Se hace camino al andar

Se hace camino al andar

Romperemos las cadenas, poco a poco, porque si no abrimos camino nosotras, nunca nadie lo hará.

16 de septiembre 2019 , 12:48 a.m.

Un pedazo de carne, un objeto de su propiedad, un ser inferior. Los apelativos despectivos sobran. Y son, todos, referentes al 50 por ciento de la población mundial. El sexo débil, seres histéricos, sin control de sus emociones, imperfectos, baladíes.

Durante milenios hemos pasado de una civilización a otra, avanzando en el respeto por el otro, en la salud y la educación, pero nos hemos quedado estancados en esa mirada despectiva y sospechosa hacia la mujer. Ciudadana de segunda clase, no merece la atención de quienes hacen las leyes ni de quienes las administran. Importa más construir un medio de transporte, viajar a la Luna.

El estancamiento vergonzoso en materia de derechos de la mujer nos tiene en la sin salida de la disparidad salarial, del monopolio de la riqueza y del poder por parte de los hombres, de la absoluta vulnerabilidad cuando se transgreden las fronteras del cuerpo femenino. “¿Cómo nos reproducimos entonces si no podemos coquetearles, robarles un beso en un bar?”, se preguntan consternados algunos hombres al enterarse de que sus tácticas de cortejo son en realidad acoso. “¿No estarán exagerando estas mujercitas? ¿Será que se prepara un matriarcado donde todo lo que hagamos los hombres será castigado?”.

El mismo discurso construyó la élite blanca en Estados Unidos ante la abolición de la esclavitud. “¿Y ahora qué vamos a hacer? ¿Pagarles a nuestros esclavos? ¿Permitirles que vayan libres por la vida? ¡Horror!”. Defender hoy la esclavitud resulta una brutalidad, pero defender el acoso, disfrazado de “un besito” o de “una noche de tragos”, sigue siendo moneda común en nuestra sociedad.

Se nos ha endilgado a las mujeres la deconstrucción de un sistema establecido en torno al acoso, al abuso sexual y al maltrato y, en simultánea, las víctimas que denuncian a sus maltratadores se encuentran sin la menor protección estatal, cosa que las obliga a protegerse solas.

Mientras tanto, la sociedad patriarcal persiste, tan pancha, rumiando valores antediluvianos, sin hacer el menor esfuerzo por informarse y ponerse del lado de las mujeres. Por esto, está claro que el cambio no se dará solo y se tendrán que escribir los artículos que sean necesarios y se tendrán que interponer las denuncias que hagan falta. No se podrá desfallecer hasta que se logre romper esa brutal barrera que impide que una mujer pueda salir en la noche y volver sin que ningún hombre transgreda su cuerpo, sin que le comunique verbalmente sus deseos sexuales, y que pueda andar libre, por la vida, como antaño lo hicieran los millones de esclavos ante la mirada atónita de sus amos. Son millones de mujeres las que viven experiencias de maltrato, dependencia económica e indefensión similares a las de esos hombres y mujeres arrancados de sus poblados africanos. Romperemos las cadenas, poco a poco, porque si no abrimos camino nosotras, nunca nadie lo hará.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE
​En Twitter: @caidadelatorre

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