Himnos

Himnos

La Tierra no es un planeta de todos, es una propiedad de algunos.

04 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

¡Oh, patria!, los hijos del suelo vertieron su sangre por ti. / Dios miró y aceptó el holocausto y esa sangre fue germen fecundo. / Retiemble en sus centros la tierra al sonoro rugir del cañón. / Tu eterno destino por el dedo de Dios se escribió. / El sangriento estandarte se ha elevado. / Una sangre impura abruma vuestros surcos. / Ya el prócer alumbró la senda, alzó a los pueblos por la recta empresa. / Que la victoria acuda a sus varoniles acentos y sostenga nuestros brazos vengadores. / ¡Florece, Patria! Coronados de gloria vivamos o juremos con gloria morir. / La sangre nuestra, la sangre del enemigo bebió. / El rojo fulgor de cohetes, las bombas estallando en el aire / la horda arrogante del enemigo en pavoroso silencio reposa/ Oh, Señor, nuestro Dios, levántate, dispersa a los enemigos y haz que caigan; confunde sus políticas y frustra sus ardidos trucos. / Soldados sin coraza ganaron la victoria, su varonil aliento de escudo les sirvió. / Oh, Patria, de sangre y llanto un río se mira allí correr. / ¡Oh, Virgen, que arrancas tus cabellos en agonía, / ¡haz justicia sobre la tierra de los libres!

El anterior poema es una colcha de frases de himnos de varias naciones del mundo que, en últimas, aunque haya algunos de mejor calidad que otros, no son más que uno solo:

Patria = sangre. Armas. Guerra. Venganza. Xenofobia. Dios Padre Alcahueta de las Masacres en Honor a la Muerte. Muera el Otro para que yo viva. Odio al Otro porque no es como yo. El Otro es el enemigo, odiémoslo mal, odiemos todos unidos. Estemos dispuestos a morir por nuestro divino odio. Seamos ese macho joven, fuerte y bien dotado que lo defiende. Él es nosotros: los mejores. La Tierra no es un planeta de todos, es una propiedad de algunos, y ella obedece, como toda hembra sometida, a los designios iracundos del Padre. Dios y la Virgen, los ‘Bonnie and Clyde’ del cielo, son nuestros aliados justicieros; ellos nos ayudan a violentar a otros pueblos que a su vez nos odian; el Otro es un virus que hay que exterminar. ¡Que viva el amor (odio) y la inmunología, signo sagrado de libertad! Falos, vergas que amenazan, se yerguen, violan y estallan en ríos de sangre. Nosotros, su pueblo, el Hijo sumiso del Padre y de la Madre abierta y herida, cantamos enardecidos a la encantadora barbarie con los ojos vendados. Alcemos la voz de este odio infinito, extremo y santo. ¡Respetemos los símbolos patrios, carajo!

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