Filosofía en la Unad

Filosofía en la Unad

Espero poder entrarles a mis amados titanes con los recursos que ofrece la academia.

14 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

"¿Que cuáles son las drogas duras que me gustan? Nieztsche, Heidegger, Derrida. Pura sicodelia”. En ese trino que publiqué hace poco, me parecí muy pretenciosa, y me hubiera gustado borrarlo, pero solo borro trinos cuando cometo errores de ortografía. Si la frase es desafortunada por su contenido, asumo la responsabilidad de mi desvarío y aguanto el chaparrón de críticas ‘como todo un varón’. Supongo que alguna ética hay que tener, incluso en Twitter.

La frase tuvo que ver con una anterior en la que trataba de provocar a quienes me insisten en que me gusta fumar marihuana, que en realidad detesto. “Lo mío son las drogas duras”, les contesté. Incapaz de sostener la provocación por temor a que algunos no entendieran el sarcasmo (fíjense lo mucho que me preocupa todavía mi reputación), me aventuré a crear una metáfora, usando los nombres de aquellos titanes de la Filosofía que, más bien por estarlos mal-leyendo, me ponen a viajar en un infinito de preguntas.

Encontrar pensadores que atraviesan ese asombro y, como hábiles artesanos, elaboran todo un sistema de conceptos para comprender el mundo es una gran noticia para mí

Es extraño, pero hay textos que me gustan y no necesariamente entiendo, como me pasa cuando leo a estos señores. Lo que suena pretencioso de mi frase alusiva a ellos es sugerir que doy la talla para acceder a sus sofisticados planteamientos, y la verdad es que no.

Vine a este mundo con muchas inquietudes filosóficas. Desde que fui consciente de estar viva he andado como un ánima en pena dentro de mí misma, aterrada con eso. Encontrar pensadores que atraviesan ese asombro y, como hábiles artesanos, elaboran todo un sistema de conceptos para comprender el mundo es una gran noticia para mí. Pero una mejor fue darme cuenta de que podía darles un orden a mis lecturas erráticas comenzando por el principio, es decir, estudiando a los primeros maestros y sus escuelas de pensamiento con un método adecuado y el debido detenimiento. Por eso decidí matricularme en el pregrado de Filosofía en la Unad (Universidad Nacional a Distancia), gran alternativa de educación pública para quienes no siempre podemos asistir a clases personalmente. De la mano de mis compañeros y bajo la preciosa guía de mis profesores, espero poder entrarles a mis amados titanes con los recursos que ofrece la academia y el respeto (o el irrespeto) que se merecen, para así sufrirlos y gozarlos con más intensidad.

Mi meta, más que el título, es ser alumna –mi estatus favorito– y, ojalá, quedarme ahí para siempre.

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