¿21N? ¡No exageremos!

¿21N? ¡No exageremos!

Los problemas seguirán siendo los mismos; las soluciones, las mismas, y los gobernantes, los mismos.

08 de diciembre 2019 , 12:30 a.m.

Ya aparecen en los medios algunos que bautizan sus columnas de opinión o sus disquisiciones públicas con el casi onomatopéyico título del ‘21N’. Como si se tratara de la tragedia de las Torres Gemelas o de otros grandes atentados terroristas que han consternado a la humanidad, y partido realmente sus vidas en dos.

Hasta se ha llegado a decir que lo que buscan estos marchantes amorfos y descontentos por todo tipo de motivos es tumbar al presidente Duque. El primero que lo cree es el propio Gobierno. Pues yo no. Ni tampoco, como también se ha dicho por ahí, creo que sea Juan Manuel Santos el del complot, como asegura el expresidente Pastrana. Santos no está de conspirador de los problemas del Gobierno, sino de gocetas de sus fracasos. Ni siquiera Petro quiere tumbar a Duque, porque, según él, más grave que eso es que subiera a gobernar Marta Lucía.

Quizás, si nos quitamos esta idea de la cabeza, la solución de cómo resolver esta agitación social la tendríamos más clara.

La discusión inicial entre el comité del paro y el Gobierno es sobre algo aparentemente semántico. Que si se debe llamar “mesa de conversación” o “mesa de negociación”. Pero detrás hay toda una estrategia previsible. El Gobierno quiere fragmentar los 13 temas que piden los del paro, hasta con razón, porque su discusión involucra a más protagonistas; mientras el comité del paro quiere que se lo trate como a un cuerpo “exclusivo y supremo”, que nos recuerda esa constituyente “omnipotente y omnímoda”, como se declaró la Asamblea del 91. Nada que ver.

Para comenzar, el mal llamado ‘21N’, como lo pregonan algunos, no partió el país en dos. Los problemas seguirán siendo los mismos; las soluciones, las mismas, y los gobernantes, los mismos. Aquí, más bien puede estar pasando que al igual que en el mundo entero se estén acomodando las placas tectónicas de una nueva interrelación de fuerzas y actores en la democracia, sin la presencia de quienes han sido por siglos sus interlocutores e intermediarios con el poder y con los gobiernos: los partidos políticos y los medios de comunicación.

Con los medios pasa algo delicado: que la mayoría de la gente cree que primordialmente se está enterando de las noticias por las redes, cuando está comprobado que el 70 por ciento de los temas que se mueven en ellas tienen origen en un medio tradicional. Aunque equivocada, esta percepción le da al ciudadano la sensación de que se liberó del yugo que le impone el periodismo tradicional a la lectura de los acontecimientos.

Pero en esta expresión callejera de oposición al Gobierno, que es dispersa y diversa, todavía se acepta que en la democracia colombiana los presidentes y el aparato del Estado ganan con votos; lo que puede estar cambiando es que ya muchos no se resignan a que ellos no puedan ser parte de ese gobierno con fuertes actos de expresión popular o de fuerza.

Al final de estas jornadas de protesta, lo más previsible es que el Presidente siga siendo Iván Duque. Pero, a cambio, de alguna manera los 13 puntos del comunicado del paro deben dar signos de estar aterrizando.

Para decirlo de otra forma, la presencia de Duque en todo este relajo de las marchas es coyuntural. A Santos le hicieron un monumental paro agrario que lo puso en niveles del 14 % de popularidad, y nadie, que yo recuerde, se refugió en la disculpa de que querían tumbarlo. Qué pena: los paros siempre se arreglan con plata. No ha habido un paro en cuyo desmonte se hayan ido los marchantes con menos plata que con la que llegaron. Y con muchas promesas, unas de las cuales se cumplirán; otras, no.

Además de las propuestas sociales del Gobierno, como devolución del IVA, salud para adultos mayores, vacaciones del IVA, las cosas que figuran en la lista que han presentado los que marchan tienen aspectos en los que se puede ceder y en los que no. Por ejemplo, no creo que la reforma tributaria se pueda entregar a una semana de quedar aprobada. El tal ‘holding’ se puede obviar. Las reformas pensionales y laborales no pueden quedar prohibidas del temario nacional. El Esmad es un cuerpo antimotines sobre cuya existencia no se puede transar. A los estudiantes se les puede cumplir con creces, pues les acaban de dar un ministerio de Ciencia y Tecnología. Y a lo mejor, cabe hasta un reconocimiento, otro más, del compromiso del Presidente con el acuerdo de paz de Santos, que puede servir no para que este ayude, pero sí para que no moleste con J.

Entre tanto... Creo que ese episodio tiene cura. Está en buenas manos. El Presidente insiste en oír con humildad. Si no nos equivocamos mucho en esta carpintería, habremos salido a comienzos del año de este impase, sin haber cedido la yugular.

MARÍA ISABEL RUEDA

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.