Sobre el buen periodismo

Sobre el buen periodismo

Ojalá siga Vallejo su camino de la ficción y deje el periodismo para los que debaten con respeto.

03 de mayo 2020 , 11:26 p. m.

Durante años me esforcé por comprender —e implementar— los pilares fundamentales del buen periodismo. Ese periodismo que se enfoca en analizar y transmitir información relevante para la sociedad y que está cimentado en fuentes confiables y fidedignas con pruebas irrefutables.

Parte de ese esfuerzo propio fue comprender la diferencia entre el sano debate —entre columnistas, por ejemplo— y el bajo ataque a la yugular que los amantes de los latinajos llaman 'ad hominem'.

El primero, la necesaria discrepancia de ideas, es una práctica que suele darse entre líderes de opinión y estimula el intercambio de ideas desde el respeto. La práctica es moderada por los editores de opinión, quienes se ocupan de que el golpe no sea a la cara sino al argumento, evitando así una escena 'gore' en el 'ring'. Y los lectores gozan de estos intercambios de ideas, pues les permite formarse sus propias opiniones a raíz de un debate relevante e interesante. Estos debates desde diarios distintos —y entre columnistas de opinión— están en mora de difundirse más en nuestra prensa local.

Dentro de lo que tenemos ha habido intercambios interesantes, pero también desaciertos. El norte del respeto a veces se pierde y nos encontramos con personas que escriben muy bien, pero que quieren pasarse por la faja la decencia con el otro.

La reciente salida en falso de Fernando Vallejo —después de numerosas voces de alerta sobre sus peligrosas columnas que minimizaban el covid-19—, que lo llevó a insultar a Héctor Abad a través de su padre asesinado, es ejemplo de esa vileza que debe evitarse a toda costa en las páginas de opinión.

Todo empezó porque varios lectores y columnistas alertaron sobre la necesidad de que Vallejo no difundiera información falsa o pseudociencia sobre el coronavirus, pues ponía en riesgo de muerte a miles de personas. Esa norma sagrada del periodismo nos mueve también a abordar con mucha delicadeza el tema del suicidio, porque sabemos del efecto que puede ocasionar en los lectores. Y minimizar una pandemia equivale a glorificar el suicidio.

La respuesta de Vallejo, pues, fue insultar a Héctor Abad en términos que no repetiré por respeto, con la sevicia del que se sabe acorralado. Habría sido mejor que Vallejo le respondiera a Abad refutando sus opiniones, con altura y con claridad, en lugar de escupir en la memoria de su padre, el cual, además, no tiene absolutamente nada que ver en el debate que los convocó.

El insulto personal tiene más cabida en una calle oscura al lado de un garito de mala muerte, que en un espacio destinado para estimular el debate respetuoso y relevante. Porque también hay que tener en cuenta la relevancia, y creo que para nadie es relevante —en medio de una pandemia— que Vallejo quiera escupir en la lápida de un señor a cuyo hijo aborrece.

Ojalá siga Vallejo su camino de la ficción, que tan bien le queda, y nos siga deleitando con sus alucinadas narraciones en estas infinitas tardes de pandemia, y que deje el periodismo para los que buscan debatir con el otro con respeto, en lugar de intentar noquear al contendor con una dolorosa puñalada en la espalda.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE
En Twitter: @caidadelatorre

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