Cuando se disipa el humo

Cuando se disipa el humo

Detrás de la caída del ministro Guillermo Botero hay una gran trampa del senador Roy Barreras.

09 de noviembre 2019 , 09:46 p.m.

Detrás de la caída del ministro Botero hay una gran trampa del senador citante a su moción de censura. Como hábil orador y hombre inteligente, muy por encima del promedio del Congreso, el senador Roy Barreras se ganó el debate con esta frase: “Usted, ministro Botero, bombardeó a nueve menores, y luego se lo ocultó al país”.
No es cierto que el ministro haya “bombardeado” a nueve menores. Sus hombres de la Fuerza Aérea bombardearon un campamento militar. En él había reclutados 9 menores, lo que no es exactamente lo mismo. El que los reclutó, lo más probable forzadamente, y que logró ser dado de baja, era alias Cucho, peligroso disidente de las Farc.

¿Qué contemplan los protocolos de Ginebra para los menores arrastrados al combate? El Protocolo II adicional a los convenios de Ginebra consagra, en su artículo 13, la protección de la que goza la población civil en las operaciones militares. En el numeral 3 establece que los civiles perderán dicho estatus de protección si participan directamente en las hostilidades y mientras dure la participación. Por lo tanto, “existe la posibilidad de que incluso personas civiles obligadas a participar directamente en las hostilidades, o los niños que no tienen edad legal para ser reclutados, pierdan la protección contra los ataques directos”. (Guía para interpretar la noción de participación directa en hostilidades, según el DIH, CICR 2017).

Haber llegado a esa cruda redacción del derecho internacional es bien complejo. La gravedad del reclutamiento forzado de menores, además de ser un secuestro, es que estos terminan participando activamente en la guerra. Están armados, adoctrinados y con orden de disparar. Es decir, expuestos a todos los riesgos de la guerra.

Sin embargo, el deber moral previo a un operativo militar es minimizar los eventuales daños colaterales a civiles; y, desde luego, si se sabe que en el campamento militar que va a ser bombardeado hay menores de edad, se deben planear los operativos como se haría en caso de que hubiera secuestrados.

Pero sucede que la información de inteligencia previa a un operativo no siempre es perfecta. Por lo tanto, se producen casualidades que muchas veces cobran dolorosamente la vida de menores que abundan en los campos de la guerra colombiana. Según la OEA, el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes por el Eln, las Farc y el ‘clan del Golfo’ se ha incrementado de manera dramática después de la firma de los acuerdos de paz en 19 zonas del país.

Por ello, estadísticamente, una ofensiva militar tiene altas posibilidades de llevarse la vida de un menor. Son las barbaridades de la guerra. ¿Entonces, por qué el balance de lo sucedido con el bombardeo contra el campamento militar de alias Cucho dejó al ministro de Defensa como un ‘bombardeador de niños’, y como un ‘ocultador de muertes de menores en combate’?.

Porque cuando se despeja el humo y se descubre que el balance de todo un desplazamiento de aviones bombarderos es que entre los 17 ‘disidentes’ dados de baja, más de la mitad, 9, son menores de edad, ese operativo carece de proporción, así se haya logrado dar de baja a un blanco de alto valor militar. Y la cosa empeora cuando el Presidente, posiblemente ignorando este balance, sale a calificar tal operativo de “meticuloso e impecable”.

Así en los protocolos de Ginebra se contemplen reglas para los menores en combate, que hasta pueden proporcionar un manto de legalidad, ningún balance de niños muertos en la guerra cabe bajo el signo de la conciencia moral. La humanidad jamás podrá tramitar con naturalidad la contabilidad de menores aniquilados atrozmente por artefactos bélicos. Eso lo sabía, y lo explotó hábilmente, el senador Roy Barreras, despertando la efervescencia de la indignación nacional.

Pero, como siempre, decantados los hechos, aparecen las preguntas. ¿Va a seguir proporcionando la Fuerza Aérea la estrategia militar por excelencia para recuperar los territorios desde donde salen los disparos de los ilegales contra los líderes sociales? ¿O después del episodio de San Vicente del Caguán se hará moralmente imposible bombardear campamentos sin que antes esté censada su población? Y lo más delicado: ¿cómo evitar, a partir del incidente del ministro Botero, que los niños y niñas se conviertan en la muralla de los ilegales para impedir los operativos militares en el marco del DIH, y ello traiga consigo una explosión del reclutamiento de menores en Colombia?

Entre tanto... Gracias a Ucrania por no dejarnos mundialmente solos en la abstención en la ONU frente al bloqueo a Cuba.

MARÍA ISABEL RUEDA

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