La igualdad como fruto prohibido

La igualdad como fruto prohibido

Influencia del catolicismo trunca libertad de la mujer. Pero en el mundo secular tampoco le va bien.

25 de octubre 2020 , 11:51 p. m.

Parirán con dolores. Así les dijeron a las mujeres desde que empezó a difundirse el libro fundacional del catolicismo. Pecadoras, culpables de todos los males del mundo, devoradoras del fruto prohibido. Desde el día uno de la existencia de los seres humanos, según la teoría creacionista de la Biblia, ya estaban metiendo en problemas al cándido Adán y a toda la prole que los sucedió. El miércoles 21 se reveló que el Papa había favorecido el matrimonio civil para las parejas gais, al ser ellos también “hijos de dios”. Tremenda generosidad no alcanza, empero, para la repudiada mujer. Todavía no se la considera digna de altos cargos dentro del catolicismo y su presencia en tal religión todavía se limita al papel de virgen, esposa, prostituta o monja. Todavía enseñan en los púlpitos que la esposa debe ser sumisa y debe dedicar su vida a traer más seres humanos al mundo y a enfrentar la triple jornada laboral que acarrearía el ser madre, esposa y profesional.

En el mundo secular tampoco le va tan bien. La oleada hiperconservadora que ha traído Trump a Estados Unidos ha truncado el progreso de las libertades sexuales y reproductivas, dificultando el acceso a abortos seguros e impidiendo que mujeres indocumentadas denuncien a sus maltratadores por temor a ser deportadas. Por no hablar de los cientos de madres que fueron separadas de sus hijos en la frontera y a los que tal vez nunca volverán a ver.

En el sur del continente americano, la situación no pinta mejor. En países como Colombia, los índices de violencia doméstica siguen por las nubes, ante la mirada displicente de los medios y de las autoridades. El aborto está despenalizado solo en tres casos y no parece haber visos de una legalización total. Por otra parte, los matrimonios por vía católica siguen poniendo trabas para que una mujer pueda divorciarse de forma unilateral y no tenga que probar que se trata de alguno de los casos aceptados por el Santo Oficio —en caso de que la unión fuera por la Iglesia—.

La aplastante influencia del catolicismo, como vemos, sigue truncando las libertades de las mujeres, perpetuando el ideal anacrónico de la buena esposa, sumisa y sonriente, sospechosa por 'default' de los más horrendos delitos.

Pero si en la Iglesia y el Estado llueve, en los liderazgos políticos no escampa. En el partido de derecha Centro Democrático y en movimientos de izquierda como Colombia Humana se ha hecho caso omiso a dolorosas denuncias de acoso y abuso sexual a mujeres por parte de líderes de esas colectividades. Por mencionar dos casos, al izquierdista Hollman Morris se lo denunció por acto sexual violento y su jefe político, Gustavo Petro, hizo caso omiso al hecho —y a que otras mujeres lo acusaron también de acoso sexual— apoyándolo como candidato a la alcaldía de Bogotá. Al final, Morris perdió las elecciones. Y Colombia Humana perdió el apoyo y respeto de las mujeres que los seguían.

Por su parte, y sin sorpresa, el hiperconservador Centro Democrático es antiaborto declarado y defensor de las restricciones contra la mujer que enarbola la Iglesia católica.

Aunque sea este el siglo XXI, el panorama no parece mejor que a finales del siglo pasado. Ha empeorado, incluso, por una pandemia desbocada que ha obligado a un porcentaje importante de mujeres a abandonar sus carreras para asumir la crianza de sus hijos. Los años pasan y es modesto el avance en materia de derechos para la mujer.

El posible triunfo de Donald Trump no haría sino apretar más la cuerda en los cuellos de las mujeres, no solo en Estados Unidos, sino en los países de Latinoamérica dirigidos por derechistas como Iván Duque o Jair Bolsonaro. Las políticas impuestas en la tierra del Tío Sam tienen repercusiones inmediatas en el centro y sur del continente americano. Ojalá se logre neutralizar la influencia del misógino declarado Donald Trump para atajar esa oleada hiperconservadora y se pueda proseguir con la protección de los derechos sexuales, reproductivos, de representatividad política, y laborales de la mujer.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE
En Twitter: @caidadelatorre

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