De la Calle no se abanica

De la Calle no se abanica

Actitud de Humberto de la Calle contrasta mucho con la del expresidente Juan Manuel Santos.

19 de septiembre 2020 , 11:22 p. m.

Me ha gustado mucho la actitud que ha asumido el jefe negociador de los acuerdos de la paz de La Habana-Colón, Humberto de la Calle. Contrasta mucho con la de su jefe, el expresidente Juan Manuel Santos, que prefiere vivir abanicándose su vanidad en cuanto foro lo invitan (preferiblemente internacional, porque afuera lo quieren más que adentro). Pues sí: mientras Santos se abanica con su Nobel, De la Calle usa su columna y las entrevistas que concede para hacer profundas reflexiones tendientes a corregir el rumbo del proceso, que no por haberse firmado significa que vaya totalmente bien encaminado.

Su última reflexión al respecto fue dura y clara. Bajo el título ‘Las otras trizas’, hace ocho días comentó la “creciente turbación de la ciudadanía” por la negativa de las Farc sobre el reclutamiento forzado de menores, que hasta ahora sus más altas cabezas venían negando. Que si acaso sucedió, se trató de algún caso desordenado por aquí o por allá. De la Calle les recuerda que en la JEP no es aceptable, como en la justicia ordinaria, que el implicado guarde silencio para que sea el Estado el que haga todo el esfuerzo probatorio. Y que ese criterio fue aceptado por las Farc en las negociaciones, con pleno conocimiento de sus consecuencias. Y dice que el partido Farc no puede desdeñar esa exasperación ciudadana. Que no basta acudir al contexto de la guerra como excusa genérica e insuficiente ni a una deriva de la culpa hacia mandos inferiores. “Es un momento de quiebre”, dice.

De la Calle no necesita aplausos lagartos de la ONU. Creo que se siente suficientemente premiado con que quienes debían leer su columna la leyeran y se la respondieran. Lo hicieron, pero manifestando extrañeza de que De la Calle se atreviera a decirles que hay una amenaza más nociva que volver trizas el acuerdo de paz, como son las retadoras declaraciones de los jefes de las Farc sobre el reclutamiento de menores. Timochenko le dice que esa reacción es culpa de las muy sospechosas filtraciones de las audiencias ante la JEP, “escogidas para manosear a la opinión”. Por eso, a buena hora pide que se hagan públicas.

Todo este malestar comenzó con la negativa de Timochenko, Alape y Sandra Ramírez, de que a nadie se llevó forzadamente a las Farc. El cinismo de Timo llegó hasta decir que ellos allá no andaban pidiéndoles cédula a los que querían unirse a sus filas. Ha habido ya declaraciones de 15 jefes que han admitido esos reclutamientos, pero siguen aferrados a que los niños jamás entraban obligados, sino “voluntaria y conscientemente”, como si las decisiones de los niños garantizaran conciencia y voluntad. Hasta ahora, sin embargo, del reclutamiento de menores que han reconocido gaseosamente fueron responsables “las Farc”, en genérico, pero no sabemos de que ninguno haya aceptado individualmente su responsabilidad penal por algún secuestro concreto, con nombre y apellido.

Algo parecido sucedió con la celebrada, en algunos sectores, carta de Timochenko pidiendo perdón a las víctimas del secuestro en respuesta a las desgarradoras declaraciones de Ingrid Betancourt. Por fin llaman secuestro al secuestro, y no retención. ¿Cómo estaríamos de mal en este proceso de verdad que ni siquiera habíamos superado esa etapa, luego de cuatro años de firma del acuerdo? La carta termina con un tranquilizador “ya sabemos que no hay razón ni justificación para arrebatarle la libertad a ninguna persona”. Pero yo, personalmente, todavía no estoy preparada para darle las gracias a Timochenko, y explico por qué.

La admisión de un género de crimen de lesa humanidad, como es el secuestro, no justifica que se minimice o se desentiendan sus autores de los demás crímenes que están pendientes. Ellos asesinaron. Acabaron con pueblos enteros a punta de cilindros bomba y niños bomba; masacraron, reclutaron y aplicaron una política sistemática de abortos a la guerrillerada. Reconocen que de pronto sí secuestraron, pero Timochenko no dice en ningún momento que él lo hizo, sino que “supo”, que “se enteró”, pero con eso no se subsana la comisión de los demás delitos horrendos. Si a Santos no le gustara abanicarse tanto, reconocería que estos tipos de las Farc van a velocidad de tortuga para contar la verdad, y que eso también agrava la lentitud de la que se queja en la implementación del acuerdo de paz, construido sobre la verdad.

Doctor de la Calle: siga usted cuidando su proceso para que, por lo menos, las cosas salgan como usted las planeó. Que si necesita abanicos, le regalo uno, pero para que se pegue una escapadita a Cartagena a descansar.

Entre tanto… No sin prevención, fui al restaurante de Harry de la carrera 9.ª a almorzar. Los cuidados contra el coronavirus están diseñados al milímetro.

MARÍA ISABEL RUEDA

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