Bogotá: ¿voto útil o voto a conciencia?

Bogotá: ¿voto útil o voto a conciencia?

Esa será la alternativa que tendrán que resolver los bogotanos en las próximas elecciones.

06 de octubre 2019 , 03:31 a.m.

A quienes tenemos decidido no votar por Claudia López ni por Hollman Morris por razones que explicaré adelante, la proximidad de la fecha electoral nos presiona para que escojamos entre los otros dos candidatos que quedan: Carlos Fernando Galán o Miguel Uribe Turbay.

No votaré por Claudia porque, realmente, no sé quién es. Resulta tan inestable en sus posturas sobre los demás que nunca se sabe cuándo el que le cae bien pasará a la lista de sus desafectos, y viceversa. Su credo: así como digo una cosa hoy, digo otra mañana. Su opinión depende de sus circunstancias personales. Cuando le tocó decidir su postura ante el metro elevado, hizo lo correcto: anunciar que apoyaría el que encontrara contratado. Pero antes hizo lo contrario: tratar de tirárselo, por congraciarse con el Polo, coadyuvando una demanda ante el Consejo de Estado que tenía por objeto parar la adjudicación del metro de Peñalosa, y la perdió. Nadie duda de su inteligencia y preparación académica. Tiene gran capacidad para entregar su mensaje, pero su carácter y capacidad dialéctica se ven opacados demasiadas veces al día por su tono pendenciero y altisonante, que termina reduciendo sus controversias contra su opositor a un insulto personal. (Sanguijuela de alcantarilla, niño corrupto, etc.).

La extraordinaria capacidad política de Claudia López quedó retratada perfectamente el día en que logró poner a votar a 11 millones de personas, a un costo de 300.000 millones de pesos, en una consulta que no se necesitaba. Pero que, en cambio, a ella le servía para posicionarse como la candidata anticorrupción, fama con la que dejó regado a Navarro en la competencia por la candidatura a la alcaldía de Bogotá. Claudia nunca ha sido clara en su asociación con Petro, a veces está, a veces no, y ese tipo de contradicciones ponen en riesgo permanentemente su credibilidad. No sería una gobernante serena, sino apasionada, un caldo de cultivo perfecto para ahondar la lucha de clases en Bogotá, una ciudad en cuidados intensivos.

Por Morris no voto por su origen petrista, porque temo que en ese movimiento de Colombia Humana no haya líneas rojas para desafiar la ley y enredar las finanzas públicas con las causas políticas que le sirvan a su jefe. Además de sus polémicos líos conyugales, que tanto han ofendido a las mujeres de su entorno, hay que decir que Hollman es un hombre inteligente, simpático, un candidato agradable pero inviable.

Nos quedan, pues, dos opciones que yo resumiría así: la del voto útil o la del voto a conciencia.

Indudablemente, Carlos Galán representa la primera. Es la opción más factible para derrotar a Claudia López, lo que hasta hace apenas unos días parecía imposible. Su apellido Galán es una marca, pero la marca tiene producto. Se fue por el medio, y gustó. Se vistió de candidato independiente, y convenció. A diferencia de Claudia y de Hollman, no polariza a la ciudad, no abona la lucha de clases, conoce la política como concejal y como parlamentario, le ha tocado lidiar con la corrupción interna de su partido, Cambio Radical, pero en su conocimiento sobre Bogotá es muy probable que le gane con creces el último candidato, Miguel Uribe Turbay, que completó tres años al lado de Peñalosa haciendo un Ph. D. en ciudad.

Esa es la que yo llamo opción de conciencia. Para mí es el mejor de los cuatro, pero nada indica hoy que pueda ganar, y hay momentos en la vida en que hay que escoger entre el candidato capaz de evitar un mal mayor, y el mejor candidato, que no garantiza evitar ese mal mayor.

La candidatura de Miguel está signada por la tragedia de los partidos tradicionales. Mientras hace unos años, cuando todavía no se habían desacreditado del todo, el apoyo de los partidos era el más buscado para asegurar organización, financiación, coherencia programática y equipo, hoy termina sepultando al candidato en el barrial de la política tradicional, de la que nadie quiere oír hablar. Es decir, Miguel se ganó un premio que ya no le sirve para nada y, por el contrario, le bloquea el apoyo de cientos de ciudadanos asqueados con la politiquería y la corrupción, así Uribe Turbay no tenga, como no tiene, un solo escándalo por sus gestiones como secretario de Gobierno de Peñalosa.

Entonces: ¿el voto útil o el voto a conciencia? Esa será la alternativa que tendrán que resolver los bogotanos cuando vayan a las urnas el próximo 27 de octubre.

Entre tanto… Recomiendo la nueva versión de Monopolio, de Daniel Samper, #HolaSoyDanny, juego de mesa. Juega a ser un político colombiano y vuélvete millonario… siempre y cuando sobrevivas a su mundo.

MARÍA ISABEL RUEDA

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