¿Cómo se financió la reelección?

¿Cómo se financió la reelección?

El Acuerdo de Paz se ha convertido en parapeto para que a Santos se le perdonen sus equivocaciones.

06 de julio 2019 , 11:39 p.m.

La pregunta que hay que hacer en voz baja. Porque en este país tan polarizado, por algo tan sencillo lo pueden acusar de que se quiere tirar la paz.

Unos pensarán que todo se valía para sacar adelante la empresa de firmar el acuerdo con las Farc. Pero los que se atrevan a decir que no todo valía podrían quedar presos en el mundo de los juicios políticamente incorrectos.

Y el acuerdo de paz se ha convertido en eso. En un parapeto para que al expresidente Santos y su gobierno se les perdonen absolutamente todas sus equivocaciones. ¿Que el acuerdo quedó chueco? Pero, qué caramba, hay acuerdo. ¿Que están creciendo las disidencias? Hay acuerdo. ¿Que estamos nadando en coca? Pero hay acuerdo. ¿Que se volaron Santrich, Márquez, el ‘Paisa’, ‘Gentil Duarte’ y ‘Romaña’? Pero hay acuerdo. Todo lo demás es secundario, anecdótico o de limitada trascendencia, o, inclusive, inevitable si se quería firmar lo de La Habana.

Molestar al nobel con esos temas es tan políticamente incorrecto como preguntar sobre cómo se financió su reelección. ¿Tiene eso alguna importancia si al final se logró el acuerdo de paz?

Por eso, aquí no va a pasar nada con ese asunto, distinto a que quienes no somos tan políticamente correctos nos atrevamos a tocarlo por encima, para entender qué fue lo que pasó ahí.

Vicky Dávila reveló que un constructor, Andrés Sanmiguel, contó a la Fiscalía que a su compañía, Gistic Logistic Soluciones Integradas, le entraron 3.850 millones de pesos, supuestamente designados a un contrato para mantener la vía del Sol. El dinero fue retirado un día de julio de 2014, antes de la segunda vuelta presidencial, cuando un antiguo conocido llegó y le dijo: “¿Qué hubo, papito? Ya te consignaron la plata en tu cuenta, necesito que la saques ya”. Según Sanmiguel, “me dijeron que era para la campaña de reelección de Juan Manuel Santos en segunda vuelta”. Lo más irónico de todo fue que más tarde, a Sanmiguel fueron a cobrarle los parafiscales del contrato, que no solo nunca se ejecutó, sino que nunca se firmó.

Esos dineros, según Sanmiguel, los retiró un político muy allegado al Partido Liberal de nombre Esteban Moreno, y a esas arcas fueron a parar. Investigan si la suma pudo llegar a los 8.000 millones. Como está prohibido que las compañías les den plata a las personas pero no a los partidos, en general, las campañas del 2014 se financiaron, precisamente, a través de las puertas de los partidos. Inclusive, porque a ellos no les limitan los topes, mientras que a la campaña de reelección, sí. Tampoco tienen la obligación de declarar cuánto de lo recopilado se invirtió en el apoyo a un determinado candidato presidencial.

Sergio Díaz-Granados, director de ‘la U’, le confesó a ‘La Silla Vacía’: “La mitad de los recursos los gastamos en reforzar el mensaje de paz, sin tener el nombre específico a favor del candidato”. Pero mientras los grandes aportantes daban sus nombres y sus cuantías y estos quedaban registrados ante el Consejo Nacional Electoral, los 3.850 millones de pesos que llegaron al Partido Liberal de parte de Odebrecht se convirtieron en una financiación irregular al disfrazarse de ser el emolumento de un contrato falso, porque una compañía extranjera no puede financiar campañas ni candidatos en Colombia.

El problema era que el aportante, Odebrecht, se vino a descubrir tiempo después, con unas pistas que venían desde mucho antes, que era una máquina de corrupción que compraba de todo en América Latina, incluso presidentes.

En cualquier caso, resultó falsa la afirmación de la campaña de reelección de que su financiación vino de una caja cerrada constituida únicamente por un crédito bancario y la financiación del Estado.

A Santos, esa operación le salió fácil. Identificado con el tema del acuerdo de La Habana, había que invertir la plata en regar el mensaje de la paz, sin ni siquiera mencionar al Presidente, porque existía una asociación automática del asunto con su campaña. Invertirle al tema de la paz era lo mismo que hacer campaña por Santos. Sin embargo, ni un solo billete de esa plata pasó por sus manos. Pero además, la financiación irregular de las campañas solo vino a ser delito desde el 2017, por lo que se da por descontado que a Juan Manuel Santos no le va a pasar absolutamente nada.

Pero el dinero era de vida o muerte. Habiendo perdido la primera vuelta contra Óscar Iván Zuluaga, solo una inyección multimillonaria de efectivo era capaz de salvar la segunda vuelta de la tragedia y de este irreversible golpe contra su vanidad. Y esta llegó...

Entre tanto... Una genialidad de ‘The Economist’: en Colombia hay que enfocarse en reducir la violencia, no las cosechas de coca. (¿?)

MARÍA ISABEL RUEDA

Sal de la rutina

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