algo de infantil, sin embargo. No se estaba preguntando concretamente sobre nadie, porque la consulta no permite citar casos particulares, pero en cambio sugería que Colombia había resuelto abrir otro frente internacional, esta vez contra Bolivia, más para darle gusto a la política diplomática de Trump que a nuestros propios intereses.

¿Qué quería la Cancillería colombiana que nos respondieran? ¿Que por lo menos Bolivia no reeligió a Evo como hizo Colombia con Álvaro Uribe, cambiando la Constitución e incluso, según la Corte Suprema, mediando la comisión de un delito, como fue la compra de congresistas para que aprobaran el nuevo articulito, y que si ella no la para, ya íbamos hacia la segunda reelección?

Pero también la consulta molesta, porque conlleva una clara injerencia en la autodeterminación política de Bolivia. Si Evo Morales se quiere hacer reelegir indefinidamente, ese no es un problema nuestro, sino de los bolivianos, así como la reelección de Uribe era de los colombianos y no de Bolivia.

Y menos tenemos que ver con que, en medio del conteo de votos, pasadas las elecciones presidenciales en Bolivia, el Tribunal Supremo Electoral suspendiera el escrutinio y lo reanudara un día después, cuando sorpresivamente ya Evo tenía ganadas las elecciones en primera vuelta.

Para la denuncia de esta maniobra, con fuerte olor a fraude, están las delegaciones de las organizaciones internacionales que fueron a verificar el proceso. No necesitaron de Colombia para dar la voz de alarma y, encabezadas por la OEA, insisten en que haya una segunda vuelta que confirme los resultados de la primera, algo muy improbable, porque Evo ya se proclamó ganador.

Amablemente le sugiero al canciller Trujillo que tampoco aquí se le ocurra preguntar nada. Tenemos rabo de paja. A las diez de la noche del 19 de abril de 1970, el país se acostó ganando las elecciones presidenciales Gustavo Rojas Pinilla, y se levantó a las 5 a. m. cuando ya las ganaba Misael Pastrana Borrero. De ese episodio incluso nació, a manera de protesta, el movimiento M-19, con un lema: ‘Con el pueblo, con María Eugenia (Rojas) y con las armas, al poder’. Y eso fue exactamente lo que hizo el M-19, hasta que se desmovilizó en 1990.

La veracidad de este ‘chocorazo’ electoral colombiano, que durante mucho tiempo no fue más que una leyenda, años después vino a ser confirmada por quien era ministro de Gobierno de la época, el ‘Tigrillo’ Noriega. En su libro Fraude (editorial Oveja Negra, 1998) cuenta que el también exministro Pabón Núñez le contó lo siguiente: una vez a la salida del Senado, él, doña Bertha Hernández de Ospina y el parlamentario Luis Avelino Pérez se fueron a tomar aguardiente a Palacio. “En medio de la juma, Luis Avelino, el del bonitico” (así lo apodaron porque se hacía pipí en los jardines interiores de las embajadas; lo mantuvieron en el servicio diplomático muchos años después de la hazaña que relatamos aquí), “reveló que el elegido era Rojas Pinilla, pero que él tenía la llave del arca triclave del departamento de Nariño, la cual abrió, y cambió los votos favorables de Rojas por los de Pastrana. (…) Esa mayoría de 51.131 votos del doctor Pastrana sobre el general Rojas en Nariño fue la más alta del país, equivalente al 80,45 % de la menguada mayoría final de 63.557 votos que sacó Pastrana”. Y dijo más: “La falta de medios de comunicación en tres cuartas partes de los municipios convirtió una inmensa cantidad de pliegos electorales en materia fácilmente manipulable”.

De manera que con Evo, y con Bolivia, como dicen en inglés, let’s mind our own business. No somos quién para andar preguntando por reelecciones ni ‘chocorazos’. Y tampoco nos conviene abrir nuevos frentes de confrontación internacional.

Entre tanto… ¡Que no nos tiemble la mano con ese tarjetón!

MARÍA ISABEL RUEDA

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