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El pacto prehistórico

El pacto prehistórico

Es una irresponsabilidad ignorar el clamor de un pueblo por el bienestar de un aliado político.

02 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

Con un disparo metafórico en el pie. Así empezó la caída libre del líder de la Colombia Humana, Gustavo Petro. No han sido años fáciles para los que creyeron que era lo ‘menos malo’ que ofrecía el zoológico de la política colombiana. En primer lugar, optó por ofrecerle un cuestionado respaldo a Hollman Morris, y eligió desoír lo dicho por denunciantes, entre las que me incluyo, que acusaron a Morris –y lo denunciaron– por acoso sexual, violencia económica, entre otros delitos. Con ese paso en falso, Petro dejó en claro que en su organigrama no había cabida para el 50 por ciento de la población marginalizada, maltratada y silenciada: las mujeres.

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No contento con este retroceso en su propia bandera por los menos favorecidos, esta semana decide apoyar a Luis Pérez, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, a pesar de ser Pérez acérrimo defensor de la Operación Orión, en la que ejército y paramilitares cometieron violaciones documentadas de los derechos humanos en la comuna 13 de Medellín.

Ciertamente, es deber reconocer el temple y valentía de Petro a lo largo de su carrera política, en la que ha probado que su desliz como miembro de un grupo guerrillero no lo invalidó como líder de izquierda en Colombia. Lo enigmático han sido sus intentos sistemáticos de autosabotaje, justo en un momento en que punteaba en las encuestas.

Será, tal vez, el imperativo de alcanzar el solio de Bolívar a como dé lugar, sacrificando incluso valores que siempre han sido parte de su bandera política, como un rechazo inquebrantable a políticos asociados con violaciones de los derechos humanos o que justifiquen de alguna manera el accionar paramilitar. ¿Será este su motivo ulterior?

Es, sin duda, la caída de un ídolo que parecía sólido, pero cuyo propio afán de ser presidente lo convirtió en un endeble muñeco de papel.

Desoír a las lideresas de su propio movimiento, en el momento en que su alfil, Morris, fue acusado de violencia sexual y doméstica, fue tan solo el principio del fin. Perdió una oportunidad de oro de respaldar a las mujeres víctimas de violencia sexual. Dio prioridad, de eso no hay duda, a su amistad con el acusado, craso error que no puede cometer un líder elegido por el pueblo y que debe responderle al pueblo con integridad y no con favoritismos.

No sabremos en qué acabará este declive irreversible alimentado por esos dos pasos en falso, pero sí queda la moraleja de que nunca pueden ponerse las manos en el fuego por un político. También, que es imperativo fiscalizar no solo a los políticos de orillas ideológicas distintas a la nuestra sino a los que nos representan. No es poco lo que está en juego y es una irresponsabilidad ignorar el clamor de un pueblo por el bienestar de un aliado político. Es hora de que las lideresas que han logrado reconocimiento y apoyo político, como Francia Márquez, Ángela María Robledo, entre otras, obtengan el poder político que se merecen, por su arduo trabajo y por su transparencia y sentido ético inquebrantable. El futuro de Colombia tiene, desde hoy, nombre de mujer.

MARÍA A. GARCÍA DE LA TORRE
@caidadelatorre

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