Mi cuerpo V, VI...

Mi cuerpo V, VI...

Si queremos mirar las ‘perforaciones’ de una cultura, no hay que ir muy lejos. En el cuerpo están.

09 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

En un cuento de Kaf-ka, titulado En la colonia penitenciaria, la palabra que más se repite en la narración es ‘aparato’ (cada vez que la veía, la encerraba en un círculo). Lo que más me llamó la atención es la descripción detallada del mecanismo de una máquina de tortura (el aparato) que opera un oficial del ejército, quien, muy orgulloso, explica su funcionamiento a un explorador que ha llegado a aquella estación militar, invitado por el comandante, para presenciar una ejecución.

Lo que hace el aparato es inscribir sobre el cuerpo del condenado –que debe estar acostado, amarrado y amordazado– el texto de su sentencia, mediante una batería de agujas que cada vez penetran más profundo hasta que el reo se desangra y muere.

Me hizo pensar en el aparato en que se constituyen las culturas, y la forma como estas dejan impreso en los cuerpos un tratado muy erudito cuyo contenido es difícil de descifrar cuando el nuestro es el objeto del examen. Solo sentimos el impacto y las cuñas que trazan las agujas, pero no podemos leer el mensaje con distancia porque estamos maniatados. En el cuento de Kafka se habla de las letras con que la siniestra máquina escribe sobre la piel: “No es justamente caligrafía para escolares. Hay que estudiarlo largamente”, dice el oficial. De igual forma, la intrincada diversidad de tradiciones, accidentes, leyes y prejuicios que se transcriben en la manera como percibimos nuestro cuerpo no conforman un documento legible hasta que nos atrevemos a narrar una historia consciente sobre él. Si queremos mirar las ‘perforaciones’ de una cultura, no hay que ir muy lejos. En nuestro cuerpo relatado podemos reconocer cicatrices elocuentes. Es el cuerpo el que piensa y nos piensa.

Al escribir los ‘Mi cuerpo’ me he dado cuenta de que nunca acabaría. El cuerpo es infinito. Una lectora me dijo que ella sabía para dónde iba la secuencia. Yo, en cambio, no tengo la menor idea. Me siento ante el computador y me pregunto: ¿qué cuerpo voy a contar ahora? ¿El cuerpo-producto? ¿El cuerpo-diseño? ¿El cuerpo amado? ¿El cuerpo-desierto?

En esos predicados está su infinitud y la de cualquier cosa perceptible o imaginable. El cuerpo, por lo que he descubierto con esta serie, es, en mucho, literatura. Tengo curiosidad de leer más porque yo misma me asombro con lo que me voy revelando. El cuerpo como un histórico acontecimiento: ¡fascinante!

Margarita Rosa de Francisco

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