Francotiradores contra los refugiados

Francotiradores contra los refugiados

La mayor amenaza contra los estadounidenses no son los inmigrantes, es interna.

02 de noviembre 2018 , 11:25 p.m.

La joven salió de la casa con la nariz reventada y los labios untados de sangre. No sentía dolor, sino una necesidad imperiosa de correr, así afuera estuviera lloviendo. Su pareja la había golpeado cuando ella intentó acabar con la relación. Corrió por las calles como una autómata hasta que se hizo de noche. Por fin llegó a la casa de su hermana. Sabía que tendría hasta la mañana para desaparecer. Era eso o morir a manos del hombre con el que había vivido maltratos durante diez años de su vida. Aguantó cuanto pudo, por sus hijos, pero ya no podía resistir una golpiza más.

Supo que tendría que irse de su pueblo y emigrar lo más lejos posible para que los tentáculos del hombre no pudieran alcanzarla. Pasó la noche en vela. Al día siguiente, tomó un autobús que la dejaría en la frontera, y desde allí buscó una ruta del tren que la llevara a través de México hasta Estados Unidos. Tan pronto estuviera a salvo, intentaría que sus hijos se reunieran con ella.

Pasó días enteros de incertidumbre, mendigando un trozo de pan, llorando en silencio durante su viaje lejos de Guatemala. Cuando por fin llegó a la frontera y pasó la barda hacia el lado estadounidense, se sintió a salvo. El hambre le nublaba el pensamiento, pero decidió seguir hasta encontrar a alguien que la ayudara. Uno de los guardias voluntarios de la frontera denominado ‘minuteman’ la abordó y le dijo: “Tu es illegal, yo llamo al border patrol para que deportation a tu país”. Estos hombres se especializan en patrullar la frontera y delatar a los indocumentados que cruzan sin papeles.

La mujer, a pesar del llanto y las súplicas, terminó siendo capturada y, al día siguiente, devuelta a casa. Su excompañero sentimental la encontró y, en breve, la asesinó. El caso de Marina se multiplica por cientos, y la mal llamada ‘caravana’ que hoy cruza México hacia la frontera con Estados Unidos está conformada por gente pobre, con hambre, desesperada, por mujeres que —como ella— huyen de una muerte segura y hombres cuya vida peligra por la violencia de las pandillas.

La respuesta del presidente estadounidense ha desatado la preocupación de organizaciones de DD. HH. por la peligrosa estigmatización contra estos refugiados. Donald Trump ha afirmado que la ‘caravana’ lleva a EE. UU. enfermedades contagiosas como lepra, viruela y tuberculosis, que hay gente muy mala y que serán recibidos por cinco mil soldados en la frontera. El que lance una piedra, recibirá un disparo del ejército estadounidense, advirtió el primer mandatario.

Esto, sumado al video xenófobo que compartió en su cuenta de Twitter en el que afirma que un convicto mexicano pudo quedarse en EE. UU. gracias a los demócratas (lo cual no es cierto), hace parte de un discurso de odio que, como ya hemos visto, intensifica un peligroso clima de violencia.

No es un secreto —y así lo han reportado medios como ‘The New York Times’ e incluso Fox News— que la retórica racista y antiinmigrantes por parte del líder de la Casa Blanca, sirve como una especie de carta blanca para grupos extremistas neonazis que cometen atentados como el envío de bombas a opositores de Trump o la masacre cometida en la sinagoga de Squirrel Hill el sábado 27 de octubre.

La gran amenaza contra los estadounidenses no son los musulmanes ni los salvadoreños, hondureños, guatemaltecos o mexicanos que cruzan la frontera sin documentos. La mayor amenaza es interna, y la protagonizan hombres blancos nacidos y criados en territorio estadounidense. Hasta tanto no se redireccione el discurso y se siga atacando a mujeres, ancianos, hombres y niños que buscan refugio en EE. UU., en lugar de aplacar la fuerza de los neonazis locales, veremos más ataques xenofóbicos, racistas, antisemitas, más insultos contra afroamericanos y latinoamericanos. Veremos también a mujeres, como Marina, morir de un tiro en la sien en la frontera, por orden del presidente que debió haberles ofrecido protección.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE@caidadelatorre

MÁS COLUMNAS

Columnistas

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.