Carta va, editorial llega

Carta va, editorial llega

El episodio del informe de NYT sobre supuestos incentivos al Ejército le salió mal al Gobierno.

26 de mayo 2019 , 12:56 a.m.

Parece que el episodio del informe de ‘The New York Times’ sobre los supuestos incentivos al Ejército para mejorar resultados operacionales le salió mal al Gobierno. La carta de respuesta de los ministros de Defensa y el Canciller al periodista nunca debió ser enviada.

Se trataba de una respuesta de Estado. Pero era un colaborador de un periódico el que estaba poniendo en duda la legalidad de las directrices bajo las cuales se libra la guerra en Colombia. La respuesta nos la debía el Gobierno más bien a nosotros, al país que vivió con horror el fenómeno de los ‘falsos positivos’, para convencernos de que no volverán a suceder. Era suficiente con hacer lo que se hizo en un comienzo: organizar una rueda de prensa para aceptar ante los colombianos que si, en aras de la discusión, las palabras utilizadas en directrices creaban válidamente el temor de que los éxitos militares volvieran a medirse por muertos, la directriz sería retirada.

Y así debe hacerse. Parece lo suficientemente torpe poner a los oficiales a llenar planillas para proyectar aumentos de bajas este año. Tampoco quedó claro si la precisión de las operaciones militares se bajó del 80, al 60 o 70 por ciento. Tampoco si es cierta la instrucción de aliarse con grupos armados para obtener inteligencia, porque eso es lo que conduce a los grupos paramilitares.

Pero es prácticamente la primera vez que las críticas e, incluso, las mentiras contra el Ejército no provienen de grupos de izquierda o de ONG, sino de adentro mismo, lo cual hace el asunto más delicado, porque permite pensar que hay un sector disciplinado con el actual gobierno enfrentado con otro que quedó incrustado con la salida del general Mejía, el cual venía más acostumbrado a ser un ejército pasivo, deslumbrado por el ‘flash’ del acuerdo de paz, que ingenuamente los convenció de que su vida iba a ser más fácil porque los combates serían menos frecuentes y necesarios.

Sentarse a exigirle resultados a un ejército y hasta un cambio de estilo en su aproximación a la guerra, máxime cuando el gobierno es otro, no solo es totalmente legítimo, sino que hay que hacerlo, en aras de los líderes asesinados y desplazados.

El general Nicacio Martínez ha explicado con claridad que en el país se han incrementado las amenazas: pasamos de 49.000 hectáreas de coca hace 4 años a 206.000 a finales del gobierno Santos. Las disidencias de las Farc hoy son más de 2.000 (el NYT dice que 3.000), lo mismo que el Eln. “Queremos incrementar los resultados, y la última variable son los muertos en desarrollo de operaciones”, concluye Martínez.

A la carta que no debieron enviar los ministros, el NYT mandó otra de respuesta, en la que niega haber acusado al Ejército de estar recibiendo instrucciones ilegales. Es decir, un asunto de Estado lo rebajamos a una actividad epistolar periodística, sin importancia alguna. Pero sí logramos mortificar al NYT lo suficiente como para que su tercera movida nos aplicara un tremendo editorial.

Lo menos que dice es que “el presidente Duque y sus aliados de derecha han saboteado el avance pacífico del acuerdo”.

Si el diario hubiera consultado otras fuentes, sabría que saboteo llaman equivocadamente algunos a ajustar los acuerdos para que no se desmadren los ya generosos beneficios concedidos y no se van a desmontar. Que saboteo no es tratar de salvar la extradición como un arma efectiva de lucha contra el crimen. Que saboteo no es impedir que ‘Santrich’ mande un cargamento de coca y que, como efecto por su captura, podrían incrementarse las disidencias de las Farc por la división ‘Timochenko’-‘Márquez’. Que saboteo no es cambiar las políticas de comprar las hectáreas de coca con plata, estímulo equivocadamente dado por el gobierno pasado, que, según este mismo reconoce, enloqueció los cultivos de droga. Y, claro, saboteo tampoco es tratar de manejar ese piano humanitario gigante que se nos vino encima con los inmigrantes venezolanos.

Me parece que esa frase de NYT acusando a Duque de saboteador de la paz es equivocada, injusta y grosera. Se lo contesto al diario como sencilla periodista que soy. Pero sí recomiendo que los ministros dejen de casar peleas con periódicos extranjeros cuando no nos gusta lo que nos dicen.

Las verdades nos las deben a los colombianos, y se las estamos pidiendo.

Entre tanto… Excelente la creación de la Comisión Militar de Excelencia, con rango presidencial pero independiente, compuesta por los juristas Hernando Yepes, Alfonso Gómez y Mauricio González, que empieza a funcionar el lunes para revisar manuales y procedimientos operativos de las FF. MM. y hacerle al Presidente recomendaciones.

MARÍA ISABEL RUEDA

Sal de la rutina

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