A por nuestros médicos

A por nuestros médicos

Cuerpo médico está hoy en la primera línea de la trinchera. Si ellos no se salvan, nosotros tampoco.

19 de julio 2020 , 04:18 a. m.

No deja de ser irónico que la próxima conmemoración de los 210 años de nuestra independencia, el próximo 20 de julio, nos coja a todos entre semiencerrados, o requeteencerrados. No imaginábamos que la libertad nos tocaría, después de tanto tiempo, celebrarla encadenados, pero a las patas de nuestras camas. Todo depende de lo que logre despejarse de las rivalidades de la alcaldesa y el presidente Duque acerca de los días que vienen, la misma decisión que tendrán que tomar los alcaldes del resto del país.

Como muy bien dice ‘The Economist’, después de que China cerró la ciudad de Wuhan, el 23 de enero, más de un tercio de la población mundial ha sido en distintos momentos confinada en casa. Pero cerrar la sociedad es una medida desesperada para un momento desesperado, y pocas veces en la historia del planeta una política semejante había sido tomada tan ampliamente, con tan poca preparación o debate. Se ha logrado ralentizar la pandemia, pero a un precio terrible.

El confinamiento ha demostrado tener una utilidad temporal que se la cobra mucho más duro a los pobres. Ya amenaza programas como las vacunas contra la tuberculosis y la malaria, por lo que uno de sus efectos puede ser cobrar más muertes de las que salvaría.

Pero si la alcaldesa y el Presidente no encuentran espacios para estar redefiniendo sus políticas, a medida que se conoce más y mejor información de la pandemia, esto saldrá peor.

Todos estamos obligados a hacer juicios difíciles. Los políticos, a decidir qué restricciones imponen al comportamiento de los individuos. Los administradores, sobre cómo mantener sus compañías a flote. Los médicos, acerca de en qué momento hospitalizar a sus pacientes y qué tratamiento darles. Pero el buen juicio es esquivo, entendido como una combinación de conocimiento y experiencia para formarse opiniones y tomar una decisión. Eso es lo que hace a un líder.

Pero especialmente pienso hoy en los médicos. Y depende de cómo se mire. Es tanto lo que está en juego que podemos decir que la medicina está atravesando por uno de sus momentos de oro, ante el reto de descifrar la pandemia, o por una de las etapas más dramáticas de esta profesión, entendiendo que hay momentos en que cumplir el juramento hipocrático implica más riesgos que otros. No solo están exponiendo sus vidas, sino las del resto de sus familias. A veces toman turnos hasta de 48 horas sin descanso, en compañía de sus equipos, enfermeras, terapistas, camilleros, aseadoras. Todos tienen miedo. El viernes iban en 30 sus muertos. El 70 % ha tenido impactos emocionales de cuidado. La tasa de suicidios crece, aunque se maneja con discreción. Pero algunos de los médicos con los que he hablado se niegan a que la sociedad los mire como héroes. “Héroes, me dicen, son Batman y Supermán, que no tienen que almorzar ni estirar las piernas. Tampoco les quedan marcadas las máscaras en la cara, ni soportan largas horas de calor que despiden los ventiladores. Los médicos sencillamente somos seres humanos que sufrimos con el diario vivir”. Y en medio de la pandemia han visto cómo se complica su interactividad familiar por temor al contagio, aumentando los divorcios o viéndose obligados a alojarse en hoteles lejos del hogar. Cada decisión que tomen tiene efectos en toda la familia. Muchos no logran conciliar el sueño y otros caen rendidos del estrés.

A eso se suma la salvajada de algunos colombianos que los discriminan o hasta agreden y amenazan en las calles, el transporte o sus edificios de vivienda.

El cuerpo médico indudablemente está hoy en la primera línea de la trinchera. Si ellos no se salvan, nosotros tampoco. De manera que, respetuosamente, le pediría al señor Presidente que copie la idea que aplicaron los franceses, que les ofrendaron los actos de conmemoración del aniversario de la toma de la Bastilla el pasado 14 de julio a sus médicos. Aquí, hagamos lo mismo: dediquémosle mañana el aniversario de la independencia del 20 de julio al cuerpo médico colombiano.

Que las ventajas que les otorga el Estado, salariales, prestacionales, en seguros de vida, pensionales, se revisen y estén acordes con el crucial papel que les está correspondiendo jugar en estas épocas de terror. Que los estimulemos, que les digamos que nos importan mucho, que los admiramos mucho, que el país les debe mucho y les deberá mucho más cuando toda esta pesadilla haya pasado y nuestros médicos y sus equipos puedan aligerar la carga de muerte que, de un día para otro, les cayó sobre sus hombros.

Entre tanto… A todos los médicos que particularmente han pasado por mi vida, y ellos saben perfectamente quiénes son: gracias.

MARÍA ISABEL RUEDA

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