Bañada en glifosato...

Bañada en glifosato...

El glifosato es un veneno. Pero hoy, nadie tiene mejor fórmula contra esta inundación de coca.

29 de junio 2019 , 11:47 p.m.

Enterados del anuncio del Presidente de que Colombia volverá a asperjar, me apoyé en un documento reciente de una universidad respetable para invitar a un debate sensato sobre el tema.

No sospeché, pero tampoco me intimida, que mis conceptos sobre los cuales es válido discrepar, y acaso sea conveniente hacerlo, desatarían esta tormenta; incluso, medios respetables y responsables participaron en el gatuperio, sugiriendo que el documento académico había sido contratado por Bayer. Hasta habló en mi emisora radial un profesor sin rostro de la misma universidad, que no dio su nombre por “temor a represalias”. Quien se enmascara para producir una opinión de orden científico no puede ser profesor. Al igual que carecería de la dignidad propia de un centro de saber que la universidad ejerciera represalias sobre los académicos disidentes. Qué bueno no estar en los tiempos de Galileo o de Bruno.

Por fortuna, terció la culta y pausada opinión del profesor Moisés Wasserman, quien, en su columna en este diario, escuchó mi invitación a la discusión serena.

Si le entendí bien al profesor, el concepto de “posibilidad” de que el glifosato produzca cáncer está correctamente citado en la columna. Es verdad que agencias muy serias, como las que él enumera, no encontraron asociaciones de glifosato con cáncer. Y así como no sería ético asperjar si el glifosato produce cáncer, tampoco sería moral, como hacemos en la actualidad, enviar a campesinos y soldados a erradicar en campos minados.

Dejarnos llevar por completo del principio de precaución, basados en que la Agencia internacional de Investigación del Cáncer (Iarc) señala que es “posiblemente” cancerígeno, para prohibirlo en Colombia, no solo contra la coca sino eventualmente para todos los alimentos, tendría consecuencias catastróficas para la productividad del campo.

El glifosato es un veneno. Mata matas. No me gusta. Pero hoy, nadie tiene en el mundo una fórmula mejor que la de utilizarlo con cautela contra esta inundación de coca.

No es el primer documento o literatura sobre glifosato que estudio. He venido siguiendo el asunto con interés desde el famoso pleito en la frontera con Ecuador, cuando su entonces presidente Rafael Correa nos demandó por millones por unos casos de abortos y muertes prematuras entre la población de la frontera, donde asperjábamos. Sí les pagamos una indemnización, pero más para hacer un arreglo político. Nos favorecía un informe contratado por la OEA al profesor canadiense Keith Solomon, que, acompañado de muchos otros científicos, sostuvo que en la zona fronteriza no se había encontrado la conexión con ese riesgo. Más recientemente obtuve un estudio solicitado por el Ministerio de Justicia de Colombia a un grupo de expertos, encabezados por Daniel Rico, para valorar la nueva evidencia científica en materia de glifosato, y la respuesta fue: “Esta revisión sistemática con metaanálisis (se analizaron más de 4.000 estudios) no encontró evidencia suficiente de asociación entre glifosato y enfermedades en los humanos...”.

El estudio que el Instituto Nacional de Salud preparó para la audiencia en marzo ante la Corte decía que sí existía. Lo que no nos aclararon es que era un estudio de bajo rigor académico, que tampoco ha sido publicado en revistas especializadas, y que fue fuertemente cuestionado en el propio gobierno, por errores y sesgos en su metodología.

Ahora: sí genera preocupación que el Gobierno siga comprando un glifosato chino, llamado Cúspide, que ya había sido cuestionado en el 2012 por ‘El Espectador’ porque era volátil, la sustancia no era regular y había sido reetiquetado. Y, además de todo, según los campesinos, ¡no mataba la mata!

A nivel mundial, el debate sigue, por ahora, igual: no hay daño inminente para salud. Pero en Colombia, a quienes tocamos el tema nos acusan de estar comprados. Para sorpresa de muchos, el glifosato de la Bayer no es el que será utilizado en Colombia. Ya anunciaron públicamente en TV que no licitarán porque el negocio no les interesa. La molécula ya no es exclusiva de Monsanto (Bayer) y tiene más de 118 presentaciones. Los chinos son hoy los mayores productores, de manera que, querido Matador, un favor: móntenos a la universidad y a mí en un avión, pero de China Airlines, y nos llevamos al profesor Wasserman, que debe ser estupendo conversador, y nos vamos a buscar la verdad.

Entre tanto... Reitero que el glifosato no está prohibido en ningún país. En algunos, muy pocos, hay restricciones para su uso en zonas públicas, por fuera de la autoridad regulatoria.

MARÍA ISABEL RUEDA

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